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Son Enrique Ossorio (Badajoz, 1959) y Borja Fanjul (Madrid, 1975), directores de orquestas, la de la Asamblea y el Ayuntamiento, en los últimos tiempos estridentes y desafinadas. Ambos en la diana permanente de una izquierda que no suele comulgar con sus decisiones desde el atril. «No nos consideramos polis buenos o malos, somos árbitros y tenemos la conciencia tranquila», proclaman ambos, reunidos por GRAN MADRID, desde el gran salón de la Asamblea cuyo inusual silencio se hace trizas hoy tras más de un mes de paréntesis.
- «Ayer Fanjul, hoy Ossorio. En los plenos presididos por el PP la censura es la ley. Hay más libertad en una Duma rusa». El tuit, de Rita Maestre, es de hace poco más de un año. ¿Están de acuerdo?
- BORJA FANJUL. Para nada. Los Plenos son mucho más de lo que luego sale en los medios. Duran una media de ocho horas y hay siempre algún conflicto puntual, pero suelen ser más tranquilos de lo que trasciende. Aunque es verdad que en los últimos dos años hay más altercados, no es el circo que muchas veces se vende.
ENRIQUE OSSORIO. Hay momentos puntuales en que hay conflictos y nos toca intervenir para evitar que se interrumpa a otros diputados. Estamos obligados a respetar ese derecho del que habla y, desgraciadamente, muchas veces hay gente, hay grupos que de una manera deliberada intentan interrumpir y poner nervioso al diputado que está hablando para que no exprese lo que considere. - Al ser ambos del Partido Popular, ¿les falta mano izquierda?
- B.F. Ni mano izquierda ni mano derecha. Hay un reglamento y lo que hay que hacer es respetar el reglamento, atenerse al reglamento y tratar de que los Plenos sean lo más ordenados posible, sin mirar los colores de las personas que interrumpen o que atentan contra el reglamento.
E.O. Ser imparcial es muy complicado porque somos humanos. Cuando un diputado insulta a una acción del PP, lógicamente te duele. Por mucho que seas presidente y tengas que ser imparcial. Pero intento abstraerme y aplicarlo con equidad a los distintos grupos. Hay gente que me para en la calle y siempre sé lo que me van a decir: «Qué paciencia tiene usted». Hay que tener paciencia y no enfadarse. Cuando alguna vez me sacan de quicio y me enfado de verdad, me castigo porque pienso: «No lo debes hacer, es lo que están buscando». - Tendrán la sensación de que son los malos de la película...
- B.F. Mi sensación es que cumplo el reglamento. Que llamo al orden tanto a los de las derechas y los de las izquierdas. Exactamente igual. Están muy identificados quiénes son los que alteran el orden de los Plenos. En el caso del Ayuntamiento, hasta que llegó Reyes Maroto (PSOE) los plenos eran mucho más tranquilos. Hay gente cuya forma de hacer oposición es crispando. Tengo la conciencia muy tranquila y no me considero ni poli bueno ni poli malo. Soy la persona que tiene que arbitrar y llamar al orden a quien tenga sea.
E.O. Una antigua presidenta de esta Asamblea me dio un consejo a las pocas semanas de ser elegido presidente. Me dijo: «Piensa que eres necesario. Lo que estás haciendo evita que pienses que eres el malo de la película, el que censura, el que corta...». Si en el Pleno cada uno interrumpiera e insultara a su antojo, dejaría de ser un pleno de debate y sería de confrontación. Por tanto, me vino muy bien esa frase, que fue de Paloma Adrados. - ¿Llevan la cuenta de las veces que han pedido su dimisión?
- B.F. La mía la han pedido muchas veces en los medios, pero que luego se haya materializado como una iniciativa en el Pleno, creo que una. Aunque tampoco llevo la cuenta.
E.O. Yo tampoco llevo la cuenta. Cuando hay mayoría absoluta de la Mesa de esta institución, es muy socorrido el pedir la dimisión, Lo tengo totalmente asumido. Sentiría equivocarme, sentiría hacer algo mal y que pidieran la dimisión. Pero, mucho más que yo pensara que tienen razón. Eso sí me dolería mucho. De momento no lo he sentido ninguna vez.
