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Café Steiner

A inmigrante revuelto, ganancia de radicales

La Constitución del 78 establece un conjunto de principios y valores incompatibles con esa genética atávica mostrada en Torrepacheco

Concentración para frenar la escalada de odio en Torre Pacheco.
Concentración para frenar la escalada de odio en Torre Pacheco.Sergio PérezEFE
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Cada vez que tiene la oportunidad, la extrema derecha que habita en las redes sociales viraliza cualquier episodio de violencia o disturbios protagonizados por inmigrantes atacando a policías o guardias civiles. El objetivo es denigrar a esos colectivos, presentándolos como indignos de vivir entre los (supuestamente) pacíficos y "normales" españoles, y así asociar inmigración y delincuencia para estigmatizar a los no nacidos en España. Pero, ahora, en Torre Pacheco, estos orgullosos patriotas españoles, supuestos amantes de la ley y el orden, hartos del caos y la delincuencia, se presentan ante la ciudadanía como una turba de violentos. Sin esperar a que la policía —que, de hecho, ya ha actuado— haga su trabajo, reclaman tomarse la justicia por su mano e incendian la convivencia llamando a "cazar" a personas solo por su etnia o procedencia. Recordemos que Samuel Luiz, español de origen brasileño, fue asesinado a golpes por españoles al grito de "maricón", sin que se recuerde ningún llamamiento a cazar homófobos ni se vinculara españolidad y delincuencia.

Piensan los cuadros de Vox que azuzar estos hechos —ya sea respaldando directamente a los linchadores o negándose a condenarlos— les proporcionará réditos electorales. No sabemos si lo logrará o no. Lo que sí deberíamos saber es que, si así fuera, ese hipotético aumento de votos y escaños no debería acercarlo ni un milímetro al poder. Por mucho que se proclame constitucionalista, Vox está políticamente en las antípodas de la Constitución. La Constitución del 78 no proclama solo la unidad de España: establece un conjunto de principios y valores incompatibles con esa genética atávica mostrada en Torre Pacheco en la que se amalgaman los prejuicios, el odio, la disposición a la violencia y un nacionalismo de base tribal y etnicista tan pobre como el que se empeñan en denunciar en aquellos a los que combaten.

La oferta que ha hecho el PSOE de Murcia al PP de apoyar sus presupuestos sin contrapartidas es, por desgracia, una excepción que ojalá fuera la norma, como lo es en Alemania o Francia. Pero hace tiempo que, en España, tanto PP como PSOE rechazaron pactar para imponer cordones sanitarios a los partidos que viven fuera o en contra de la Constitución, prefiriendo depender de ellos antes que uno del otro.