En 2022, último año con datos oficiales, los fabricantes de automóviles europeos exportaron casi 740.000 vehículos -84.000 de ellos, 100% eléctricos- a EEUU, por un importe de 37.400 millones de euros. Unos datos que colocan a ese país como el segundo mercado extranjero para los coches made in Europe, solo por detrás de Reino Unido. Y que suponen, en términos de valor, más de la quinta parte de los ingresos que obtiene la UE con la exportación de automóviles. Mientras, el Viejo Continente sólo compró 271.476 fabricados en EE.UU (valorados en 8.700 millones) en el mismo periodo, según un informe de la patronal de fabricantes europeos Acea.
El pasado martes, Donald Trump ganaba las elecciones a la Casa Blanca con una facilidad que nadie supo entrever a partir de un lema -Make America Great Again- que ha trascendido a ideología. En ella, Trump se ha referido a los aranceles como «la palabra más bonita del diccionario» y, de hecho, los ha prometido a diestro y siniestro. Respecto a la Unión Europea ya había avisado durante la campaña. «Suena muy bonita esa unión de pequeños países que nos venden millones de coches, pero que no compran los nuestros. Eso no puede ser, tendrán que pagar un precio muy alto» dijo durante la campaña. Y para darle la vuelta a esa balanza comercial deficitaria, ha planteado aplicar una tasa de hasta el 100% a todos los vehículos importados.
Impacto en Alemania, sobre todo
La medida sería especialmente dañina para Alemania, ya que produce más de la mitad de los coches que se exportan desde la UE a Estado Unidos. Eso, después de que al ajuste que ya propuso Volkswagen en el país -cierre de tres fábricas y 10.000 empleados menos- se sumase esta misma semana el anunció de otros 4.500 despidos en Audi. En este contexto, no extraña que la patronal de los fabricantes germanos haya pedido a Bruselas mayores esfuerzos y colaborar con Trump para «mantener y ampliar» la colaboración con aquel país.
Pero es que ayer mismo, en la cumbre informal de la UE celebrada en Budapest, los mandatarios advertían de que el relevo en la Casa Blanca supondrá una gran diferencia en las relaciones con el país norteamericano. Y aunque «no todo será necesariamente en sentido negativo», sí que hacen todavía más urgente adoptar las medidas propuestas en el informe Draghi. Por ejemplo, proteger a la industria del automóvil, hacer más lógica la transición energética y dotarle de la inversión necesaria para reducir la brecha tecnológica con los norteamericanos pero también con China.
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Básicamente, lo que ha hecho ésta en la última década (alrededor del coche eléctrico) y que Trump descifra de nuevo en clave de aranceles: «Cuanto más altos sean, más les interesará producir aquí» razona.
Aflojar la presión sobre los fabricantes
Una de las medidas a adoptar por Bruselas podría ser aflojar la presión sobre los fabricantes los objetivos de emisiones de CO2 que deben culminar en la prohibición de vender coches de combustión en 2035. Después de años de crecimiento e inversiones de miles de millones de euros, la demanda de estos vehículos se ha desinflado en 2024 en la Unión Europea: entre enero y septiembre se han matriculado 1,05 millones de unidades, un 5,8% menos que en el mismo periodo de 2023. De este modo, su cuota total en el mercado ha caído desde el 14% al 13,1%.
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Las nuevas tasas que Trump quiere imponer a todos los vehículos supondrían complicar una salida a estos modelos. Pero es que habría que añadir el otro volantazo que se prevé respecto a la actual Administración cuando ceda el testigo a comienzos de enero: el fin del apoyo a los vehículos cero emisiones.
'salvar' a la industria
«Pondré fin al mandato de vehículos eléctricos desde el primer día y salvaré así a la industria del automóvil en EEUU de la destrucción total, que es lo que está sucediendo ahora mismo» ha dicho el excéntrico político. Aquí, cabe recordar la famosa Ley IRA de 2022 diseñada para controlar la inflación y que, por ejemplo, contemplaba ayudas de hasta 7.500 dólares a vehículos de baterías... siempre que hayan sido fabricados en el país.
Porque Biden tampoco estaba exento del ramalazo proteccionista, como demostró al decidir, mucho antes que la UE, penalizar duramente a los eléctricos fabricados en China: el pasado mayo, decidió incrementar del 25% al 100% los aranceles que tienen que pagar.
México, otro damnificado
La diferencia es que el futuro inquilino de la Casa Blanca no está dispuesto a hacer prisioneros. Particularmente, ha puesto en la diana a México, sexto productor mundial de vehículos con cuatro millones de unidades en 2023.
Meses atrás, avisó con imponer gravámenes de hasta el 200% a los automóviles de marcas chinas que se instalasen en el país vecino para usarlo como cabeza de puente. Aunque también cargó contra el legendario fabricante de tractores John Deere, fundado en EEUU, ante su intención de trasladar producción al país vecino.
Proyectos parados
Esos mensajes ya han tenido efecto. La china BYD, primer fabricante del mundo de modelos con enchufe anunció tiempo atrás que postergaba su proyecto para levantar una factoría en México hasta que se resolvieran las elecciones estadounidenses. Su desenlace no invita a pensar en el optimismo.
BYD y Tesla no han dicho todavía si siguen adelante con sus fábricas en México
La historia se repite con Elon Musk. El fundador de Tesla quería levantar en el estado de Nuevo León su mayor factoría en todo el mundo, con una inversión de 4.500 millones de dólares. La idea: fabricar coches más baratos que luego vendería al otro lado de la frontera. Pero la amenaza de gravar esas importaciones le llevaron a poner en suspenso el proyecto: «Si eso va a pasar, no merece la pena invertir en México» dijo en julio.
El papel de musk
Las autoridades mexicanas ya han pedido reunirse con Musk para que les aclare su decisión definitiva. Curiosamente, el polifacético empresario ha sido el famoso más vehemente y radicalizado defensor de Trump, a pesar de los desencuentros que mantenían años atrás.
De hecho, el fundador de Tesla es hoy «el mejor amigo» del político republicano, que incluso ha amagado con hacerle un hueco en su Gobierno. En esta relación no encaja el probable rechazo a las ayudas a los automóviles eléctricos, aunque Tesla lleva tiempo demostrando que tiene músculo financiero para tirar los precios y arrasar a la competencia. Solo su fortuna personal asciende a 260.000 millones de dólares y bueno, el pasado viernes, con el viento de cola de la victoria de Trump, el fabricante de automóviles batió su record de valoración bursátil, con más de un billón de dólares.
En cambio, se coloca en una posición ventajosa en aspectos como la conducción autónoma o la Inteligencia Artificial, ya que la nueva Administración apuesta por la desregulación. Sin olvidar los negocios que ya hacen y seguirán haciendo otras de sus empresas como SpaceX, que tiene entre sus clientes más importantes a la NASA y el Pentágono.