Borja Fanjul sucedió a Manuela Carmena al frente del Pleno, ya que hasta 2019 era la alcaldesa quien llevaba las riendas. Sin embargo, cuando Almeida empuñó el bastón de mando por primera vez delegó esas funciones en su concejal para poder plantar batalla política desde su escaño. «Fue una decisión acertadísima. El reglamento debería indicar que el alcalde fuese parte del debate y no de la dirección del Pleno».
- ¿Y qué aprendió de la labor como árbitra de su predecesora?
- A nivel personal siempre tuve una relación excelente. Siempre ha sido muy cariñosa conmigo. Pero como presidenta del Pleno también he aprendido mucho. He aprendido a no intentar salirme de mi función de presidente como hacía ella. Nos daba unos larguísimos sermones como si fuese nuestra madre y tratase de educarnos. Lo que tiene que hacer un presidente del Pleno del Ayuntamiento es ceñirse al reglamento, a los tiempos y a los artículos que nos guían para tener un pleno lo más ordenado posible y no tratar de aleccionar en ningún momento a los grupos de la oposición. He aprendido a hacer justo lo contrario que hacía ella.
- Ambos saben cómo es la vida fuera de la presidencia, como diputado o concejal. ¿Lo echan de menos? ¿Dirían que se vive mejor?
- B.F. Se vive de una forma distinta. Cuando uno está sentado abajo en un escaño, está 100% defendiendo la posición de su grupo. Desde la mesa no se puede, por ejemplo, manifestar aprobación o desaprobación en las intervenciones. No podemos aplaudir cuando interviene un diputado o un concejal de los nuestros, con lo cual lo vivo de una forma distinta. ¿Lo echo de menos? Pues a veces sí. A veces me gustaría manifestar aprobación después de una intervención y me tengo que callar. O alegría, por ejemplo, tras aprobar los presupuestos. Cuando mis compañeros aplauden a la concejala de Hacienda [Engracia Hidalgo], yo tengo que estar sin aplaudir y me encantaría manifestarme mucho más.
E.O. A mí me ocurre lo mismo. Cuando era consejero podía decir las razones que tenía para defender la labor que hubiese sido y que era criticada por la oposición. Eso te sirve de desahogo. Ahora, como presidente del Pleno, me esfuerzo en no sonreír y no mostrar cara de disgusto. Oigo intervenciones que me harían reír y otras que me producen un gran disgusto. Intento estar imperturbable porque es mi obligación, pero me cuesta. A veces me gustaría ser más duro, porque en España están pasando cosas que a mí, que he conocido la Transición siendo mayor de edad, me espantan. Pero tengo una contención de que no puedo expresar.
Si Fanjul tiene una sesión municipal cada mes, a Ossorio, que hoy regresa a escena en la Asamblea con el primer Pleno de 2026, le toca enfrentarse a tres. Y eso, según admite, también lleva una cierta preparación mental. «No ocultaré que el lunes ya estoy pensando que el jueves tengo Pleno. Y el martes diré: «Ya es pasado mañana». Y el miércoles: «Es mañana». En cada pleno nunca sabes cuándo va a surgir la chispa y el problema. Es impredecible la materia que generará confrontación. No puedes estar nunca prevenido y eso sí me preocupa».
Ambos coinciden en que lo más positivo es la relación con portavoces y diputados/concejales es lo más positivo. Sin embargo, hay momentos complicados de gestionar. «Tardé en expulsar al concejal Daniel Viondi (PSOE) cuando agredió al alcalde porque tuve que llamarle tres veces al orden hasta que me hizo caso. A Javier Ortega (Vox), tras tirar una botella de agua a Rubiño (Más Madrid), no puede echarle porque le pedí que se sentase en su escaño y accedió. Esas dos veces eché de menos otro reglamento», reconoce Fanjul.
Mientras Ossorio rememora aquel episodio con una bandera de Palestina que Más Madrid colocó en el sillón de un diputado. «Tuve que llamar a un funcionario de la Asamblea, a un ujier, para que la retirara. Yo lo sentí por él, porque nosotros estamos en la política y ya estamos curados de espanto. Me dolió, pero no tenía más remedio porque se había originado una situación incomodísima. Los diputados de Más Madrid no la retiraban e impedían que los ujieres entraran para hacerlo».
- Son conscientes de que, probablemente, estén viviendo los Plenos más broncos de la democracia. ¿Por qué?
