Para ilustrar el Jornal de hoy hemos plagiado a Charles Spencelayh, artista británico especializado en pintar señores mayores haciendo cosas. Es curiosa esta homogerontofilia de Spencelayh: apenas pinta mujeres. Tomando su obra en conjunto, las escasas chicas parecen Susana espiando a los viejos. En nuestra versión, el diarista ha sido abducido al extraño territorio de la mente sanchista (la abducción es uno de los modos de la inferencia, junto a la inducción y la deducción). Ciertamente «hay pocas cosas más excitantes que ver a una gran mente en pelotas»; del mismo modo, hay pocas cosas en la vida más tristes que ver una mente mediocre en pelotas. Y este caso es peor: la condena de una mente mendaz es ver las cosas como son.
Así, el diarista visita el recuerdo de aquellas conversaciones sobre saunas y cargos. La Gómez retrepada en la silla, convencida de merecer más altos destinos; el Gómez padre parapetado tras la mesa, estudiando al yermo digo al yerno; Sánchez pidiendo, fingiendo que está ofreciendo; etcétera. No es muy apropiado Spencelayh: merecería un Berlanga o un Boadella. En fin, una cena romo (relief of missing out).
(Terminado el domingo bueno el lunes nueve de febrero, temprano, y ya.)

