«No teníamos otro sitio donde ir. Mi madre era soltera y tenía dos trabajos para mantenernos a mi hermana y a mí. Veníamos de Parla y el alquiler era muy asequible. En aquella casa todo era muy familiar; salías al patio y los vecinos te saludaban. No teníamos otro sitio donde ir, pero tampoco tengo mal recuerdo».
Fatna tiene 20 años y se crió siendo una niña, hace algo más de una década, entre las quejumbrosas paredes de la icónica casa del número 10 de la calle Peironcely. La misma que el fotógrafo Robert Capa hizo inmortal con su cámara, en el oscuro amanecer de la Guerra Civil. Junto a Fatna -entonces alumna del colegio Cumbre-Oxford de Entrevías (Puente de Vallecas)-, su hermana y su madre, una familia gitana, otras marroquíes o una madre soltera con tres niños. Eran más de una decena de infraviviendas en 400 metros cuadrados. «No teníamos otro sitio donde ir...».
Aquel hogar que ella idealiza como niña de Peironcely que fue, pese a las muchas noches crudas de una vida todavía por descubrir, tiene ahora una misión en el horizonte. Según ha podido saber GRAN MADRID, dará cobijo al Centro de experimentación cultural Robert Capa que pondrá en marcha el Ayuntamiento de Madrid en 2028. Un proyecto dirigido a jóvenes en riesgo de exclusión de hasta 18 años, impulsado por el Área de Cultura, Turismo y Deporte, encabezada por Marta Rivera de la Cruz, en colaboración con el Área de Políticas Sociales, José Fernández. Y será la Fundación José María de Llanos, que Fatna conoce bien, la responsable de la programación. «Me alegra mucho que se vaya a reutilizar y deje de estar cerrada. Para mí es muy especial», recalca tras conocer algunos de los detalles del proyecto.
Pero no hay mejor lugar para medir su futuro impacto en la realidad de Entrevías, tantas veces tan áspera, que el Centro de Educación Secundaria y Formación Profesional 1º de Mayo, gestionado por la propia fundación del Padre Llanos. Un crisol con 19 nacionalidades que, entre la algarabía matinal de las aulas, cumple los preceptos de su fundador. «A Llanos le gustaba decir a los alumnos que, a pesar de vivir en el Pozo del Tío Raimundo, tenían que sentirse ciudadanos del mundo. La convivencia es difícil, pero lo primero siempre tiene que ser el respeto. Eso nos mantiene unidos», pronuncia Juan de Dios Morán, presidente de la fundación.
Subraya el origen humilde de quienes dan vida a un barrio que era un amasijo de chabolas cuando, allá por 1955, llegó el Padre Llanos. «Este es un poco el motivo del proyecto. Son familias que tienen chicos y chicas fantásticos, alumnos y alumnas maravillosos, algunos con un talento que se desperdicia y se pierde. Y eso ocurre exclusivamente porque no tienen una oportunidad. A estos chicos sólo les falta que les abran una puerta porque su familia no pudo o no puede. Y la escuela no es suficiente», advierte Juan de Dios, subrayando un mensaje que visualizó su mentor antes de fallecer (1992) e insistiendo en el ADN de un escenario peliagudo. «El chabolismo era tremendo. La droga se llevó a toda una generación y teníamos alumnos cuyos padres estaban en esta situación. Los chicos aparecían en parques con sobredosis y robaban a sus madres o a sus padres, que vivían con muy poco dinero. Él [Padre Llanos] se marchó con la idea de que la escuela no era suficiente», repite.
"La escuela no puede soportarlo todo"
Y destaca la «buena relación» con el Ayuntamiento desde hace décadas como un asunto «vital» para la propia fundación. «Lo que queremos hacer en Peironcely es contar con un espacio de seguridad, donde los chicos y las chicas tengan referentes. Donde haya profesionales capaces de vincular lo que les ocurre con la posibilidad de recibir atención psicológica si la necesitan. También queremos que puedan encontrar un sitio donde desarrollar sus capacidades artísticas. Es un espacio pequeño, pero incluso eso ayuda y rema a favor de la idea. No estamos hablando de números enormes, sino de tres espacios para unos 15 chicos cada uno», abunda en su reflexión sobre el importante desafío que tienen entre manos.
«La idea es poder contar con mentoras y mentores que sean capaces de estar ahí para que los chicos conozcan a pintores y pintoras de verdad, cineastas que escriben guiones, personas que componen, que cantan, que actúan. Es decir, referentes: los referentes que faltan y que la escuela no puede ofrecer. La fotografía, como no podía ser de otro modo bajo el nombre de Robert Capa, también tendrá un papel relevante. La escuela no puede soportarlo todo, y queremos dar este primer paso. Tiene que haber algo cuando la escuela cierre», vuelve a pronunciar con entusiasmo.
