MADRID
Política

La travesía de la diputada de Más Madrid a bordo de la flotilla que enfrenta a la Asamblea: "Son activistas al margen de la realidad"

Jimena González navega en un segundo grupo de embarcaciones con destino a Gaza "como mujer, feminista, persona trans, madrileña y española"

La diputada Jimena González, hace unos días, a bordo de la flotilla.
La diputada Jimena González, hace unos días, a bordo de la flotilla.MM
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En algún punto del Mediterráneo oriental próximo a la isla de Gavdos, al sur de Creta, el Soul of my Soul navega algo rezagado respecto a las otras siete embarcaciones que componen la flotilla Thousand Madleens to Gaza. Sus tripulantes siguen con atención las noticias que llegan de otra flotilla, la Global Sumud, interceptada por delante de ellos por el ejército israelí. A bordo, Jimena González escucha esta semana la actualidad de la Asamblea, responde por vídeo a los portavoces y convierte sus redes en un cuaderno de bitácora: «Lo que les han hecho a ellos lo tendrán que hacer también a nosotros».

González, diputada de Más Madrid, se convirtió ayer en protagonista ausente de la sesión de control más tensa de lo que llevamos de curso político en la Asamblea de Madrid. La izquierda reclamaba a la Comunidad de Madrid que exigiera a Israel la «liberación» de los «secuestrados». Pero Isabel Díaz Ayuso, que se niega a condenar la detención de los 32 españoles a bordo de la Global Sumud -entre ellos la ex alcaldesa de Barcelona, Ada Colau-, pronunció una frase que ha desatado la ira del principal partido de la oposición: «Quien se acuesta con Bildu, secuestrado se levanta».

Una clara referencia, opinan en las filas de Más Madrid, a Jimena González, cuya flotilla se asoma a la misma suerte que su predecesora y podría ser interceptada en los próximos días por las fuerzas israelíes. «Ha bromeado con su secuestro», lamentaba ayer la portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, que exige a Ayuso que se retracte de sus palabras y pida perdón. Pero el PP, lejos de arrepentirse, ha endurecido el tono: «Se está poniendo fin a la batucada en el Mediterráneo», celebraba con notable ironía ayer el portavoz de los populares en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache.

González (Cáceres, 1987), doctora en filología románica, forma parte de Más Madrid desde sus inicios, y en 2023 se convirtió en la segunda mujer trans en lograr escaño en un parlamento español -tras Carla Antonelli, también diputada de Más Madrid en la Asamblea-. La semana pasada se enroló en la Thousand Madleens con el objetivo de «exigir el fin del genocidio y abrir una vía segura hacia Gaza». Una travesía incierta pero que está dispuesta a afrontar «como mujer, feminista, persona trans, madrileña y española, con muchísimo orgullo».

«En unos días salgo en la próxima flotilla a Gaza. Una flotilla pacífica, cargada de material humanitario, con la misión de abrir un corredor que permita la llegada de material básico, elemental, para la población civil de Gaza», anunciaba en la Asamblea de Madrid hace ahora dos semanas.

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Su barco en concreto va cargado de leche en fórmula. Prueba, dicen en Más Madrid, del espíritu solidario de la misión. Para el PP de Ayuso, no obstante, las flotillas que desde hace semanas se dirigen a Gaza entorpecen las negociaciones de paz y amenazan con boicotear cualquier acuerdo. Y en concreto, en España, actúan como cortina de humo de los escándalos que horadan al Gobierno de Pedro Sánchez en los últimos meses. «Son un grupo de activistas que están al margen de la realidad internacional y al margen del plan de paz que ha presentado Estados Unidos», criticaba ayer Pache. «No quieren la paz. Están intentando reventarlo por todos los medios», recriminaba por su parte Ayuso sobre esta «asamblea flotante» durante la sesión de control en Vallecas.

Un pleno que prácticamente giró en torno al escaño vacío de González, cubierto en mitad de la bronca política con una bandera palestina por los diputados de su grupo parlamentario. Los mismos que cuando el presidente de la Asamblea, Enrique Ossorio, ordenó retirar «la banderita» trataron de impedir a los servicios de la cámara acceder hasta el escaño de González. Finalmente un ujier pudo llegar hasta el sexto escaño de la tercera fila a través del pasillo central del hemiciclo y apartar la bandera, entre aplausos y vítores de los diputados de la derecha, y abucheos y quejas a la mesa de los del sector progresista.

En otro momento del pleno, la diputada de Vox Ana Cuartero aseveró que si el grupo de embarcaciones en el que viaja González es finalmente interceptado por la Marina israelí, este país «respetará su vida» y probablemente la deportará a través de un vuelo a Europa, como va a suceder con los tripulantes de la primera flotilla, que en los próximos días volarán de vuelta a sus países de origen. Por el contrario, consideró que estas condiciones no se cumplirían si «cayera en manos» de Hamas. «A las mujeres les espera como poco el velo islámico», incidió. «Cuando uno entra en aguas de conflicto, hay que asumir riesgos».

Una intervención que Más Madrid entiende como un ataque «tránsfobo» contra Jimena González, ya que la representante de Vox se refirió a ella durante su turno de palabra como «un diputado» o «un activista trans». Unas palabras que Más Madrid intentó que se retiraran sin éxito, y que en el partido creen que «atentan directamente contra la dignidad» de su parlamentaria.

A la espera de conocer el destino del Soul of my Soul, la travesía de González en el Mediterráneo, gesta para algunos, «postureo» para otros, dominó el debate político del jueves en Madrid y previsiblemente lo hará en los próximos días, conforme esta flotilla se aproxime a Gaza.