MADRID
Sucesos

El fuego de más de 600 grados que acabó con la vida de Carmen y sus dos hijos en Carabanchel: "Les encontraron abrazados en el baño"

La nonagenaria Carmen, que falleció junto a su familia en un incendio : "Ha sido un infierno, estamos en shock"

Un agente de la Policía Científica inspecciona el interior de la vivienda.
Un agente de la Policía Científica inspecciona el interior de la vivienda.DANIEL J. OLLERO
Actualizado

Una vivienda situada en el tercer piso de la urbanización de la calle Moreno, en el distrito madrileño de Carabanchel, se convirtió en una trampa mortal durante la madrugada de este viernes. Allí murieron Carmen, de 90 años, y sus dos hijos, de 56 y 66, en un incendio doméstico descrito por los servicios de emergencia como «muy virulento». Los hijos fallecieron por inhalación de humo en uno de los baños del apartamento, mientras que el cuerpo de la madre -hallado en otra estancia- resentaba importantes quemaduras a causa de un fuego que arrasó por completo el interior del piso, que ha quedado inutilizado.

La escena seguía siendo peligrosa horas después de que las llamas se encontrasen totalmente extinguidas. Los agentes de la Policía Científica tardaron buena parte de la mañana en poder acceder al interior debido a la acumulación de humo y a las altas temperaturas que persistían en la vivienda.

Cuando finalmente lo hicieron, a media mañana de ayer, iban equipados con protección en el rostro y la cabeza, además de mascarillas, para evitar intoxicaciones por inhalación de gases tóxicos generados durante la combustión. Según explicaron a GRAN MADRID fuentes de Emergencias, tras incendios de esta intensidad, el aire puede seguir cargado durante horas -o incluso días- de contaminantes invisibles como monóxido de carbono, cianuro de hidrógeno o partículas finas de hollín, un riesgo que obliga a extremar las medidas de seguridad aunque las llamas ya estén completamente extinguidas.

Según explicó el jefe de guardia de los Bomberos de Madrid, Juan José García, los efectivos tuvieron enormes dificultades para entrar en el domicilio debido a una puerta acorazada que dificultó las labores de extinción y rescate, y que los bomberos tuvieron que romper con ayuda de explosivos.

Una vez dentro, comprobaron que el fuego estaba plenamente desarrollado, con la vivienda inundada de humo y temperaturas extremas. En incendios de este tipo, las temperaturas pueden superar con facilidad los 600 u 800 grados en las zonas más afectadas y alcanzar picos aún mayores cerca del foco, mientras que en estancias contiguas el calor es suficiente para provocar colapso respiratorio en pocos segundos. Durante las labores de extinción, se localizaron los cuerpos sin vida de las tres personas.

El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, se desplazó hasta el lugar del suceso y confirmó que los dos hermanos fueron encontrados ya sin vida, «abrazados, en el cuarto de baño», y que la madre se hallaba en otra estancia del piso. «Una tragedia», resumió, al trasladar un mensaje de ánimo a los familiares y pedir prudencia, mientras avanza la investigación para esclarecer el origen del incendio, que solo afectó a esa vivienda del bloque.

En la calle, el impacto emocional era evidente. La ventana del piso siniestrado da a la calle María Lejárraga, donde vecinos, curiosos y una decena de periodistas se detenían en silencio para observar el ir y venir de los servicios de emergencia y los estragos del fuego.

«Carmen, la mujer fallecida, y su hijo vivían allí desde hace muchos años. Salían muy poco por la edad de ella y porque él tenía algún tipo de discapacidad mental», relataba una vecina, aún conmocionada mientras retrataba los estragos del fuego con su móvil. Otros residentes del edificio comentaban, con cautela, que la familia arrastraba un problema de acumulación de objetos «tipo Diógenes» y especulaban con que esa circunstancia pudo agravar la violencia o la expansión del fuego, sin que por el momento exista confirmación oficial al respecto.

La noticia provocó una fuerte conmoción en todo el barrio. Durante toda la jornada de ayer, en los restaurantes cercanos, los camareros hacían zapping entre los distintos canales de televisión y subían el volumen de los televisores para intentar entender qué le había pasado a esta familia durante la noche anterior. «Ha sido un infierno, estamos en shock», sintetizaba un vecino de la urbanización donde se produjo el siniestro, mientras regresaba de hacer la compra, todavía incapaz de asimilar la muerte de Carmen y de sus dos hijos en este trágico incendio.