Será un espacio con varias líneas de trabajo. Desde las artes plásticas, con talleres de pintura y modelado, a las artes escénicas, para la práctica de teatro y danza. También se organizarán actividades en torno a las artes musicales, con clases de composición, interpretación y producción. Además, la literatura ocupará otra de las líneas programáticas, con cursos de creación de novela, poesía, ensayo, guion cinematográfico y textos teatrales. Dispondrá de un entorno de exposición abierta e interdisciplinar, donde desarrollar acciones culturales en pequeño formato para interactuar con la obra o con los artistas. Como es lógico, no faltará una exposición permanente sobre Capa ni una parte visitable para no olvidar aquellas infraviviendas que fueron reales.
"Mucha gente lo va a agradecer"
Pero no hay mejor manera de entender la trascendencia de ese futuro Centro de experimentación cultural Robert Capa que poniendo el oído en las voces de los adolescentes del lugar. La de Karen, por ejemplo, con la mayoría de edad recién cumplida. «Mucha gente lo va a agradecer porque es abrir el frente al avance, al progreso o a la posibilidad de algo nuevo. Muchos echamos de menos contar con un centro de este tipo», reconoce, haciendo una radiografía del entorno. «Siempre se habla de estos distritos como si hubiera personas que no sirven para nada. La gente pobre no rinde no porque sea gilipollas, con perdón, sino porque no pueden», añade a modo de elogio del futuro recurso municipal.
Resuena la voz de Eduardo, de 17 años, enamorado de la música. «Tengo muchos problemas en mi casa y desde el principio me acogieron en la banda porque se dieron cuenta de que me gusta mucho la música. Aquí me siento como en mi lugar seguro», admite tras año y medio en el centro. «Me gustaría que muchos más niños pudieran disfrutar así, porque no soy el único que tiene problemas y no tenemos muchos medios para poder hacer eso. Y en otro espacio, con más gente, con profesionales que nos guíen, que sean nuestros mentores para poder enseñar nosotros a otra gente en el futuro, eso sí será factible».
O la de Ariana, de 16, que recuerda como anécdota que repitió curso por sus problemas de adaptación. «Me dedico a escribir y me dicen que expreso muy bien las ideas. Los profes me abrieron muchas puertas para poder estar aquí y ese centro puede abrir otras a personas como yo».
«Hay mucho talento que necesita un cauce para explotar, no sólo pasar un rato entretenido con los profes, que es lo que hacemos aquí. Ese lugar servirá para desarrollar realmente el talento», sostiene Julio, profesor de Lengua y Literatura del 1º de Mayo, con el proyecto en la cabeza.
"Capa no miraba a la casa, sino a los niños"
En estos momentos el Ayuntamiento se encuentra redactando el proyecto de recuperación del inmueble, cuya inversión será de 1.050.000 euros, financiada por el Plan SURES y coordinada desde el Área de Vicealcaldía, Portavoz, Seguridad y Emergencias.
«Este edificio tiene una carga simbólica muy grande. Es un símbolo del drama de la guerra y de cómo afecta a los más vulnerables, que son los niños. Teníamos claro que queríamos hacer un proyecto que precisamente ayudase a aquellos a los cuales miraba Capa cuando sacó la foto. Él no estaba mirando la casa, sino a unos niños desnutridos y desatendidos que están intentando jugar en la calle», recuerda la delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz. «El objetivo es que, cuando acabe la jornada escolar, los adolescentes tengan un lugar al que ir para seguir aprendiendo cosas. Desde teatro a artes plásticas. También cursos de fotografía, porque la memoria de Capa va a estar siempre muy presente», profundiza sobre el proyecto.
«Es muy importante que Puente de Vallecas tenga un recurso como este, capaz de atender a los más vulnerables para que salgan adelante. La Fundación José María de Llanos hace una labor extraordinaria y queremos llegar a esas personas a través de la cultura. Que se convierta en un centro donde los más vulnerables puedan llegar a tener ese desarrollo personal muy necesario para ellos a nivel de formación, pero también cultural. Porque la cultura te hace más libre», zanja José Fernández, responsable municipal de Políticas Sociales, Familia e Igualdad.
«Tenemos que hacer algo con los chicos porque la escuela no es suficiente». Y esas palabras del Padre Llanos han seguido resonando hasta nuestros días. Sin saberlo, una de las respuestas a sus desvelos la captó Robert Capa con su objetivo hace 90 años. El que fue el hogar de Fatna. Por a ella se le dibuja una sonrisa.




