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Los 40 y tantos golpes

Por qué Milei debería explotar su gran logro político y no entrar en el club del populismo de derechas

Su aparición en The Economist es mucho más importante de lo que parece. Tratar al votante como a un adulto es lo más revolucionario en política desde hace tiempo. El presidente argentino se equivoca al alinearse todo el tiempo con los líderes de extrema derecha

Javier Milei, en un mitin en Brasil.
Javier Milei, en un mitin en Brasil.AP
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Hubo quien cifró el éxito de The Economist en una máxima del periodismo inglés: «Simplifica y exagera», lo que hay que reconocer que cuando se ve a Javier Milei es lo primero que uno piensa. La portada de la semana pasada de esta publicación nacida del sustrato intelectual de Adam Smith fue dedicada al presidente argentino, lo que tiene un significado mucho más importante de lo que parece.

Para empezar, esta portada es una victoria ideológica, inimaginable hasta hace muy poco, en un tiempo donde hay muchas guerras culturales, pero poco contenido del mundo de las ideas. Los liberales libertarios antes de Milei interesaban a cuatro y como fuerza electoral o no existían o eran, como mucho, un sparring con resaca.

De Milei lo fascinante no son su lengua ácida y su pelo de gato erizado, ni tan siquiera sus recetas económicas para recortar el gasto público. Lo que de verdad llama mi atención es que haya introducido una estrategia política que no tenía precedentes: tratar al votante como a un adulto.

No me refiero al valor ético de esta consigna, sino a su potencial electoral: la sinceridad, contra lo que siempre se ha dicho, en ocasiones da votos. A él se los ha dado. Y respaldo. El tiempo dirá si este camino tiene también recorrido en países que no viven una situación económica tan difícil como la argentina.

Esta estrategia de electroshock y comunicación es interesante. En el mundo de los bulos puede que la verdad tenga un valor antes desconocido. Milei, guste o no, está haciendo lo que dijo que iba a hacer. Puede que sea el primer populista que no haya engañado al pueblo.

Pero ¿es entonces Milei un populista? Ideológicamente no debería serlo, pero está claro que quiere serlo.

Hace seis meses le pregunté por este tema a Deirdre McCloskey, la brillante historiadora y economista liberal estadounidense. Ella comentó que Milei estaba gobernando un país «que lleva 90 años de socialismo y que está más regulado que Corea del Norte» y que eran injustas las críticas al liberalismo cuando apenas llevaba seis meses en el poder. Sin embargo, añadió algo que le disgustaba del argentino y que puede ser clave en su recorrido histórico: su gusto por aparecer en foros junto con líderes populistas de extrema derecha.

«Es un error gravísimo por su parte», dijo McCloskey. «Los liberales no estamos a la derecha ni a la izquierda, estamos en la copa de un árbol viendo todo el paisaje. Todos los populistas quieren utilizar el Estado para aplastar el pueblo, desde Le Pen a Maduro, y nosotros los liberales nos oponemos con fervor a esto. Vemos el Estado como algo demasiado grande e intrusivo. Para mí Milei se equivoca al pensar que tiene que hacerse amigo de Trump, de Bolsonaro... Eso no es bueno».

Puede que todo su capital político esté en el individualismo y en dejar de irse a una fiesta en busca de malas compañías. Por el momento, Milei no parece darse cuenta de que ser sincero podría incluso bastar.