En los abruptos relieves de la Axarquía, en Málaga, los viñedos parecen desafiar a la lógica. Las cepas están plantadas en laderas imposibles, con pendientes que en ocasiones superan el 40%, donde ni un tractor ni un arado mecánico pueden abrirse paso. Allí, la viticultura es heroica en el sentido más literal. Un trabajo que se mide a pulso, con la azada y la paciencia de quienes saben que cada racimo es fruto de resistencia y tradición. Dificultades añadidas que han hecho que sólo se mantengan en pie siete bodegas.
La variedad reina es la moscatel de Alejandría, un patrimonio genético que encontró en estos suelos pizarrosos y en el sol mediterráneo su hogar perfecto. Con ella se hacían históricamente los famosos vinos dulces malagueños, que en siglos pasados llegaban a la mesa de las cortes europeas. Hoy, sin embargo, el relato ha cambiado: jóvenes enólogos y bodegas familiares están devolviendo a la moscatel su esplendor, no solo en elaboraciones dulces, sino reinterpretándola en blancos secos, espumosos e incluso en vinos con mínima intervención que respetan la autenticidad del terruño.
La otra cara de esta historia es la recuperación de variedades como la romé, una uva tinta casi olvidada que vuelve a dar lugar a vinos frescos y sorprendentes, y la Pedro Ximénez, cuyo carácter expresivo en estos suelos inclinados adquiere matices sorprendentes. En conjunto, los vinos de la Axarquía ofrecen una paleta aromática brillante, marcada por notas cítricas, florales y salinas que hablan de la cercanía del Mediterráneo y de la crudeza del monte. Un mar y montaña en la copa.
Tras años de silencio, estos vinos están regresando al primer plano del interés nacional e internacional. La Axarquía vuelve a marcar tendencia porque encarna todo lo que el consumidor valora actualmente: autenticidad, trabajo artesanal, sostenibilidad y un relato de esfuerzo humano que se palpa en cada sorbo.
Esta selección de vinos de la Axarquía malagueña reflejan viticultura heroica, diversidad varietal y el resurgir de la zona: el espejo de una región que resurge de las pendientes, apostando por la tradición, el respeto al entorno y a las raíces históricas, y que ya son imprescindibles para los paladares más inquietos.
Monte Faco Moscatel Seco
100% moscatel de Alejandría en versión seca, procedente de viñas de más de 70 años plantadas en pendientes que sobrepasan el 30% de desnivel. Un vino blanco que destaca por su frescura aromática de cítricos y flores blancas, con el toque de azahar tan característico de la variedad, pero con acidez vibrante y un perfil mineral marcado por el suelo pizarroso, que hace que este vino sea perfecto para acompañar todo tipo de cocina, especialmente los pescados mediterráneos y las recetas de marisco. Precio: 6 euros.
Vidueños de Sedella Blanco
Este coupage de moscatel, doradilla, montúa y calona, todas variedades locales, ha sido criado en contacto con sus lías para aportar una complejidad extra al conjunto. El resultado es un blanco complejo, con notas de fruta de hueso y hierbas mediterráneas, muy representativo de la nueva generación de vinos de mínima intervención de la Axarquía. Precio: 21,90 euros.
Ariyanas Romé Rosado
Elaborado a partir de romé tinta, variedad autóctona rescatada gracias al esfuerzo de bodegas locales comprometidas con la recuperación del patrimonio varietal, como Bentomiz, este rosado sorprende por sus matices de frutos rojos, flor de granada y elegancia en boca. Seco, con una crianza de ocho meses sobre lías, es una auténtica delicia para los sentidos. Precio: 14,90 euros.
Fabio Coullet Orange Peels
Otra rareza que merece ser descubierta. El viticultor argentino Fabio Coullet capta la esencia de la moscatel de la Axarquía en este vino de autor de mínima intervención. Se trata de un Orange Wine procedente de agricultura sostenible y orgánica, elaborado a la manera ancestral: las uvas maceran con sus pieles a temperatura controlada, después se prensan y el mosto obtenido se deja reposar en ánforas de barro con sus lías durante 12 meses. Como dice Amaia Soto (The Wine We Wine Now), un "Halls de miel y limón". Precio: 24 euros.
Brut Nature Tartratos
Bodegas Dimobe se lanza al vacío con este espumoso de moscatel elaborado por el método tradicional que no deja a nadie indiferente. Su burbuja sutil, sus aromas de panadería y su largura nos llevan a ciegas a la Champaña. Un vino elegante, delicado, vibrante y con volumen, cuya marcada acidez es capaz de sorprender a los eruditos del carbónico fino. No en vano, las uvas se recogen de forma muy temprana, en los últimos días de julio, para asegurar un alcohol bajo y una tensión alta. Precio: 30 euros.

