En cada región, hay proyectos valientes que desarrollan vinos excepcionales. Son bodegas íntimas, artesanos del vino, con tradición e innovación en pro de la excelencia. De La Seca y Somontano a La Manchuela y Ribera del Duero proponemos seis ejemplos.
Barco del Corneta (La Seca)
Barco del Corneta encarna una historia de familia, de amistad, de humildad y de trabajo. Fundada por Beatriz Herranz, y más tarde con el apoyo de Félix Crespo, el enfoque de esta pequeña bodega es artesanal y ecológico, con un vínculo emocional y espiritual con el terruño. Los vinos se elaboran con levaduras salvajes y crianza prolongada en barricas de roble francés, lo que les confiere una frescura y complejidad únicas. Todas sus referencias, desde Barco del Corneta, su buque insignia, hasta Cucú o la trilogía Parajes del Infierno, reflejan con honestidad el carácter mineral y salino del terruño calcáreo de La Seca. Verdejos artesanos, elaborados de forma natural cuyo objetivo es acercar al público una interpretación más auténtica de esta variedad, alejándose de matices menos legítimos y optando por la etiqueta Vino de la Tierra de Castilla y León.
Bodegas Gratias (La Manchuela)
Desde Casas Ibáñez, en La Manchuela, esta pequeña bodega familiar fundada por Iván, Silvia, Ana y José tiene la misión de recuperar variedades autóctonas, algunas en peligro de extinción, como la bonicaire, la pintaillo o la tardana. Gratias se dedica a la viticultura artesanal y sostenible, cultivando viñedos viejos en secano y en vaso. Su proyecto ¿Y tú de quién eres? busca preservar la biodiversidad vinícola de la región. Casi diez años después de poner en marcha esta iniciativa gracias al crowdfunding, la bodega cuenta con toda una gama de referencias desarrollada a partir de estos viñedos recuperados. Sus vinos, llenos de autenticidad y frescura, reflejan la expresión única de cada variedad y la esencia de esta región a medio camino entre la llanura de La Mancha y la Serranía de Cuenca, conocida por su belleza natural, tradición vinícola y rica cultura gastronómica. Es un proyecto responsable y consciente en lo social y lo ambiental, que da como resultado vinos éticos elaborados desde el respeto, la honestidad y la ilusión de cuatro enamorados de La Manchuela.
Valderiz (Ribera del Duero)
Conocida por su dedicación a la viticultura ecológica y biodinámica, Valderiz es una joya en la región de Ribera del Duero. Ubicada en Roa de Duero, la historia de esta pequeña gran bodega comienza en 1980, cuando Tomás Esteban decide centrarse en la viticultura aprovechando las condiciones climáticas y del terreno para crear una de las plantaciones más reconocidas de la zona. En 1997, la familia Esteban da el paso a la elaboración y comercialización de sus propios vinos, reduciendo drásticamente los rendimientos por hectárea para obtener uvas de alta calidad. La filosofía de Valderiz se centra en el respeto por la uva y el compromiso con la sostenibilidad, utilizando técnicas naturales (como levaduras autóctonas, paneles solares) y minimizando los productos enológicos y el desperdicio del agua. Reconocimientos internacionales como los 96 puntos deWine Spectator, reflejan la calidad y pasión que se invierte en cada botella. Valderiz es un reflejo de unión familiar y amor por el vino, el ejemplo perfecto de cómo la tradición y la innovación pueden fusionarse para crear vinos excepcionales.
Muchada-Léclapart (Sanlúcar de Barrameda)
Es el proyecto más vanguardista del Marco de Jerez. Es la fusión de talentos de los vignerons Alejandro Muchada y David Léclapart, pioneros en viticultura biodinámica certificada en Andalucía. Cuatro hectáreas de viñedo con un enfoque artesanal y respetuoso, cuya dedicación ha dado frutos excepcionales como Lumière, su vino insignia, que ha alcanzado 99 puntos en la Guía Peñín2025, un hito para los blancos de palomino. O Elixir, su blanco seco de moscatel, posicionado entre los 100 mejores vinos según James Suckling, el Parker de Asia. La bodega se distingue por su compromiso con los suelos vivos de albariza, el cuidado meticuloso del viñedo y la mínima intervención en bodega. Sus vinos, todos mono-parcelarios, sin velo de flor ni referencias a los de Jerez, reflejan la sencillez y elegancia de los blancos tranquilos y la pureza del terroir y de la uva del Pago Miraflores, uno de los pagos con mejores tierras y más historia de Sanlúcar de Barrameda.
El Hato y el Garabato (Arribes del Duero)
Naturaleza viva, bodegas con historia y pueblos pintorescos donde parece haberse detenido el tiempo. Así es Arribes de Duero, la desconocida tierra de vino que dibuja la línea invisible entre España y Portugal. En este singular paisaje, José Manuel y Liliana, dos ingenieros de montes reconvertidos en viticultores, fundaron hace 10 años El Hato y el Garabato, una pequeña bodega dedicada a elaborar vinos honestos, naturales y artesanales que reflejan la esencia del terruño aledaño a Fornillos de Fermoselle. Con poco más de ocho hectáreas de viñedos centenarios gestionados ecológicamente, trabajan con variedades autóctonas olvidadas como la doña blanca, la Juan García y la bruñal. Sus vinos expresan la identidad única de Arribes del Duero, una región que aún mantiene intacta su autenticidad. Como asegura este pareja de viticultores: "Es una superficie muy pequeña y no es fácil trabajarla, pero el resultado merece la pena".
Origen Viticultores (Somontano)
En las tierras olvidadas de Aragón, un grupo de intrépidos exploradores vinícolas emprende una misión digna de Indiana Jones y Marie Curie. Origen Viticultores, más que una bodega convencional, es un proyecto de rescate y redescubrimiento del patrimonio vitivinícola español a partir de la producción biológica y regenerativa. En el Somontano, cual arqueólogos del terroir, desenterraron para La Malpregona las últimas cepas de variedades casi extintas como la parraleta y el alcañón. Sus vinos, nacidos de estas reliquias vitícolas, son un viaje en el tiempo: frescos, salinos y rebosantes de historia. Mientras tanto, en las alturas del Sistema Ibérico, el enólogo Julio Prieto tropezó con un tesoro inesperado: El Corral del Cojo. A 900 m de altitud, garnachas centenarias, cariñenas, parreles y moristeles, así como macabeos muy finos, olvidados esperaban su momento de gloria. Prieto se propuso descifrar los secretos de estas cepas resilientes. Origen Viticultores rescata la memoria de una tierra y sus gentes; cada botella en una cápsula del tiempo lista para ser descorchada.






