Por su habitual intensidad de tráfico, la A-2 siempre ha sido sinónimo de aguda jaqueca para quienes aspiran a adentrarse en Madrid y, también, para quienes suspiran por escapar cuanto antes de la capital. Por eso, desde hace tiempo las administraciones han venido rastreando algún tipo de bálsamo con el que aliviar la circulación. Finalmente, tras seis años de colaboración entre los Ministerios (Interior y Transportes), la Comunidad de Madrid (Consorcio Regional de Transportes) y el Ayuntamiento de la capital, ayer se anunció que durante el primer trimestre de 2026 comenzará a funcionar el nuevo carril Bus-VAO, para quienes se desplacen en transporte público o compartan vehículo privado. El plan cuenta con un presupuesto de 13,9 millones de euros y será asumido a partes iguales por las entidades participantes.
Así, el carril izquierdo de cada sentido de la vía, sin separación física alguna, quedará habilitado tecnológicamente en tiempo real según la capacidad del asfalto. Es decir, se utilizará durante las horas puntas como Bus-VAO y el resto del tiempo funcionará como uno de libre circulación.
El tramo que contará con este sistema comprenderá una distancia de 19,2 kilómetros, cubriendo la ruta entre Madrid (desde el intercambiador de Avenida de América) y Alcalá de Henares (punto kilométrico 23,5). Sin embargo, durante su primera fase de funcionamiento, y tras unas primeras semanas de pruebas que arrancarán en el mes de enero, sólo llegará hasta Torrejón de Ardoz. Por él circulará el transporte público, los vehículos con dos o más ocupantes, motos y vehículos de emergencias. Y, lógicamente, quien no cumpla esos requisitos se expondrá a una multa que podría llegar a los 200 euros.
«Evidentemente, como todo proyecto nuevo e innovador, tendrá sus fases problemáticas al principio hasta que la gente lo vaya conociendo porque es bastante flexible. No añadimos infraestructuras, sino tecnología», insistía ayer Cristóbal Cremades, jefe provincial de Tráfico de Madrid, en declaraciones recogidas por Servimedia. Y añadía: «El transporte público ganará entre 10 y 15 minutos en su recorrido».
La ruta estará delimitada por 1.769 balizas incrustadas en el asfalto y conectadas a través de 28,7 kilómetros de cablesoterrado a 10 centímetros de profundidad, para delimitar las zonas de embarque y desembarque (en color verde) y las que no se puede entrar ni salir (ámbar). Habrá 63 paneles para señalizar el carril y 38 lectores de matrículas para detectar la ocupación de los vehículos, así como cámaras para que se encargarán de regular el funcionamiento del sistema.
El precedente de la A-6
El anhelado carril Bus-VAO asoma al fin en el horizonte, después de seis años de cocción. También, tras insistentes reclamaciones desde las administraciones madrileñas, que lo han usado este tiempo como reivindicación hacia el Gobierno central. Y es que, según detallan quienes han puesto en marcha el proyecto, cerca del 85% de los vehículos que llegan a la capital por la A-2 lo hacen con un solo pasajero a bordo y la velocidad media de circulación se reduce hasta 20 kilómetros hora en algunos tramos. Según sostenían ayer desde las administraciones, durante el acto celebrado en la sede de la Dirección General de Tráfico, en la hora punta de la mañana, unos 4.500 automóviles transportan unas 5.000 personas, mientras que 125 autobuses canalizan más de 5.500 viajeros. Es decir, más de la mitad de las personas acceden en transporte público por bus.
El Consorcio Regional de Transportes también ha planificado y reorganizado las líneas, de manera que el usuario pueda elegir trayectos directos o con paradas intermedias hasta Avenida de América. Con ello, circularán en sentido entrada a la capital el 59% de las expediciones de líneas desde Alcalá de Henares, Torrejón y municipios del entorno. Los viernes por la tarde, en sentido salida de Madrid, el porcentaje será del 50%.
El concepto de carril Bus-VAO no es un sistema nuevo en Madrid. Allá por 1991 entró en funcionamiento en la autovía A-6, entre los kilómetros 6 y 20, y, según los datos registrados, el porcentaje de coches con un solo ocupante descendió al 47% en apenas una década. Ése es el objetivo que, con otro formato, echando mano de las nuevas tecnologías, se aspira a conseguir sobre el concurrido asfalto de la A-2. Un sistema inteligente que aterriza para echarle una mano con el tráfico. Que falta le hace.