- B.F. Está muy claro. Hay mayoría absoluta en la Comunidad y en el Ayuntamiento, y aprovechan el foco de los Plenos para tener su momento de protagonismo. Es el día que pueden, generando crispación, aparecer en los medios y dejar su mensaje. Eso no pasaba hasta ahora porque a lo mejor los concejales que estaban antes en la oposición, igual que estuvimos nosotros con Carmena, tratábamos de hacer oposición todo el mes, no sólo el día del Pleno. Ahora tendrán instrucciones de intentar reventar los Plenos para salir en los medios, como si la ciudad no funcionase bien.
E.O. En la Asamblea empezó en 2015. Yo era consejero y los Plenos eran duros en cuanto al debate con el PSOE. Pero ese año todo cambió. Estamos compitiendo con TikTok, con que se graban 20 segundos donde se insulta y se descalifica. Hay unas instrucciones de destrozar los Plenos y eso es muy negativo porque produce desafección en las personas. La gente que observa los plenos y ve esos insultos al final como lo único que ocurre, sin atender al resto de la sesión, tiene la sensación de que los parlamentos no sirven para nada. Sólo para insultarse. Que aquí no hay debates constructivos. - El mensaje llega más amplificado al tratarse de Madrid y, también, a tratarse de Ayuso y Almeida.
- B.F. Somos un altavoz y un espejo donde se miran todos. Lo que pasa aquí tiene mucha más repercusión, pero tenemos que ceñirnos a nuestro trabajo y seguir el reglamento de la forma más imparcial posible.
E.O. La Asamblea, después del Congreso y el Senado, es, sin duda, el parlamento más conocido de España y el que más sale en los medios de comunicación, en las redes sociales. Y que Isabel Díaz Ayuso o Martínez-Almeida sean la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde del Ayuntamiento incide en la crispación y polarización que existe. - ¿Tienen algún truco para oxigenar el cerebro después de tanta tensión?
- B.F. Salgo de los Plenos muy estresado e hiperactivo. Hay que estar controlando el tiempo, que no haya insultos, que fluya todo de la mejor forma posible. Son muchas horas, mucha tensión y cuando acaba me voy a casa y espero al día siguiente.
E.O. Pues la mejor manera de preparar el post Pleno es estar tranquilo y cuando hay situaciones incómodas, intentar resolverlas con ironía, algo de sentido del humor y no enfadarse. Lo que más me desagrada es cuando consiguen enfadarme, porque es lo que buscan. Y luego, cuando acaba el Pleno, pienso que me llevo fenomenal con todos ellos. Que hay diputados que me gritan barbaridades y luego me los encuentro por aquí y nos vamos a desayunar y nos lo pasamos fenomenal. Intento pensar en eso porque si no duele y cuesta. Hay que olvidar rápidamente. - ¿Se han llevado algún tironcito de oreja de sus jefes?
- B.F. Yo no. Y eso que he tenido que llamar al orden al alcalde cuando ha tocado. Y a la vicealcaldesa, los delegados, concejales de mi partido... Nunca he recibido ninguna instrucción y espero que siga siendo así.
E.O. Yo, afortunadamente, exactamente igual. Es como debe ser y me alegro mucho que sea así. - ¿Son más actores o políticos?
- B.F. Cuando presido soy más actor que político porque intento no manifestar emociones. Pero cuando bajo al escaño a intervenir como concejal soy absolutamente político. Tengo las dos facetas y las dos las llevo al 100% en la medida de lo posible.
E.O. Tengo que ser también imparcial cuando dirijo el Pleno. Pero luego no soy imparcial. En mi vida normal y en mis opiniones, o simplemente cuando leo la prensa, no soy imparcial. Lógicamente, yo tengo unas ideas y estoy con ellas hasta el final. - ¿Con qué concejal o diputado que no fuera de su partido se sentaría a tomar un café?
- B.F. Esa es fácil, con Fernando Martínez Vidal (Vox). [Hay risas porque perteneció al PP hasta 2019].
E.O. Me llevo fenomenal con todos. Podría hablar de Manuela Bergerot (Más Madrid) o Mar Espinar (PSOE). Me costaría decir sólo uno. - ¿Y si les invitase Pedro Sánchez?
- B.F. No me fiaría de lo que me dé.
E.O. No sé qué pintaría tomándolo con él. No entendería la invitación.



