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La economía urgente

Dar de alta a la niñera

Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo
Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de TrabajoBorja Sánchez-TrilloEFE
Actualizado

Año 2018. María (consultora) y Juan (periodista) tienen dos niños pequeños y una niñera contratada y dada de alta en la Seguridad Social que va cuatro horas diarias a su casa de lunes a viernes para ir a buscar a los pequeños al colegio, darles la merienda y recoger un poco. Es una de las 400.000 afiliaciones -no empleadas, ya que las que trabajan en más de una casa computan dos veces- que formaban parte entonces del Sistema Especial de Empleadas del Hogar, y en el que hoy apenas quedan 340.000.

Resulta curioso que en un contexto de crecimiento económico y del empleo, con cada vez más hogares con todos sus miembros trabajando y, por tanto, menos tiempo para las labores domésticas, baje en el país el número de empleadas del hogar. De hecho, hay razones para sospechar que tal descenso no se ha producido, sólo que buena parte de ellas han pasado a estar en la economía sumergida: sin protección social, sin derechos y sin tener un sueldo mínimo garantizado.

El trasvase de este colectivo al mercado negro se ha producido a medida que se ha encarecido su contratación. Hay que tener en cuenta que mientras en los últimos siete años a María, por ejemplo, le han subido el sueldo conforme a la inflación, mientras que Juan sigue con él congelado desde entonces, el Salario Mínimo Interprofesional que cobra su niñera se ha incrementado un 61%.

A este incremento se suma que las cotizaciones sociales que hay que abonar a la Seguridad Social por tener una empleada del hogar dada de alta han subido con motivo de la reforma de las pensiones, con lo que el coste de contratación ha crecido considerablemente. La niñera del ejemplo ha pasado de cobrar 500 a 750 euros al mes por esas cuatro horas diarias de trabajo y le costaría además 180 euros adicionales a María y Juan en concepto de cotizaciones.

Ya en 2019, después de que el Gobierno en solitario de Pedro Sánchez elevara el Salario Mínimo un 22% de una tacada, el entonces secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado, advirtió de que la medida tendría efectos como este. Nadie le escuchó. Seis años después, las afiliaciones no paran de caer y las medidas aprobadas, lejos de proteger a las empleadas del hogar, han perjudicado a muchas. La pregunta es si el Gobierno tendrá en cuenta estos daños colaterales cuando vuelva a subir el Salario Mínimo en 2026. Yo apostaría a que no.