Veo estos vídeos de inteligencia artificial con los que experimenta el PP como si manejase su primer juguete erótico y ni me quiero enterar de quién los crea, pero me hacen recordar que al partido siempre se le ha achacado ser víctima de sus complejos. Al parecer, la crítica se refiere a las ideas con las que combate en sus márgenes, lo que quiere decir que el PP estaría demasiado centrado como para dejarse arrastrar por la extrema derecha fuera de los límites de la democracia y, a la izquierda, nunca podría ir más allá del muro de la niña de Rajoy (es decir, la defensa de valores de una especie de Lisa Simpson que, pese a sus ideales e ironía socrática, fuera una niña bien, la 54ª hija de Musk, por ejemplo). Así lo resume José Luis Garci: «Creo que el complejo de inferioridad de la derecha ante el planeta progre y el complejo de superioridad moral de la izquierda nacen en la Revolución francesa. Se supone que la izquierda es como más humanística. Esto implicaría que «Las meninas es de derechas -la vida palaciega- y Los fusilamientos de Goya, de izquierdas».
Bien. No creo que el PP tenga un problema fundamental con sus ideas, que, desgraciadamente, se refinan al ritmo de tango de sus votantes menos caribeños. Pero sí sufre muchísimo para bombearlas. He intentado buscar el origen de cuándo se jodió todo, de en qué momento a la derecha española le interesó más ser un partido enchufado a la cultura pop que a la cultura popular. En qué circuito se peló el cable que trataba de unir tradición y modernidad sin proscribir el usted, es decir, sin cargarse la educación, el escenario, las normas. En qué instante decisivo tuvo a bien elegir que, en lugar de trascender las pobrezas de su tiempo, debía adueñarse de ellas para combatir en igualdad de oportunidades con los trolls de internet. En qué neurona, y acabo, explotó la genialidad de que quitarse los complejos ideológicos pasaba por aprender a hacer el subnormal con la IA.
Y recordé una entrevista a Esperanza Aguirre en la que le preguntaban por la creación de la cuenta de Twitter de Pecas. Pecas era su perro. «Aquello fue extraordinariamente positivo», dijo sobre la idea, copyright de una joven Ayuso para la campaña electoral. Pecas se definía, ¡y así tuiteaba!, como incontrolable, liberal, seductor. Tres adjetivos que bien podrían ser las señas de identidad de MAR, pero no sé yo si de un partido que aspira a la estabilidad, al orden, al sentidiño.
Garci, por cierto, añadía una coda sobre Las meninas y Los fusilamientos: «¡Es imposible elegir! ¿Por qué no se puede entender eso?».
Cuánto echo de menos una oposición fea, fuerte y formal, por dios santo.


