- Lotería de Navidad 2025 La lotera que reparte suerte entre los empleados de Mercamadrid: "El Estado se lleva un 30% y podría llevarse un 27% para que los demás ganásemos más"
Durante años se pensó que la expresión «la ciudad que nunca duerme» pertenecía en exclusiva a la Gran Manzana. A sus calles iluminadas, al glamour y a los teatros de Broadway de Nueva York. Sin embargo, junto a uno de los costados de la M-40, existe otra ciudad insomne, mucho más discreta pero absolutamente imprescindible para el día a día de millones de personas.
El pasado lunes, a las 05.00 de la mañana, el bullicio reinaba en Mercamadrid para afrontar el siempre estresante final de año, con la insaciable Nochebuena de una capital de casi cuatro millones de personas esperando para llenar sus mesas de viandas. Y no es algo habitual allí, pues los lunes son el día en el que esta gran enclave tiene por costumbre cerrar sus puertas. Pero no era una jornada cualquiera.
«No se contrata a más gente, se trabaja a destajo durante más horas. Se empieza a las 21.00 horas y se acaba a las 7.30 de la mañana», apunta una empleada de la gran lonja madrileña, clavada a la orilla de la M-40. Este es el segundo mercado mayorista de abastos más grande del mundo por volumen (sólo superado por Toyosu, en Tokio) y el primero en variedad de especies. Una auténtica capital logística en la que el rey es el producto de calidad que abastece a más de 12 millones de consumidores, con alimentos provenientes de más de 50 países.
En estos días de invierno abunda el lujo y los excesos en las mesas españolas. Eso se refleja en el funcionamiento en los puestos de venta, que se blindan con productos específicos para las Navidades. Centenares de cajas de ostras que se amontonan en un solo mostrador, cetáreas repletas de mariscos como el bogavante o la cigala que evidencian la peculiaridad de estas fechas.
En vísperas de Navidad, el pulso del mercado se acelera hasta niveles difíciles de imaginar. El ajetreo es aún más caótico que en una jornada habitual. En el interior de las enormes estructuras del polígono -la nave dedicada al pescado y al marisco ocupa una superficie equivalente a seis campos de fútbol- se produce un vaivén incesante de transpaletas, cajas y residuos.
En un día como este el ruido habitual se mezcla con los villancicos que resuenan en los altavoces de las naves, en especial el de la canción navideña creada por Mercamadrid, que algunos vendedores ya se saben de memoria. Otros acompañan su atuendo invernal con gorros navideños. Un baile perfectamente sincronizado que, cada madrugada, ejecutan los 9.000 profesionales que trabajan en este inmenso recinto de 222 hectáreas, una dimensión superior a la del Principado de Mónaco.
Muchos trabajadores van con los rostros tapados por el frío y en los coches aparcados abunda la escarcha. La temperatura es gélida, y no solo porque GRAN MADRID acude a la cita de madrugada, sino porque ello es un factor clave para la conservación de determinados productos. El punto más frío se encuentra en una cámara de grandes dimensiones que alcanza los 13 grados bajo cero. Al entrar, el suelo resbala por la capa de hielo que lo cubre y pasados unos minutos, la tela de la ropa comienza a congelarse. Unas infraestructuras capaces de recrear las condiciones necesarias para garantizar la calidad de los productos.
Entre los alimentos pesqueros más demandados actualmente destacan el salmón ahumado, el abadejo de Alaska y el pulpo cocido. Aunque hoy lo más codiciado son los congelados por su fácil preparación, creciendo su consumo un 225%. "El langostino y la gamba han perdido peso, mientras la vieira y la zamburiña están de moda", confiesa Julia Gonzalo, presidenta de la Asociación de Empresarios Mayoristas de Pescados de Madrid (AEMPM). Estos productos son los favoritos durante estos días. Los berberechos alcanzan un incremento de venta del 128% respecto al resto del año.
