Otra vez más en Madrid los depredadores de la Sanidad pública han hecho de las suyas. Esta vez en el Hospital de Torrejón de Ardoz, donde el ex CEO de Ribera Salud (Pablo Gallart), empresa concesionaria de la gestión, exigía a los sanitarios que aumentasen el rendimiento económico. Es decir: que echasen para atrás a los ciudadanos enfermos que no salgan a cuenta. Esto, como todo el mundo sabe, es un crimen, una estafa y una de las muchas estrategias inmorales de la UTE entre política y empresas privadas de gestión hospitalaria. Un puro asco.
El PP de esta comunidad mía sabe bien de qué va el negocio. En 2013, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) arrasó el propósito diseñado por el Gobierno de aquella Esperanza Aguirre para privatizar seis hospitales. A esto lo pudimos llamar golpismo sanitario. Buscaban entonces lo mismo que ahora el representante de Ribera Salud: hacer más ricos a algunos desaprensivos/as mutando la enfermedad en hucha, alcanzar más beneficio desatendiendo a miles de contribuyentes. O no atendiéndolos. O calculando cuánto dinero genera su mal. No piensan en cómo salvar rápido, sino cómo ganar lento.
Isabel Díaz Ayuso, "¡presidenta, presidenta!", pertenece al linaje de aquella Esperanza Aguirre en todos los sentidos. Las dos piden votos a quienes previamente esquilman plazas ambulatorias. O restan dignidad a las mermadas residencias públicas de mayores. O llenan las alforjas de sicarios privados rechazando cirugías caras en hospitales que deben hacerlas. Hospitales gestionados al revés de como se proyectaron: se proyectaron para ser parte de la red de sanidad pública. Díaz Ayuso resumió la indignidad de los mercenarios de Ribera Salud atajando con desdén: «Son rencillas de directivos». Vamos ya pa'alante. El asunto es grave.
Si al menos la inversión racionada fuese en beneficio de ciencia e investigación, pero qué va. El dinero que se ahorra en atender a los ciudadanos viaja a unas cuentas privadas fabulosas. Parte de los impuestos de todos se convierte en bienestar financiero de unos pocos. ¡Con la sanidad pública de rehén! Este modelo tan PP madrileño fracasa siempre, como fracasó el PP valenciano cuando el empujó por el precipicio al Hospital de Alzira: tuvieron que devolverlo a la gestión pública. Qué afán siniestro de ratonear con lo de todos reutilizando modelos de usurpación y trampa como esos catéteres de un solo uso reaprovechados. Cuando hace un par de semanas pillaron por unos audios a los inductores de la timba les faltó decir: jodeos. Así estamos.

