MADRID
Del moro al Foro

Cholo Simeone: el mal salvaje

Solo hay algo peor que ser objeto del bullying sistematizado. Ser el encargado de ejecutarlo, la marioneta del sistema, un mal salvaje, o sea, El Cholo

El Cholo sufre una crisis existencial en el derbi
El Cholo sufre una crisis existencial en el derbiKai FosterlingEFE
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SOLO una persona tiene bula para librarse hasta del sermón de Jorge Valdano, el autoproclamado árbitro de la etiqueta en la conversación pública. Vive entre nosotros, en la ciudad, quiero decir, y su coartada es entrenar al Atlético de Madrid, el equipo que levanta simpatías por su manera limitada de comparecer, la precariedad buscada y su epopeya sin gracia. Los equipos son el reflejo de sus entrenadores y este cholismo, como una especie de sanchismo con problemas de alopecia, gana el relato, pero pierde en todo lo demás. El Cholo Simeone, por su consideración de pobrecito mejor pagado del mundo, tiene permitido profanar los lugares sagrados perimetrados por los medios de comunicación. Su función, además de huir hacia delante, es practicar el bullying, atropellar la convención Carlota Corredera sobre la salud mental y montar un dispositivo victimista cuando la mala educación le golpea de vuelta en su recorrido de bumerán.

El otro día, en el derbi de la semifinal de la Supercopa de España, buscó la complicidad del mainstream al dirigirse a Vinicius, el futbolista linchable, con una predicción sobre su futuro en el Real Madrid. No había visto nada parecido dentro del considerado fútbol por otros medios, esa manera de encontrar un hueco en la constelación de talentos de la que El Cholo ha hecho su medio de vida. Esa manera acomplejada de disfrazarse de tipo elegante, ese punto de fugado de sí mismo, ese discurrir por la vida sin alcanzar el mínimo, tocó techo cuando probó la excepción Vinicius. Para el delantero brasileño no aplican las normas de civismo, a pesar de cumplir los mandamientos de los Bardem repartidos por la vida. Ocurre que es un negro contestón que pone en jaque el sistema perverso que ha permitido a un puñado de rednecks ganar mucho dinero haciendo radio, entre otras cosas.

Hay algo siniestro en provocar en cada ocasión la reacción de Vinicius. El acoso, en realidad, muestra un supremacismo cañí: si reacciona, es primario; si no, está domado. Así funciona, en pleno siglo XXI, por utilizar la expresión favorita de los hiperventilados, nuestro ecosistema futbolero. Una cosita. Solo hay algo peor que ser objeto del bullying sistematizado. Ser el encargado de ejecutarlo, la marioneta del sistema, un mal salvaje, o sea, El Cholo.