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El último escaño

La fuerza militar, a veces, es necesaria

Si Putin va a ganar la guerra en Ucrania es por la pasividad europea y la traición de Trump

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PutinGavriil GrigorovAP
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La escenita del chico rebelde, afligido y pacifista que montó Sánchez en la cumbre de la OTAN, negándose a asumir el aumento del gasto militar de España, pero callando como una sobrina delante de Trump, fue un acierto electoral, porque su actitud empatiza con una sociedad española instalada en un cómodo aislacionismo mental: una España que se cree al margen del curso de la historia, convencida de que podrá vivir eternamente en una idílica (pero inmoral) neutralidad. Una Suiza mediterránea.

Con esta pretensión periférica, contraria a siglos de historia en los que España fue protagonista y autora, intenta conectar el pacifismo sanchista, contribuyendo al autoengaño colectivo y a la incapacidad para asumir conclusiones como que el uso de la violencia por parte del Estado es, a veces, necesario. Un ejemplo es la estrategia militar de Netanyahu, quien, más allá de su criminal desprecio por la vida de los civiles palestinos, ha demostrado que contar con un ejército tecnológicamente preparado y dispuesto a utilizar la fuerza puede ser decisivo.

Hay motivos, insisto, para detestar al primer ministro israelí, pero, como ha apuntado David Brooks en The New York Times, su estrategia de defensa funcionó: ha debilitado la telaraña militar de Irán al diezmar a Hamas en Gaza, a Hezbolá en Líbano y al régimen iraní con bombardeos quirúrgicos. Sin esas acciones militares, a las que se sumó el ataque de Estados Unidos a instalaciones nucleares, la situación de Israel y Occidente sería hoy mucho más insegura.

No es este un canto al belicismo, más bien la constatación de que un país con un ejército moderno puede utilizar legítimamente la fuerza para mejorar su posición geoestratégica. Como antítesis al acierto israelí, la pasividad de la UE y de EEUU respecto a Ucrania, donde Putin está ganando la guerra por la cobardía de los aliados europeos y la traición de Trump han permitido que siga con su terrorismo de Estado, arrasando núcleos urbanos y civiles hasta lograr que Ucrania colapse.

La OTAN dispone de la superioridad militar necesaria para acabar con la invasión rusa en tres días, pero prefirió una política de contemplación y disuasión que, lejos de evitar la guerra, está facilitando la victoria de Putin. Y si Ucrania es derrotada, el escenario bélico será mucho más devastador. Hace tres años, Occidente no se atrevió a usar la fuerza selectiva contra el Kremlin, en nombre del diálogo y el apaciguamiento; hoy teme que, si cae Kiev, la guerra abierta con Rusia sea ya inevitable.