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Carne de cañón

No hay niños en Zalacaín, ni siquiera con padristas como Musk

Vance se ha ido a ver a Modi con sus niños y Musk se llevaba a su hijo al despacho oval. Dicen que es una demostración del pronatalismo de Trump hasta en Hungría nacen cada año menos niños

No hay niños en Zalacaín, ni siquiera con padristas como Musk
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Antes, salir a cenar no requería una planificación previa. Bastaba con un "Buenas noches, ¿hay mesa?". Y si la había, los padres se arreglaban y se largaban al restaurante. No era extraño que los niños les acompañaran. A una amiga mía, que se metía a gatear debajo de la mesa de Zalacaín, ...su madre le daba con el bolso en la cabeza para que no se asomara y molestara. Lo cierto es que, desde que se prohibieron el cachete y el bolsazo, apenas se ven niños pequeños en los restaurantes buenos.

La edad nunca fue un impedimento para que los niños alternaran con la gente mayor. Es enriquecedor y hace que los niños adquieran cierta compostura, educación y sacrificio. Se les obliga a escuchar y aprender si la conversación es interesante, y a aguantar si al final resulta un coñazo. Los progenitores se tomaban la paternidad de otra manera. Ahora a los niños casi se les hace tan infantiles como a los adultos.

¿Le gusta comer y beber? ¿La política? ¿Ligar? ¿Los perros? ¿Los gatos? ¿El picante? ¿El dulce? ¿La ópera? ¿Los toros...? Da igual lo que les vaya. Cualquier afición —excepto las castigadas por el Código Penal— es respetable. Salvo que se convierta en una identidad. ¡El identitarismo! Estarán de acuerdo: hay pocas cosas tan cargantes como el taurino de pro, el follador que presume de serlo, el comilón que se llama a sí mismo foodie, esa gente que te dice que no puede comer sin picante, vivir sin sol... O los que sueltan lo de «el piriodismo»... Ágata Lys en Los santos inocentes diciendo: «Adooooro la música».

Ahora pasa un poco lo mismo con ser padre. Se ha profesionalizado exponer la paternidad/maternidad. El pasado lunes, J. D. Vance y su mujer, Usha, se presentaron en Nueva Delhi con sus tres hijos para reunirse con el primer ministro Modi. Puede que los niños solo estuvieran presentes en las fotos que se difundieron en los medios, pero el gesto del vicepresidente y la segunda dama de EEUU coincide con el de Elon Musk con el político indio en Washington. En aquella ocasión, el dueño de Tesla se llevó a tres de sus 14 hijos. Y también se vio a X Æ A-12, su benjamín, en una rueda de prensa de Trump en el Despacho Oval. No fue la única ocasión: en marzo su padre se lo llevó a la Casa Blanca para enseñar sus coches.

Contraponen en los medios la exposición de los niños de Vance con la de los de Musk: si en el primer caso el vicepresidente reserva las apariciones de sus hijos para ocasiones especiales (su mujer es de origen indio), Musk parece haber hecho de enseñar a su hijo un acto político.

No se trata de nada nuevo. Recuerden el mensaje de Carmencita Franco para felicitar la Navidad a los niños alemanes; a Kim Jong-un con su hija Kim Ju-ae (este nombre parece escogido por Musk)... Pero también, en democracia, a los Suárez y a los González, muchas veces a regañadientes de la prole. Un caso distinto es el de Yolanda Díaz con su hija, a la que a veces pone de secundaria en sus metáforas políticas. Sánchez solo es padre de palabra y vocación; de momento, únicamente ha profesionalizado ser un hombre enamorado. Así lo dijo hace un año en la misiva en la que contó que se tomaba unos días para pensar si se retiraba o no.

Se dice que los gestos de Vance y Musk son una muestra de los esfuerzos natalistas que hará la administración Trump para contrarrestar el descenso de nacimientos en 2023 y 2024, el nivel más bajo desde 1979. Ya han dicho que darán un bono por bebé a las madres de 4.400 euros. No parece mucho, considerando los 2.500 euros que daba Zapatero en 2007. Las ayudas no parecen propiciar el repunte. Las medidas pronatalistas de Orban (subvenciones, exenciones fiscales) no han evitado que Hungría haya pasado de tener 9,1 nacimientos por cada mil habitantes a 8,1. En la Rusia de Putin la tasa fue de 8,4, y en la China de Xi, 6,77. Nadie sabe, en realidad, por qué no se quiere tener hijos (y evitar el reemplazo demográfico no parece suficientemente motivador para muchos).

Quizás habría que volver a dejarles meterse debajo de la mesa de Zalacaín.