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Considerando en frío

El macizo de la raza cambia de bando

¿Por qué la exigencia casi autodestructiva de la derecha choca con la indulgencia cínica de la izquierda?

El macizo de la raza cambia de bando
BERNARDO DÍAZEL MUNDO
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Actualizado

Hace tiempo que la autocrítica ha cambiado de bando. Durante años la izquierda ilustrada pudo presumir de ejercerla contra sí misma, al tiempo que acusaba con tino a la derecha más granítica de cultivar un sentido patrimonial del poder. La pista de aterrizaje para el ejercicio autocrítico la ofrecían aquellos comités federales del PSOE en los que Felipe González, pese a sus mayorías absolutas, soportaba largas jornadas de cuestionamiento interno que llegaron a desembocar en huelgas generales.

Hoy la izquierda española realmente existente empieza y acaba en la peana muda de un solo hombre al que se le tributa ciega admiración por un único mérito: el bloqueo de la alternancia democrática, aunque sea al precio de venderse a una ensalada de siglas renegadas del 78. El programa compartido, la causa mayor a la que se sacrifica toda coherencia ideológica, se reduce a cortar el paso al PP. Ni la renuncia a la igualdad ante la ley ni la consagración del privilegio presupuestario ni el estallido de una trama de corrupción en el corazón del Gobierno son capaces ya de activar los anticuerpos de la crítica interna. Con Pedro medraron y con Pedro morirán.

Fascina el contraste entre esta comitiva zurda que asciende con los ojos vendados al cráter del volcán y el ruidoso cabreo de las bases de la derecha con sus representantes cada vez que les fallan. Bastaron 24 horas para calibrar ese abismo moral: Feijóo, bajo una catarata de reproches (justos), pide perdón por la negligencia de sus diputados en la votación de la enmienda proetarra; al día siguiente, el progresismo sociocultural guarda un disciplinado silencio cuando la Guardia Civil destapa la alcantarilla del caso Ábalos. Lo mismo ocurrió cuando trascendieron los acercamientos informales del PP a Junts tras el 23-J, mientras que la concesión de una infame amnistía negada por el PSOE hasta esa noche apenas levantó una ceja entre las pedrettes. Y no cabe aducir el pegamento del poder, porque fue gobernando Rajoy cuando irrumpió Cs con fuerza, mientras que los mandatos sanchistas sirven para reabsorber a la ultraizquierda.

¿Por qué la exigencia casi autodestructiva de la derecha choca con la indulgencia cínica de la izquierda? Mi tesis es que la mente liberal o conservadora abraza el orden jurídico a medida que la progresista se vuelve identitaria. Una exige el cumplimiento de lo que se le promete como un contrato; la otra comprende que los suyos le mienten, pero se siguen sintiendo supersticiosamente superiores a los otros. El macizo de la raza ahora es la fantasía medieval de la izquierda.