Siete personas fallecieron el pasado martes ahogadas en un garaje de una pedanía cercana a Valencia. Algunas de ellas, habían bajado a intentar salvar sus automóviles antes de que se inundaran. Otro tanto ocurrió, en este caso con dos guardias civiles y la novia de uno de ellos, en el cuartel de la localidad de Paiporta. No muy lejos de allí, un vecino de Sedaví pereció tras varias horas agarrado a un árbol. Había ido al sótano a sacar su automóvil. Tuvo tiempo de hacerlo, pero la riada le arrastró cuando intentaba lo mismo con una motocicleta Lo triste es que, como cientos de vehículos y el que ya había sacado esta persona, terminó flotando como si fueran las hojas de un árbol. Y luego, destrozadas.
Los ejemplos que le contamos se van a quedar pequeños cuando los equipos de emergencia puedan acceder a los parking públicos o de centros comerciales que quedaron anegados y en los que se teme que haya decenas de víctimas. A ellas, hay que sumar las que se vieron arrastradas por la corriente dentro de sus vehículos.
En las dos situaciones, esas personas se vieron sorprendidas por la violencia, rapidez y magnitud de unas inundaciones de las que nunca fueron conscientes. Hay muchos vídeos que demuestran como, en unos pocos minutos, se pasó de una situación de normalidad a una de total catástrofe. Pero dejan sobre la mesa varias lecciones que aprender ante el riesgo de una situación similar. Primero: no usar el automóvil si no es imprescindible. Segundo: no intentar avanzar con él a toda costa. Tercero: abandonarlo si es necesario. Ya se podrá sustituir por otro, la vida no.
Ciertamente, la Dana que descargó con furia desde el pasado martes en la zona de Levante, o la que se dio meses atrás en Toledo y Madrid, es un caso extremo de mala climatología. Pero conviene estar preparado porque los expertos dicen que cada vez serán más frecuentes. Y hay otros fenómenos habituales y menos peligrosos -la lluvia, la niebla o el hielo y la nieve- a los que conviene prestar atención y con los que nos vamos a encontrar en los meses venideros. De cómo actuar antes ellos para minimizar el riesgo al volante va este reportaje.
ANTE UNA RIADA
Según datos de Protección Civil, más del 50% de las víctimas que han ocasionado en el pasado los episodios de gota fría (ahora DANA) se produjeron en el interior de vehículos arrastrados por las aguas o cuando se intentaba escapar de ellos. El de esta semana en Valencia ha tenido mucho componente urbano, pero también puede pasar que la riada afecte a una carretera que conoce o a un cauce seco convertido en un torrente desbocado. Como no sabe la fuerza real del agua, ni si ha erosionado el fondo haciéndolo más profundo, no intente atravesarlo, busque otro recorrido o vuelva sobre sus pasos.
Si al final terminamos metidos en el agua o ésta llegue por sorpresa, como ha pasado esta semana, cuando el nivel supera la mitad de la rueda (unos 45 cm), perderemos el control del vehículo, que será arrastrado. Un 4x4 más alto y pesado, aguantará más, pero también un límite (entre 60 y 75 cm). Llegados a ese punto, lo mejor es abandonar el automóvil. Por la ventanilla (el elevalunas puede seguir funcionando unos momentos) o por la puerta, pero siempre en el lado contrario al de la corriente. Si hay que romper la ventanilla y no tenemos un martillo, sirven los anclajes metálicos que llevan los reposacabezas. Una vez en el exterior, lo ideal es ponerse a salvo en una zona elevada o un árbol. Nade solo si es prudente. Si no es factible, hay que subirse al techo: facilitará que nos vean y rescaten.
Por el vehículo, preocúpese lo justo... siempre que lo tuviese asegurado y al corriente de pago. Su compañía no le indemnizará, porque no lo hace en casos de riesgos extraordinarios, como una riada. De estos casos se encarga el Consorcio de Compensación de Seguros, que se nutre de una pequeña cantidad que se detrae de cada póliza.
Para reclamar tenemos un plazo de dos años si son daños materiales y no es necesario que haya una declaración de 'zona catastrófica' de por medio. Las indemnizaciones no tributan y son compatibles con otras ayudas públicas que se puedan recibir. En cuanto a la cantidad que nos dará el Consorcio, no podrá superar en ningún caso el valor del bien destruido y se estará al valor que se hubiese asegurado.
LLUVIA
Es el peligro más habitual con el que nos encontramos, sin necesidad de que sea una tromba que llene la calzada de balsas de agua y pueda dar lugar al fenómeno del aquaplaning (ver información inferior). De hecho, una de las situaciones más delicadas se produce cuando la suciedad o las hojas que haya en la carretera se mezclan con las primeras gotas, haciendo muy resbaladizo el firme.
Con lluvia, la adherencia de las ruedas disminuye y se incrementa la distancia de frenado, hasta 35 metros más partiendo de una velocidad de 120 km/h. Por eso conviene reducirla si el aguacero arrecia, mientras que aumentamos la distancia de seguridad con el coche de delante. Unos neumáticos en buen estado siempre serán el mejor aliado, por lo que si puede optar por unos de invierno -que funcionan mejor cuando las temperaturas bajan de los siete grados- hágalo. El problema es que con calor los gastaremos muy rápido, por lo que habría que quitarlos cuando llegue el buen tiempo y guardarlos. Según donde vivamos, puede ser mejor optar a los all season, o para todas las estaciones, que empiezan a ser más habituales en la oferta de los fabricantes sin que su precio se dispare.
