El Gobierno del Partido Popular en Madrid está perdido en un limbo durante las fiestas del Orgullo. Es el ejecutivo de Schrödinger: los mismos que echan en falta al PP para impulsar la celebración LGTBI que ya impulsa el PP mientras llaman nazi al PP, hablan de "políticas arboricidas del PP" para referirse a las cuestiones técnicas que impiden plantar otro Retiro en Sol. Si hablar bien en público del Partido Popular es una práctica tabú entre sus votantes, los simpatizantes de otros partidos hacen como si no existiera sobre todo en los momentos donde consideran que el PP se porta bien. Cuando sucede, el partido entra en un campo de visión tan reducido que equipara el resto del año a Ayuso y Almeida con Hitler. En determinadas circunstancias, la agenda permite comprobar que los dos funcionan como traductor de complejos. Quienes exigen a los demás la completa eliminación de prejuicios son un contenedor de prejuicios. Y es que al final es lo de siempre: involucrar a determinados grupos hace complejo lo sencillo. No son violentos los inmigrantes que practican la homofobia sino individuos sin arraigo a las reglas de convivencia occidentales. No como los peperos, que son homófobos aunque no lo sepan.
Con este papel cumplieron los actores de la serie Malidriendre en el pregón de las fiestas, esta Tomatina de la calentura. Tres efebas del sistema, que han logrado incorporar la precariedad a su situación de privilegio, confundieron la plaza Pedro Zerolo con el parking de grúas de Irán. La comparación puede resultar una boutade, pero queda desactivada por la intervención de la simpleza original. Había en la puesta en escena una contradicción. El PP ha entendido las exigencias de una celebración que reserva un código postal al que han incorporado vecinos con una mejora genética respecto a los de Chamartín, que les hace impermeables al ruido, y nadie de los que pedía auxilio por el retroceso de sus derechos encima del escenario, protegidos por la autoridad, rodeados de fieles y disfrutando de atención mediática, ha entendido al PP, que es el partido hecho laberinto.
El PP levanta cada año un principado LGTBI en Chueca a cambio de sufrir la pulsión de los convocados por matar al padre. Es una de las consecuencias de no promocionar su victimización.
