Dan Keeling tiene el descaro elegante de quien ha vivido dos vidas: una al ritmo de Coldplay y Lily Allen, y otra entre botellas de Borgoña y Chablis. Desde Londres, este ex ejecutivo musical convertido en gurú del vino es hoy el autor más fresco y provocador del panorama vinófilo británico. Cofundador de la revista y el fenómeno enosocial Noble Rot, Keeling no solo escribe sobre vino: lo vive, lo sirve y lo distribuye bajo su propia ley, esa que manda disfrutar antes que disertar.
Su nuevo libro, ¿Quién teme a Romanée Conti?, es una declaración de intenciones contra la pedantería líquida que asusta a tantos bebedores curiosos. En sus páginas, el vino deja de ser un jeroglífico para sabios y se transforma en cultura pop, historia y emoción embotellada. Con un humor afilado y una honestidad desarmante, Keeling invita a brindar sin miedo a equivocarse o a pronunciar mal un Grand Cru. Lo suyo no es evangelizar, sino contagiar placer, defender los "vinos vivos" y celebrar que, entre la música y el vino, el verdadero arte está en sentir.
- En un mundo donde el vino suele presentarse cargado de solemnidad, ¿qué te llevó a escribir este libro desde un tono tan fresco, casi punki, y a cuestionar los mitos más intocables?
- Supongo que es el tono de la revista, de Noble Rot, y también de mi escritura. Creciendo en Gran Bretaña y en el mundo de la música, el tipo de revistas que solía leer eran el NME, New Musical Express, cómics y esa clase de cosas. Todas eran un poco punkis y DIY. El NME solía hablar sobre música desde la perspectiva de las personas y los lugares. Y creo que ese estilo de reportajes se ha transferido a mí. Siempre quise que la revista mostrara el vino con una mirada más fresca.
- Porque el vino sigue teniendo mucho de cliché, ¿verdad?
- Hay una cita de Martin Amis, el novelista, que dice que "toda escritura es una campaña contra el cliché", y siento que hay muchos estereotipos en la escritura sobre vino y a veces es muy difícil no caer en ellos. Todos lo hacemos, solo la forma en la que hablamos está llena de tópicos. La idea es intentar hacerlo de forma fresca, con ojos nuevos. Uno de los clichés que más odio es el de "desmitificar" el vino. Cuando hablo sobre él no quiero desmitificarlo, porque amo el misterio del vino y es un tema tan vasto que nunca vas a poder dominarlo.
- ¿El vino visto desde la perspectiva del disfrute?
- Cuanto más te adentras en este mundo y aprendes sobre él, más te das cuenta de que hay una ausencia de certeza en su núcleo. El libro va un poco sobre eso también, sobre darse permiso para no saberlo todo acerca de un tema para realmente disfrutarlo. El título podría haber sido, por ejemplo, ¿Quién teme al arte contemporáneo?. La gente descarta el arte porque les parece incomprensible y extraño. Y creo que, tanto con el vino como el arte, puedes hacer una de dos cosas: apartarlo y decir que eso no es para ti, o realmente sumergirte en ello. Y esta idea de que no necesitas saber todo sobre algo para disfrutarlo y estar bien con la incertidumbre y la falta de respuestas, es una idea en la que realmente creo.
- Te refieres a esto en la introducción del libro como la "capacidad negativa".
- Es algo que se planteó el poeta Keats: si estás en paz con la incertidumbre, los misterios y las dudas, si no necesitas aclarar las cosas y ponerlas en orden todo el tiempo, entonces tienes capacidad negativa. Un ejemplo de esto podría ser mientras estamos mirando un hermoso atardecer y podemos vivir en el momento y disfrutarlo en lugar de pensar en los hechos y las razones científicas que lo hacen posible; o si somos capaces de ver una película de Christopher Nolan, que suelen tener una historia increíblemente complicada, pero estamos bien simplemente disfrutando del espectáculo. Creo que lo que estoy intentando hacer con el vino es animar a la gente a abrazar esa capacidad negativa de disfrutarlo simplemente por lo que es, sin tener que analizarlo todo el tiempo.
- En el libro también hay mucho humor. ¿Cómo consigues trasladar ese optimismo sin perder autenticidad?
