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Ciudad abierta

Hamas no es (solo) un grupo terrorista

El vacío de poder actual favorece la capacidad del grupo para reorganizarse y hasta reciclarse

Presos palestinos liberados empuñan rifles al llegar a Gaza.
Presos palestinos liberados empuñan rifles al llegar a Gaza.Abdel Kareem HanaAP
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Cuando Gaza despertó de la pesadilla, Hamas seguía allí. Los enfrentamientos de estos días recuerdan que, de todos los elementos del proceso de paz auspiciado por Trump, el más incierto es el que implica la desaparición de Hamas. Porque este es mucho más que un grupo terrorista. Desde que se hiciera con el control de la Franja de Gaza en 2007, emplear ese término para definir a Hamas parece haber respondido a un impulso moral -denunciar su uso de la violencia- en vez de a un intento serio de describir su naturaleza. Un grupo terrorista suele disputar el control de un territorio a las autoridades constituidas; Hamas, por el contrario, lleva 18 años siendo la principal autoridad en Gaza, y gestionando todo lo que va desde la administración civil hasta los tribunales y las fuerzas del orden. Si queremos trazar una comparación imperfecta, pero quizá ilustrativa, sería como si Herri Batasuna y ETA hubieran controlado conjuntamente todas las instituciones del País Vasco durante casi 20 años.

Volver sobre la naturaleza de Hamas supone un cierto reajuste en los debates acerca de Gaza. En un principio, el grueso de la opinión pública occidental vio en el 7 de octubre y la ofensiva posterior un conflicto entre Israel y Hamas. Después, el sufrimiento de la población palestina hizo que se fuera percibiendo como un conflicto entre Israel y los civiles de Gaza. Ahora, sin embargo, Hamas vuelve a estar en el centro de los debates sobre la paz, y vuelve a ser necesario plantearse qué posibilidades reales hay de que desaparezca. A menudo, cuando surge este asunto se señala el apoyo popular que tuvo, o que todavía tiene, o que puede volver a tener; pero ni siquiera es necesario entrar en esa cuestión. Lo fundamental es que un grupo que ha ejercido este nivel de control sobre un territorio y su sociedad no desaparece de allí de la noche a la mañana. Y si bien estos dos años de guerra han diezmado sus recursos, está claro que el vacío de poder actual favorece su capacidad de reorganizarse y hasta de reciclarse. Claro que los otros actores del proceso de paz, desde los mediadores internacionales hasta la Autoridad Palestina y el propio Gobierno israelí, son perfectamente conscientes de todo esto. Otra cosa es que tengan soluciones creíbles para lidiar con ello.