Aterrizaron ayer el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y su nutrido equipo de Gobierno en el número 142 de la calle Príncipe de Vergara, donde se encuentra la Junta Municipal del distrito de Chamartín. Quedan ya pocas paradas fuera del Palacio de Cibeles en esta legislatura, puesto que las visitas a otros distritos son costumbre mensual y la cuenta atrás hacia las elecciones municipales se empieza a palpar en el ambiente consistorial. Hay quien mira hacia el cielo, cruzando los dedos para que las incesantes lluvias (ayer dieron tregua) no pongan zancadillas en el carrusel de obras que salpica la capital. Hay quien empieza a echar cuentas y dar un paso al frente en esta ruta que, a veces, conduce a ninguna parte. Veremos.
El caso es que, ayer, en el corazón de Chamartín, enclave al que pone rostro político Yolanda Estrada, se presentó en sociedad un proyecto del que el Ayuntamiento tuvo a bien (o a mal) no dar más detalles porque la presentación oficial se realizará el próximo 18 de febrero. Es decir, que lo que ocurrió fue una suerte de spoiler. La cuestión es que el distrito contará con un nuevo barrio. Y no uno cualquiera. Se trata de un proyecto científico divulgativo que alumbrará el barrio de la Ciencia. Aparentemente, la cosa no suena mal del todo. Pero, como se ha escrito, aún hay que esperar para conocer en profundidad sus rasgos.
Lo que sí se sabe es que, a diferencia de lo que viene siendo rutina en el día a día de la política, la fluidez entre administraciones, entre el Ayuntamiento y el Gobierno Central, ha sido de lo más natural. Porque los principales ingredientes de esta futura receta para la capital son la Residencia de Estudiantes, la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el IES Ramiro de Maeztu. Esto es, cinco instituciones de «marcado carácter científico y educativo, y con espíritu de investigación», aposentadas en las entrañas de un distrito que está a punto de cumplir 78 años de romance, agarradito del brazo de la capital.
De aquel Chamartín de la Rosa a este Chamartín pujante, que mira de reojo hacia Madrid Nuevo Norte, con el soterramiento en curso del paseo de la Castellana, y clava la vista ahora en ese palpitante paisaje de marcado acento cultural y científico. Con las calles de Joaquín Costa, López de Hoyos y María de Molina, y por supuesto La Castellana, dibujando una frontera donde se abrazan la ciencia, la investigación, la tecnología y la historia, con ese eterno refugio de la Generación del 27 que fue la Residencia de Estudiantes. El proyecto despegará sostenido por la envidiable genética de un rincón de la ciudad que se pretende exprimir por su proyección científica, educativa y, claro está, turística. Será otro de los asideros de esa apuesta municipal por la descentralización y desestacionalización del turismo, un día después de que fueran desvelados los fastos del Año Chino que tiene como epicentro el distrito de Usera.
El recuerdo de Einstein y Curie
A la espera de conocer en profundidad los pormenores, sí que ha trascendido parte de la aventura que se va a emprender. Habrá obras de intervención y adecuación del espacio con peatonalizaciones y placas con citas de científicos ilustres. También talleres, visitas, cine, jornadas y actividades sobre ciencia, hitos importantes y personajes científicos. Albert Einstein, para quien José Ortega y Gasset ejerció de traductor, y Marie Curie llegaron a hacer parada en la icónica Residencia de Estudiantes.
Para el impulso de este barrio en ciernes, para el que aún no se conoce timing ni hoja de ruta definida, se editarán guías, planos y mapas ilustrados, así como merchandising y campañas de publicidad. La cuestión es que este nuevo reclamo turístico, que permitirá conocer todo lo que sucedió (y sucede) en ese pedazo de Madrid, y donde la ciencia y la cultura hilvanan una fórmula de éxito, está en camino de transformarse en epicentro de lo que los anglosajones conocen como distrito STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).
Se levantó la sesión ayer con un puñado de incógnitas por resolverse en torno a ese proyecto, al tiempo que el Ayuntamiento sacaba pecho por las bondades presupuestarias (29 millones en 2026). Eso sí, aún hay cuestiones pendientes en Chamartín.

