MADRID
Errante en la Sombra

'Express & Star'

Ejem, ejem: nos conocemos todos. Cuando a un periodista le sale un titular pasado de rosca, su colega le dice ¿Lo ponemos en interrogaciones?

Boris Johnson, en el Museo del Prado.
Boris Johnson, en el Museo del Prado.EFE
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¿La Guerra que perdimos todos? Al final, no me enteré bien de si el título de Letras en Sevilla era con interrogaciones o sin ellas o si era con interrogaciones pero se despistaron al componer el cartel y este salió sin y sólo por esa bobada se montó el lío que nos tuvo en vilo la semana pasada.

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Da igual: ese truco de las interrogaciones lo he hecho yo, o sea que os comprendo, queridos amigos de Letras en Sevilla (si, en el fondo, os doy la razón en la discusión), pero a la vez, ejem, ejem: nos conocemos todos. Cuando a un periodista le sale un titular pasado de rosca, su compañero de mesa mira a su pantalla, ve que ha puesto, pongamos un ejemplo zafio, «Los españoles son todos unos gandules», y le dice al autor: «Oye, vas un poco fuerte, ¿no?». Sigue entonces este diálogo:

-¿Tú crees?

-Tío, no sé. [Silencio dramático]

-¿Y si lo ponemos entre interrogaciones?

-Venga.

Y así sale el titular «¿Son todos los españoles unos gandules?», que suena como de Boris Johnson en el Express & Star de Wolverhampton. Dios mío, qué oficio este, tan divertido y tan flamboyano, como diría Boris. Y qué pena que al chaval lo echaran del periodismo por embustero, qué gracioso que se pasara entonces a la política y qué tremendo que le fuera tan bien.

Me despisto, perdón. ¿La Guerra que perdimos todos? Hablé con un amigo, Fernando Calvo, autor de la monumental La Guerra Civil, una historia total (Arzalia, 2022), y le pregunté que cómo le sonaba la frase. Su respuesta, en resumen, es: 1) llegar al 18 de julio de 1936 fue un fracaso colectivo o sea que sí, fue una derrota de todos. 2) Que el hecho de que la primera piedra la lanzaran unos y no otros es un dato relevante. 3) Pero que el mal de España no se agotaba en esa primera piedra. Añado una idea que estaba en La Guerra Civil, una historia total: una cosa es la guerra y otra es la victoria, que en España no fue reconciliación sino humillación y venganza, y al respecto no hay muchas vergüenzas que repartir. Habíamos ganado la guerra es el precioso título de un libro de Esther Tusquets que nunca llegué a leer. Yo no sé cómo es que un simple verbo puesto en pretérito imperfecto puede expresar tanta tristeza y tanta vergüenza. Perdón: cómo puede expresar tanta ¿vergüenza?

Calvo sacó un libro nuevo en otoño pasado, Las huellas de la Guerra Civil, que es eso mismo que promete su título: un inventario de los restos del campo de la batalla: de los monumentos que se erigieron, de las ruinas que nadie reparó, por los libros que están en la biblioteca de nuestros padres y de las palabras que se nos han quedado en el vocabulario. La reciente reaparición de la palabra «rojo», por ejemplo, me tiene un poco asombrado.