La legendaria sala Fabrik de Humanes acoge el próximo sábado 17 una nueva velada de Code con la DJ Fatima Hajji como oficiante de una sesión 'all night long' de siete horas. Todo un reto que se ha convertido en algo habitual para la productora, que afronta la noche para ella sola por cuarta vez.
«Es una sesión que me mantiene durante todo el año activa», explica Hajji. «Son ya cuatro veces y hay 'tracks', que son los míticos míos, que tengo que poner porque han estado durante toda la trayectoria de mi vida, más los nuevos, porque son siete horas, y es una sesión que tiene que ser muy variada»
Un 'all night long', señala «supone que es público que sabes que van a lo que van; van a escucharte a ti, es un mismo gusto musical, una misma emoción y una misma sensación a través de la música. No es una sesión de dos horas, que se podría comparar a cuando haces un entreno rápido en el gimnasio, todos los músculos, boom, rápido. Metes todo, lo más cañero para que estén constantemente arriba, en el 'high'». Por el contrario, «una sesión de siete horas es mucho más complicada, porque quiero tenerlos a todos arriba, para que al día siguiente tengan agujetas. Ése es mi propósito».
No es la única dificultad: «En esta época, debido a las redes sociales tenemos un enorme déficit de atención, porque estamos todo el rato haciendo 'scroll'. Y no es fácil pararte en un vídeo, tiene que interesarte mucho. Por eso mi trabajo es ése: hacer que a la gente le interese mucho ese momento, que la gente se olvide de sus problemas esas horas, que se evadan o que, de alguna forma, se limiten a ser felices o tengan ese momento de no estar pensando en otras cosas».
«Son ya muchos años pinchando», apunta, por lo que la DJ sabe cuándo toca cada cosa: «Cuándo les tengo que dar un respiro, cuándo les tengo que dar el 'drop', cuándo meter una melodía para que cojan fuerza, o una cantadita para que les sea un poco más ligero. Y también sé cuándo les tengo que decir: 'Vale, ahora ya habéis respirado, ahora voy con vosotros'».
Hajji es una veterana del 'techno', estilo surgido en Detroit a finales de los 80 que ahora está experimentando su enésimo renacer. «Todo es cíclico. Viene una ola de 'hard groove' luego otra de 'hard techno', luego 'schranz', luego vuelve otra vez, pero al final todo es la misma base, todo es el 'techno'», detalla.
Para ella, «el bombo, da igual que sea digital o analógico, es un golpe en el pecho que nos mueve a todos. Algo muy sencillo de interpretar emocionalmente». Y pone un ejemplo: «Me mandan muchos vídeos de niños pequeños que les ponen vídeos míos de YouTube y que están saltando y no saben por qué. Creo que es porque esta música transmite alegría. Y hace muchos años, en el Amazonas o donde fuese, era igual».
Pero, a pesar de la popularidad que vuelve a cosechar esta vertiente electrónica, quiere dejar claro que no se trata de una moda para el postureo. «Muchos artistas se limitan a poner el botón de 'sync', que para mí es como ponerte el Spotify. Una canción detrás de otra que se sincroniza y punto, se acabó. Pero no creo que haya ningún robot que pueda transmitir o leer a la gente como hacemos los DJs».
«Al principio éramos unos pocos y éramos los raros, los mal vistos. Y ahora estamos en los mejores festivales del mundo y en el escenario principal», recuerda sobre la transformación de la escena. Alejada de antiguos estereotipos de sordidez -«No tomo drogas. De hecho, ni bebo alcohol cuando estoy pinchando. Luego sí me tomo mi copita de champán, si lo hay»-, la disc-jockey aplaude el cambio que se ha ido produciendo: «Me encanta la nueva generación, cómo ha ido evolucionando. Antes éramos muy cerrados, como si estuviésemos haciendo algo malo, prohibido: que no se nos vea, todo apagado y sin luz. Ahora me encanta que la gente se deje ver como es, que nos veamos las caras, que estemos orgullosos de la música que escuchamos, de lo que bailamos».
Ahora bien, agradece haberse curtido a golpe de experiencia. «Empecé con 16 años, con vinilos, porque en esa época no había otra. Y realmente lo agradezco, porque te da esa experiencia que hace que ahora sea mucho más fácil con los CDJs. En los clubs, en los festivales, la ecualización para el vinilo es muy complicada. Lo paso mal, porque se salen las agujas, se acoplan, no funciona bien, el sonido es diferente, la ecualización no está hecha para vinilo, sino para digital, y las frecuencias son completamente diferentes», relata sobre aquellos comienzos. Regresando a ellos, evoca: «Me apunté a un curso, el profesor me apuntó a un concurso de DJ y lo gané. Y la sensación que tuve cuando estuve pinchando, con la gente gritando, disfrutando y bailando, fue muy breve, pero dije: esto es lo que me gusta».
Respecto a la superación o no del machismo, Hajji aporta su punto de vista: «Desde el principio se me atacó muchísimo por ser mujer. Pero lo peor de todo es que no era un ataque del público, sino más de otros DJs. Sigo teniendo que demostrar siempre mucho más que cualquier otro DJ para poder conseguir lo que tal vez ellos tienen porque son hombres. Afortunadamente, hoy por hoy hay muchísimas mujeres y ya ha quedado súper claro» que las diferencias entre ellos y ellas pertenecen al pasado.
De igual manera, rememora el salto a la gran metrópoli. «Al principio no fue fácil, porque yo venía de Salamanca y cuando llegué a Madrid, imagínate: hay tantísimos DJs que al final es mucho más complicado hacerte un hueco». Pero se lo hizo. Y en el camino descubrió algo: «Que todos los DJs quieren venir a pinchar aquí. Su meta es: cuantas más fiestas tengan en España, mejor. Porque somos un público muy potente, tenemos una cultura bastante fuerte y tal vez no haya ese 'underground' que hay en Berlín, pero tenemos otras cosas. Tú les preguntas a los DJs: ¿qué queréis? ¿Pinchar aquí o aquí? Y te van a decir que España». ¿Los motivos? «El público español es muy sentido, tiene muchísima energía. Por eso, cuando terminas el set con un público que ha estado a su bola o mirando para atrás es otro mundo. El público español está ahí dándolo todo y te vas al hotel encantado de la vida».
Al final, una sesión como la de Fabrik termina siendo un pequeño modelo del mundo. «A muchos políticos y a mucha gente de arriba les interesa que nos peleemos. Para eso están, para que nos peleemos entre nosotros por nuestras creencias, porque al final son creencias. Pero en una fiesta hay gente de diferentes creencias y formas de pensar. Y lo que les mueve es la música. Es que incluso se hacen amigos, aunque luego tengan otras cosas en las que choquen. Pero es súper importante que en la música no haya barreras. Ni de colores, ni de políticas, ni absolutamente de nada. Es simplemente música. Y venimos aquí todos a hacer lo mismo. Ésa es la clave de la música: que junta a la gente y no la separa».

