OPINIÓN
No se enfade

Allí donde los jóvenes se están haciendo fachas

Los llaman tontos, blanditos, lloricas, trumpistas. Pero es esperando en andenes llenos y durmiendo en habitaciones a 500 euros donde los jóvenes se están haciendo antisistema

Jóvenes pasajeros en la estación de Francia (Barcelona).
Jóvenes pasajeros en la estación de Francia (Barcelona).EFE
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Si separáramos las políticas públicas en función de la edad de sus beneficiarios, comprenderíamos algunas cosas que están sucediendo en las urnas.

Las decisiones del Consejo de Ministros en torno al último engendro ómnibus valen como ejemplo. Las dos grandes novedades son la apuesta del Gobierno de progreso por salvar la subida de las pensiones y su apuesta por eximir a los pequeños propietarios de la imposibilidad de desahuciar al inquilino que no les paga el alquiler si el Estado le considera vulnerable. Los principales beneficiarios son, por tanto, los pensionistas y los pequeños propietarios, que no tienen precisamente veintitantos años.

Mientras tanto, ¿qué les ofrece la política mainstream a los jóvenes?

Se les ofrece una Ley de Vivienda que no ha ayudado a bajar los precios sino más bien al contrario. Y en esto el PP no puede dar lecciones: tampoco en sus comunidades y ciudades hay pisos a precios humanos. Además, el Gobierno ha creado un nuevo organismo súper molón enfocado en la vivienda, que es su súper prioridad tras ocho años súper gobernando. Luego está el gran compromiso que el presidente ha adquirido con ellos.

Lo anunció, y fue su único anuncio, en el balance del año que locutó antes del desastre extremeño: desde enero, una nueva tarifa plana mensual permitiría viajar en transporte público por toda España a un precio imbatible. Sesenta euros para los adultos y, atención, 30 euros para ti, joven de hasta 26 años. Disfruta, porque son todo ventajas: viajes ilimitados en trenes de cercanías, incluidos Rodalies, en los de media distancia de Renfe y en los autobuses interregionales gestionados por el Estado. «A los españoles y españolas les renta este Gobierno», proclamó tiktoker, audaz, fresco.

Era 15 de diciembre. Adamuz no había ocurrido ni el tren español se había hundido en su mayor crisis reciente. Hoy, arrancado febrero, cuesta imaginar un chiste más absurdo que un abono transporte con el que subirse a trenes que no salen, no llegan y no indemnizan mientras nadie pide perdón porque, al parecer, nada de esto está sucediendo.

Los llaman tontos, blanditos, lloricas. Dicen que la internacional trumpista les ha comido el cerebro. Pero es esperando en andenes llenos y desesperanzados en habitaciones a 500 euros donde, en este país de jubilados y boomers, los jóvenes se están haciendo antisistema. Fascistas, ultras... basura, por entendernos.