- Telefónica cifra en 2.500 millones el coste del ERE, unos 450.000 euros por trabajador
EL AVANCE DE LA TECNOLOGÍA siempre ha ido ligado al concepto de progreso. Se crea una mejor tecnología que permite hacer más cosas, mejores, y, a medida que se perfecciona, de forma más barata. Después, llega una versión aun mejor que te vuelve a convencer de pagar más. El ordenador personal, Internet o la telefonía móvil han seguido este ciclo y por el camino han generado miles de millones para sus creadores, pero también han dado cada año algo un poco mejor al usuario. Al menos hasta ahora.
La nueva revolución, la IA amenaza con traer al mundo digital la misma escasez que dicta la norma de otros campos de la economía como la vivienda, donde parece que no hay palancas para conseguir que se cumpla una ley básica en el mercado como es que la oferta termine creciendo para cubrir la demanda. Los constructores de centros de datos y las grandes tecnológicas están comprando toda la capacidad para fabricar chips y memorias DRAM que existe en el mundo. Dispuestos a pagar lo que sea, los fabricantes están optando por dedicar casi todos sus esfuerzos a saciar a los Nvidia y Google de turno, dejando una parte residual para cubrir las necesidades del resto de mercados.
En el sector tecnológico, los escenarios con poca oferta no son desconocidos, ya se vivió en la pandemia con otra crisis de los chips. Suelen solucionarse con una espera mayor para el consumidor y una subida de precios, pero sus efectos son duraderos. Un ejemplo claro es el de las consolas, antes cumplían las normas del ciclo, bajaban de precio durante su vida útil hasta que salía una nueva PlayStation o Xbox. Ahora el precio hasta sube. En móviles y PC, puede caer otra barrera. Los fabricantes están tan desesperados que están dispuestos a usar chips peores en sus nuevos terminales para evitar una inflación desmesurada. Una situación inédita. Una persona que compre un móvil nuevo en 2026 podría ver que este es igual o peor que el viejo que tenía e, incluso así, terminar pagando más.
La situación tiene difícil solución porque los fabricantes de memorias están dispuestos a destinar toda su producción a la IA, pero no a hacer más fábricas, que valen miles de millones de euros, por si finalmente se trata de una burbuja y les atrapa dentro. Sus acciones están por las nubes, claro, al igual que las de Nvidia, Microsoft y Google. La IA será una revolución, pero el progreso corre el riesgo de limitarse al precio de las acciones.

