«Ahora les toca a ellos...». En el Real Madrid miran hacia el estadio del Atlético desde la resignación y la experiencia. No hablamos de fútbol, sino de conciertos, la Liga musical que el equipo blanco perdió en septiembre pasado y que ahora corre peligro en el Metropolitano.
Vídeos por redes sociales, reportajes en prensa, despachos de abogados agresivos y denuncias policiales por exceso de decibelios. El guion se repite ahora que la temporada de recitales se ha trasladado al barrio de Canillejas. Cada noche que el campo rojiblanco enciende los altavoces (cuatro desde el 30 de mayo y 10 más hasta final de julio) llega una resaca de quejas virales «pero con pocas llamadas a la Policía Municipal por el momento», matizan desde el Ayuntamiento, donde tienen reciente el recuerdo de lo que sucedió el pasado año en el Santiago Bernabéu.
Allí se viajó de la euforia por los shows de Taylor Swift al silencio del final del verano. La experiencia fallida del templo madridista es la mejor advertencia para su rival, amenazado ahora también por la presión vecinal y, al fondo, los tribunales.
El fiasco musical del Bernabéu es una herida abierta en la Comunidad de Madrid y la capital para los Gobiernos de Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, que miraban al renovado estadio blanco como un polo de atracción seguro para el turismo de eventos, una de las variantes más codiciadas por las grandes ciudades. Miles de visitantes en una estrecha franja de tiempo y con un ticket de gasto elevado (la euforia del fan, lo llaman en el sector).
En los días que Taylor Swift desembarcó en Madrid, el negocio de las tiendas de ropa y complementos subió un 35%, el de los hoteles un 31% y los restaurantes un 16%, según Mastercard. Otras estimaciones calculan en una cifra superior a los 120 millones de euros el impacto directo que sus actuaciones tuvieron en la economía de la región.
Pero todo esto sólo afila la nostalgia de las administraciones, que ya han visto cómo Ifema tuvo que cancelar también su actividad musical en el exterior de los pabellones bajo la ola de empoderamiento vecinal que ha puesto bajo amenaza a todos los recintos de grandes eventos de la capital, de la Caja Mágica al Movistar Arena.
Despachos de abogados astutos y asociaciones vecinales -asesoradas en algunos casos por movimientos de izquierda- han puesto en jaque a la oferta de conciertos de la ciudad. Resiste el Metropolitano, beneficiado por el cierre del Bernabéu y con citas cerradas ya para 2026, como el súper regreso de el Último de la Fila, el 23 de mayo del próximo año (las más de 60.000 entradas se agotaron el lunes en menos de dos horas). Pero esos ingresos que tan gustosamente está recibiendo el Atlético pueden estar en peligro por la presión del vecindario, al alza en las últimas semanas. Las viviendas están más lejos del campo rojiblanco que en el caso del Bernabéu, pero la campaña contra sus conciertos ya se ha desatado.
Cancelar incluso los partidos
«Es que van a por el fútbol. Quieren echarnos», lamentan en el Real Madrid ante la fuerza de unas comunidades de vecinos que tienen al club acusado de delitos medioambientales y contra la salud por incumplir la estricta normativa anti ruido municipal. Hace pocos días, a pesar de contar con licencia de trabajo nocturno, el simple movimiento de entrada y salida al estadio para la preparación de un evento privado de una empresa hizo que -tras llamadas de denuncia- apareciera la Policía a pedir los permisos correspondientes. Esta anécdota afianza al equipo de la Castellana en su sospecha sobre el fin último de las asociaciones que han emprendido su lucha contra el Bernabéu: terminar con todo tipo de actividad, también los partidos de fútbol.
La situación preocupa mucho en Sol, donde Díaz Ayuso ha encargado a la Consejería de Interior, la responsable de los eventos en la Comunidad, que estudie y proponga un escudo legal para acontecimientos deportivos «de primer nivel y de interés regional», matizan desde el Gobierno madrileño.
Una protección que permita la convivencia de los grandes conciertos con el bienestar de la gente que vive cerca de los estadios, pabellones y recintos de espectáculos. Con el compromiso del consejero Carlos Novillo, su equipo ya diseña una modificación de la LEPAR (Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas) que dé «mayor control y seguridad jurídica a los espectáculos extraordinarios en Madrid», explican fuentes de la Consejería.
Una reforma que debería cuajar como nueva normativa en 2026, según ha conocido GRAN MADRID. En Sol la esperaban para final de año, pero podría retrasarse. El proyecto se observa con esperanza desde el Madrid y también en Ifema, donde sobrevuela el miedo a que las previsibles quejas vecinales por el ruido de los coches de Fórmula 1 ponga en riesgo la celebración del Gran Premio de España, prevista su edición de estreno para el primer fin de semana de septiembre de 2026. Para Sol, la F1 es prioritaria. También para el Ayuntamiento, donde Almeida y su equipo, al tanto de esta iniciativa legal de Ayuso, confían en que les sirva de paraguas para proteger los recitales.
Flexibilidad con el ruido
¿En qué se traduciría esta ley para salvar la música en directo? En una elevación de los permisos de decibelios, siempre en parámetros razonables y descartando -lo dijo Almeida en una entrevista el martes en GRAN MADRID- la exención total. Es decir, el ruido libre. Se analizan fórmulas que se aplican en ciudades europeas, con mediciones más flexibles, basadas en medias de ruido durante el evento y no en picos máximos a la hora de fijar la ilegalidad. Todo bajo la premisa del interés general para la región, aplicándose esta futura normativa para eventos determinados, sólo de primerísimo nivel.
Un sello que pondría la Comunidad de Madrid y que llevaría consigo también unas exigencias superiores en materia de seguridad y limpieza para alcanzar el objetivo de la buena convivencia entre los vecinos y estos grandes eventos.



