Audi dio a conocer el Q3 de tercera generación a finales del pasado mes de junio, pero ya hemos tenido oportunidad de ponernos a sus mandos por un marco incomparable, las verdes praderas escocesas, con sus paisajes infinitos, climas cambiantes y carreteras que alternan lo salvaje con lo exigente para comprobar si este modelo, clave para Audi, ha alcanzado su madurez general.
Clave porque es el modelo más vendido de la marca, con más de dos millones de unidades desde su lanzamiento hace casi tres lustros. El coche ya se puede adquirir en España, con unos precios que arrancan en los 46.590 euros para el Q3 SUV y los 48.490 euros para el Q3 Sportback, con un estilo más deportivo y la parte trasera al estilo coupé.
Diseño e interior
Ligeramente más grande (ahora mide 4,53 metros), el Q3 luce con mucho más empaque, más maduro de nuevo, con un frontal que recuerda mucho al Q6 y reforzado por una zaga con la iluminación segmentada que está mucho mejor integrada en el Sportback a nuestro gusto y que seguramente siga siendo la carrocería más demandada en esta tercera generación.
En el interior tenemos la ya característica disposición: una pantalla curva que aglutina el cuadro digital de 11,9 pulgadas, ahora mucho más personalizable, con el monitor central de 12,8" orientado hacia el conductor, al que se suma un Head-up display proyectado en el parabrisas con mucha información. En cuanto a la habitabilidad, los dos Q3 mejoran frente a la generación anterior: más espacio, banqueta trasera desplazable longitudinalmente, respaldo reclinable y un volumen de carga que parte de los 488 litros o alcanza los 575 litros con la posición más adelantada (hasta 1.386 l con los asientos abatidos).
Sistema de iluminación
Materiales nobles, llantas hasta de 20 pulgadas, asientos deportivos o los 11 colores d carrocería completan un conjunto en el que hay que destacar la tecnología de iluminación, donde Audi sigue siendo un referente, pues la tira posterior no solo emplea la tecnología OLED, sino que los grupos ópticos delanteros estrenan también en la marca unos faros digitales con 25.600 micro-LED, cada uno con un tamaño que es la mitad de un cabello.
Su uso mejora la iluminación significativamente, con un contraste muy claro en la carretera pudiendo además de reflejar en la carretera determinados mensajes. En este caso hablamos de la advertencia activa del asistente de cambio de carril así como la información de tráfico, concretamente un icono de cristal de hielo para advertir de posibles condiciones de helada en la calzada.
Pudimos probarlo en una ruta nocturna y resulta sorprendente cómo el haz de luz ha aumentado en profundidad y en anchura cuando decidimos cambiar de carril. Del mismo modo, la proyección de estos píxeles ha dejado de ser un mero entretenimiento visual para ser un elemento de seguridad activa como bien demostraron las dos líneas que nos marcaban el centro del carril e incluso una flecha que nos alertaba de que nos aproximamos al borde de la carretera.
Al volante
El sentir general con este Q3 es el de una evolución frente a su predecesor, desde el propio tacto de la dirección hasta la respuesta del acelerador (enfatizada por la electrificación) pasando, inestimablemente, por la suspensión. Porque los ingenieros germanos la han optimizado para incrementar la estabilidad y agilidad.
Si bien la mayoría de las unidades a conducir incorporaban la más sofisticada, es decir, aquella con control de amortiguación de dos válvulas (con un control independiente de las fases de rebote y compresión), la estándar es de muelles de acero y se puede pedir otra deportiva con un tarado más firme. Pero es con esta regulable con la que el coche reacciona más eficazmente tanto a la carretera como al modo de conducción, teniendo en cuenta parámetros como la dirección, el frenado y la aceleración.
El conductor sentirá un mejor guiado en casi todas las circunstancias, con menos balanceo en los cambios de apoyo y la posibilidad, incluso, de viajar con un punto más (o dos) de entusiasmo, pues los frenos también se han optimizado. Si bien tras cada arrancada el modo dinámico por defecto es el Balance (antes conocido como Auto), podemos cambiar al Dynamic para tener unas sensaciones más puras, al Efficiency para ajustar más el consumo e incluso seleccionar el Offroad plus en las versiones con tracción total quattro.
Las versiones más deseadas
Durante esta toma de contacto pudimos conducir las versiones de 150 CV, tanto en gasolina como en diésel, y el PHEV e-Hybrid. Escoger entre los combustibles tradicionales resulta complicado, más allá de las necesidades de uso de cada usuario, en las que el elemento central sea el consumo, el coste por kilómetro y, claro está, su lugar de residencia ya que el primero luce la etiqueta ECO gracias a la red microhíbrida que monta.
Ello hace que la diferencia de consumo no sea tan abultada aunque sigue ganando el TDI (5,3 litros de media frente a los seis del TFSI). La realidad es que podemos cubrir más de 800 km con cualquiera de los dos sin inmutarnos.
Es cierto que el TDI resulta más aspero y rumoroso, pero con 360 Nm de par disponibles desde 1.600 vueltas, sigue siendo una perfectísima opción, con la lástima de no poder ofrecer, como en su hermano mayor, ese sistema híbrido ligero.
La joya de la corona
Porque quien desee hablar en kilovatios tendrá que poner sus ojos en el Q3 e-Hybrid (desde 56.090 euros), con un importante avance para dar, de forma conjunta, 272 CV y 400 Nm de par. Sin embargo, el cambio principal está en la nueva batería de 25,7 kWh (19,7 kWh netos), el doble que antes con casi las mismas dimensiones y peso. Resultado: la autonomía eléctrica llega a los 119 km en el SUV (uno menos en el Sportback) y no solo eso: la pila admite cargas rápidas en corriente continua con una potencia hasta de 50 kW, necesitando menos de 30 minutos para pasar del 10 al 80%.
Durante nuestra prueba, llegamos a recorrer 103 km hasta agotar la batería, lo que supone que un conductor medio español (que recorre 50 kms al día) puede estar hasta dos jornadas sin encender el motor de combustión. Para lograr el mejor resultado, conviene usar tanto el planificador de rutas como el programa efficiency, que van aconsejándonos y guiándonos hacia una conducción lo más ahorradora posible.
En cuanto al comportamiento, no se nota merma alguna por el hecho de ser un coche más pesado e incluso con el propio motor eléctrico el Q3 se mueve con soltura. Es al entrar el gasolina cuando, lógicamente, cualquier temor relacionado con el escaso rendimiento se desvanece y aunque hay un pequeño lag a la hora de acelerar, no es reseñable para perder seguridad.