Aun así la centolla gallega sigue siendo la reina de las Navidades. Mercamadrid también se adapta a las modas sociales y gastronómicas. Cuando un alimento se convierte en tendencia y genera un boom de consumo, los proveedores deben ingeniárselas para abastecer a los compradores: "La gilda está creciendo en demanda de una forma que no somos capaces de atender todo lo que se pide", explica Óscar, vendedor en Mercamadrid desde 1994. Caso similar es el del atún rojo. "Empieza a estar entre los principales productos del mercado", asegura Gonzalo.
Pese al engranaje perfecto que sostiene el mercado, no todo es sencillo. Encontrar personal sigue siendo uno de los grandes retos. "No es un problema de dinero, es un problema de horarios", reconocen. Las jornadas laborales no encajan en la vida social estándar: aquí se trabaja cuando el resto de la ciudad duerme. Aún así, gran parte del mercado se rige por una cuestión familiar, donde segundas y terceras generaciones mantienen viva la profesión. Es el caso de Guillermo, de solo 25 años, cuyo abuelo arrancó la pescadería Ernesto Prieto en los años 60. "Es muy bonito que el negocio siga creciendo y que quienes lo heredamos queramos mantenerlo", explica el joven pescadero.
Las frutas y verduras cuentan con su propio espacio: seis naves dedicadas exclusivamente a estos productos, donde el cliente puede encontrar desde el género más común hasta el más raro y exótico. Frutas procedentes de África, el sudeste asiático o Sudamérica irrumpen con fuerza, impulsadas por las nuevas tendencias gastronómicas.
Hoy, en pleno Madrid, es posible degustar productos atípicos que llegan frescos en apenas 48 horas, como el lichi de Madagascar, las fresas blancas o la pithaya. "La velocidad del transporte es clave para la calidad", explican. "En nuestro negocio jugamos contra el tiempo", dice Óscar.
La Navidad es uno de los momentos de mayor repunte de consumo y eso se refleja claramente en el interior de las naves. "Las uvas duplican o incluso triplican la demanda de cara a Nochevieja", explican desde el sector. También hay orgullo por el producto nacional. Más del 75 % de lo que se comercializa en Mercamadrid procede de nuestro propio país, una cifra que refuerza el peso del mercado y del sector agroalimentario español.
La conservación del producto es determinante. Regina, propietaria de un puesto de verduras y hortalizas, ha perfeccionado el método para preservar una de las joyas de su género: el brócoli: "Hemos comprobado que guardándolo en cajas de poliestireno con hielo se conserva mucho mejor. Al final lo importante es tener un buen producto y encontrar la manera de que llegue a la mesa como si lo acabaras de cortar".
A este engranaje esencial se suma ahora un cambio de calado institucional. El Pleno del Ayuntamiento de Madrid ha aprobado el nuevo modelo de gestión de Mercamadrid, que pasa a funcionar como sociedad mercantil de capital íntegramente público. La decisión, respaldada por PP, Más Madrid y PSOE, elimina la limitación temporal fijada hasta 2032 y garantiza la continuidad indefinida del servicio. Un acuerdo considerado histórico por el Consistorio, con el que se refuerza el papel del mercado como referente europeo en la distribución alimentaria y pieza clave del abastecimiento de la ciudad.
Cada rincón del primer mercado del mundo en variedad de especies es también un ejercicio de memoria. Las avenidas Toledo, en honor al antiguo mercado de pescados, y Legazpi, vinculada al histórico mercado de frutas y hortalizas, vertebran un recinto donde los nombres remiten a un pasado que a día de hoy sigue muy presente. Por estos pasillos transitan jóvenes que heredaron el oficio de padres y abuelos, y veteranos que han visto cambiar el consumo, los horarios y la logística, pero no la esencia del trabajo. Aquí, la comida marca el ritmo y el producto tiene la última palabra.
Mientras la ciudad duerme, este recinto avanza sin pausa. Aquí no hay escaparates, pero sí una certeza: el esfuerzo nocturno sostiene las celebraciones diurnas. Cada decisión de este día se toma a contrarreloj, con la vista puesta en un destino final que nunca aparece en escena: la mesa navideña del consumidor.