Con independencia del tipo de cubierta, es fundamental que estén en buen estado, con la presión adecuada y suficiente profundidad de dibujo. Una cubierta nueva tiene surcos con una profundidad de 10 mm y el límite legal es de 1,6 mm, pero con tres mm ya estamos en la franja baja de seguridad. Aparte, no sea de esos conductores que llevan en su coche ruedas de verano (las de toda la vida) y circulan en lluvia igual de rápido que en seco, pensando que se agarran lo mismo. Por último, es de sentido común que los limpiaparabrisas y las luces estén en perfecto estado de revista; y utilizar la climatización para que no se empañen las ventanillas.
HIELO Y NIEVE
Son dos componentes que obligan a reducir la velocidad y, sin pasarse de la raya, circular en una marcha más larga de lo habitual. Y lo que se contaba en el anterior apartado sobre los neumáticos 'alternativos' o las cadenas tiene aquí todavía más sentido ya que sin uno de estos elementos, nos pueden prohibir seguir circulando. Con nieve virgen, somos más libres de escoger el trazado. Cuando ya hay roderas de otros coches, es mejor seguirlas.
Uno de los riesgos con las nevadas, es que colapsen las carreteras al llenarse de vehículos que se cruzan y quedan parados. Para evitarlo, la Comisión de Seguridad Vial del Congreso pidió meses atrás que, en estas condiciones, el carril de la izquierda se deje libre para vehículos de emergencia o quitanieves. Tráfico también está a favor, pero habla de vías con tres o más carriles.
En cuanto al hielo, los coches modernos avisan cuando la temperatura baja a los cuatro grados centígrados o menos, ya que se pueden estar formando placas. Si nos encontramos con una y empezamos a deslizar, la DGT recomienda dejar de acelerar y no frenar hasta recuperar la adherencia. Aunque muchos instructores de conducción recomiendan frenar. Sí hay unanimidad en que es un elemento caprichoso. No hace falta un día horrible. Al contrario, en uno soleado y muy frío se forman placas de hielo con facilidad. También cerca de puentes o ríos, donde haya humedad; y en las partes de umbría y zonas orientadas al Norte a las que apenas les da el sol.
niebla
Es una de las situaciones más estresantes ya que, cuando es muy densa, apenas deja ver unos pocos metros por delante. No es de extrañar que sea la causa de graves accidentes en cadena que implican a multitud de vehículos. La niebla puede acompañarnos durante kilómetros, en los que conviene reducir la velocidad; aumentar la distancia de seguridad y tomar como referencias las marcas laterales de la carretera o las luces de otros vehículos que nos preceden. Por eso es importante conectar los antinieblas delanteros y traseros -sin olvidar quitarlos luego- y no usar las largas. Podemos deslumbrar a otros y tampoco veremos mejor, ya que el haz de luz rebotará sobre la propia niebla.
OTROS ELEMENTOS A TENER EN CUENTA
¿LLEVA CADENAS EN EL MALETERO? Con nieve o hielo, nos podemos quedar bloqueados o sufrir un accidente si llevamos neumáticos convencionales. Lo evitaremos con cadenas, ruedas de invierno o unas 'all season'. Ambas son alternativas a aquellas si llevan un dibujo de una montaña con un copo de nieve.
ADVERTIR DE NUESTRA PRESENCIA. Si nos quedamos parados en la calzada, podemos señalizarlo con el tradicional triángulo; o con la baliza V-16 que se coloca en el techo y, desde 2026, deberá ser conectada y el único sistema permitido. Si el coche está en un lugar peligroso, abandónelo, pero de forma segura.
AQUAPLANING. Se produce cuando hay demasiada agua, las ruedas no pueden evacuarla y nos quedamos sin control (la dirección 'flota'). La velocidad y las cubiertas en mal estado o bajas de presión elevan el riesgo. Si le pasa, mantenga la calma y la dirección hacia donde quiere ir, a la espera de tener tracción.
VIENTO. Es peligroso con grandes rachas. Las mangas de viento en la carretera o la vegetación le advertirán de ello. Hay que reducir la velocidad, mantener un poco girado el volante hacia donde sopla (si es muy fuerte) y estar atentos a la salida de un túnel o cuando se adelanta y luego se rebasa a un camión.
PLANIFICAR. Si no le queda más remedio que salir a carretera, infórmese de su estado. Los navegadores o las redes sociales de los distintos organismos pueden darnos esa información, que la DGT ofrece en http://infocar.dgt.es/traffic. Por último, viaje con el depósito lleno, el móvil cargado y ropa de abrigo si es el caso.
NO ESTORBAR. Si por detrás viene un vehículo de emergencias, en una carretera de doble sentido se pegará al máximo a la derecha. Si hay dos carriles por sentido, a izquierda o derecha para dejar hueco en el centro. Con tres carriles, esa vía rápida hay que dejarla entre el de la izquierda del todo y el del medio.