- Hay uno que fue muy influyente para mí, de Kermit Lynch, llamado Adventures on the Wine Route. Fue el primer libro de vino que leí que tenía opiniones muy fuertes y sarcásticas, pero a la vez estaba bellamente escrito. El sentido del humor es realmente importante. Con la revista también quería que la gente la mirara y se riera, e intento hacer lo mismo con las portadas. Si puedo hacer que alguien se ría o que sonría con una portada, entonces siento que está cumpliendo su función.
- Muchos bebedores jóvenes todavía sienten que el vino está en un mundo elitista. ¿Qué papel deberían jugar los comunicadores y los sumilleres en derribar esas barreras?
- Todavía es elitista en muchos lugares, supongo. Pero creo que el papel de los sumilleres y los comunicadores es, precisamente, el de contadores de historias. Hablar de vino es hablar de las personas y los lugares. Los buenos viticultores tienen un ethos y una filosofía similar a la de los artistas o autores. En este sentido, el movimiento del vino natural ha hecho maravillas para atraer a los jóvenes a este mundillo, porque no les han hecho sentir que debían saberlo todo. Esto se aprecia en las etiquetas, en cómo se presentan. Estos vinos no hacen que te sientas menos que los demás.
- En tus viajes has degustado desde vinos naturales de garaje hasta los grandes iconos de Borgoña. ¿Dónde encuentras hoy la verdadera innovación: en los pequeños productores o en las grandes bodegas que se reinventan?
- La respuesta es ambas, por supuesto, y el mejor ejemplo es la región de Champagne, que después de la Segunda Guerra Mundial, recibía toda la basura de París para utilizar en sus viñedos, lo cual está bien cuando era solo basura orgánica, pero una vez llegó el plástico en los años 50 o 60, encontrabas cepillos de dientes entre las cepas. Era una viticultura realmente terrible, con muchos productos químicos. Hoy, ver a una empresa como Louis Roderer, que ha convertido todos sus viñedos en orgánicos, es algo así increíble, inspirador.
- Pero para un pequeño productor no es tan fácil, ¿no?
- Todos sabemos cuáles son las dificultades, el clima puede hacer que pierdas tu cosecha en cualquier momento por cosas que están completamente fuera de tu control. Para los pequeños elaboradores, trabajar en orgánico es más difícil que usar productos químicos. La viticultura orgánica cuesta más, es más intensiva en mano de obra, y aun así hay cada vez más personas haciendo cosas brillantes con sus dominios familiares y actuando de manera responsable y sostenible. Estamos volviendo a la agricultura de la uva y eso se aprecia en el vino.
- Como británico, ¿cuál es tu opinión sobre los vinos espumosos que se están elaborando en el Reino Unido y que cada vez están dando más que hablar?
- El vino inglés ha crecido mucho, con nuevas tierras adquiridas y productores explorando su potencial, aunque aún no tiene una cultura vinícola asentada como España o Francia. Estamos en los inicios, sin saber aún dónde estarán los mejores viñedos, nuestros Grand Cru. Tradicionalmente, el vino espumoso inglés ha imitado al champán, pero ahora surgen alternativas propias y emocionantes, como el proyecto Yarn de Tommy Griffiths, el enólogo en un lugar llamado Langham Estate en Dorset, con un estilo oxidativo que recuerda a ciertos productores como Jacques Selosse. Los vinos ingleses ya compiten en calidad con champanes reconocidos. Hemos hecho para Noble Rot catas a ciegas con Jancis Robinson y otros sumilleres que lo constatan. El proceso es largo y multigeneracional, pero el futuro del vino inglés es prometedor y auténtico. Solo necesitamos más tiempo.
- Volviendo al provocador título del libro, si tuvieras que resumirlo en una frase, ¿qué es exactamente lo que no deberíamos temer cuando hablamos de Romanée-Conti?
- Que no deberías sentirte inferior, supongo. Hay mucho sobre el vino que hace que la gente se sienta así y el título se refiere a esa idea de abrazar, como decíamos antes, el misterio que hay en no saberlo todo. No puedes desmitificar el vino como tampoco puedes desmitificar la vida, hay tanto de la vida que es un misterio y tanto sobre el vino que seguirá siendo un misterio, que es un tema demasiado atractivo como para rechazarlo. Puedes beber un Romané Conti, que es un vino muy caro y raro, o una manzanilla de Sanlúcar, que es un vino hermoso por derecho propio que no te costará tanto dinero y, en ninguno de los dos casos, necesitarás saber cómo se elaboran para deleitarte con sus sabores. Esa es la idea: no pienses que necesitas saberlo todo para poder disfrutar del vino.



