OPINIÓN
A simple vista

Simeone abrazando a Milei

El entrenador del Atlético de Madrid, saludando al presidente de Argentina.
El entrenador del Atlético de Madrid, saludando al presidente de Argentina.EUROPA PRESS
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Dice la Biblia que sabremos que ha llegado el Apocalipsis porque habrá "guerras y terremotos", "señales en el cielo", "hambre y pestes", "se oscurecerá el sol" y "se enfriará el amor". Pues bien: ya está aquí, ya llegó. Estos son los indicios indubitados del fin del mundo:

Los chavales diciendo holi en vez de hola.

Un crío iniciándose al porno a la edad de ocho años en Barcelona y un cirujano plástico operando a sus hijas de diez años en Los Ángeles.

Que cierre el último bar que queda abierto en tu pueblo.

Que en tu país ya haya más perros que niños.

Que se muera alguien y le mandes un emoticono para mostrar tus condolencias.

Los influencers que se van a Andorra para no pagar impuestos y, después de un año, se graban quejándose muy ofendiditos de que tarden en darle cita para quirófano a su abuela andaluza.

Que en algunas partes de España la temperatura del mar ronde los 27 grados a estas alturas del año.

Que suene tanto el Auto-tune al poner la radio y tan poco Bill Evans.

Un alquiler de 11 metros cuadrados en el barrio de Embajadores (Madrid) al precio de 700 euros al mes.

Las cinco horas diarias que pasamos mirando el móvil.

Niños de teta mirando una tablet y iPhones de 700 euros como regalo de primera comunión.

Que los trenes de alta velocidad no paren en los pueblos donde viven esos españoles (octogenarios, olvidados, apartados) que más lento se mueven.

Que en una escuela haya más pizarras que ventanas (Jesús Montiel).

La nueva pandemia que vendrá cualquier día, el próximo apagón que acontecerá pasado mañana, ese ensayo sobre la ceguera que vivimos en carne propia y que -mucho me temo- no nos servirá para nada en la siguiente odisea.

Que se investigue la muerte de una turista alemana en una playa de Gran Canaria, pero que no se haga lo mismo -por ejemplo- con el ahogamiento de 14 subsaharianos en Ceuta.

No solo los políticos que se meten a criminales, sino -sobre todo- los criminales que se meten a políticos.

Los peores del planeta, ganando en esta alta competición de malos.

Que aquí el verbo dimitir suene a nombre ruso.

Esa creciente variante de tertuliano que parece muñeco de ventrílocuo. Esa creciente variante de presentadora que lo mismo.

Un misil de 50.000 dólares cayendo encima de un bloque de casas donde malviven familias que comen hojas de los árboles porque no tienen un euro.

Las colas del hambre. Que se tire a matar en las colas del hambre.

Que haya nazis gobernando un pueblo mayoritariamente judío.

Que haya más nazis a secas.

Simeone abrazando a Milei.