Dice el refrán que la adversidad saca lo peor de algunas personas y lo mejor de otras. Y como ejemplo de ello la hazaña heroica que protagonizaron 13 alumnos, de entre 14 y 16 años, del IES Humanejos (Parla) en su viaje de inmersión lingüistica en Irlanda.
Durante la semana del 11 de mayo a la madrugada del 17 estuvieron en la pequeña localidad costera de Bray, a 40 minutos de Dublin, mejorando su nivel de inglés hospedándose en casas de nativos.
Aunque su verdadera vivencia no comienza a escribirse hasta el viernes 16 de mayo. Aquella tarde, la última del viaje, el grupo de estudiantes tenía tiempo libre: unos se fueron a ver un partido de fútbol, otros a dar un paseo... y 13 de ellos optaron por comprar unos burritos e irse a la playa para comérselos en la arena.
Todo era buen rollo hasta que uno de ellos se percató de que una mujer, a la que habían visto entrar al mar un rato antes, se encontraba flotando de espaldas, con la cabeza metida en el agua, a unos 20 metros de la orilla.
"Al principio pensábamos que estaba haciendo snorkel, pero tras varios minutos nos empezamos a poner nerviosos. No sabíamos qué hacer, discutimos un poco... Hasta que opté por lanzarme al mar junto con Ainhoa y Sofia", cuenta Ángela, quien además padece talasofobia (miedo a las grandes masas de agua): "Como no veo lo que hay debajo siempre me ha dado cosa. En la playa nunca me meto más allá de las rodillas. Pero en ese momento me tiré sin pensarlo".
Álvaro, Gabriela y Samara, al ver que sus compañeras no podían cargar con la mujer, que "pesaba bastantes kilos", se metieron también en el mar para echar una mano. Consiguieron dar la vuelta al cuerpo y la ahogada "comenzó a echar espuma por la boca". Algo que asustó a algunos de ellos, que la soltaron como acto reflejo.
"Nos apartamos, por la impresión, y sin querer se le cayó encima a Ainhoa, que la estaba agarrando por las axilas y cuyos brazos rodeaban la espalda de la señora", precisa Ángela. Y Ainhoa continúa: "Me quedé bajo el agua, con la cabeza sumergida... Álvaro consiguió levantarla un poco para que yo saliera a la superficie".
Con bastante esfuerzo, ya que aquel cuerpo "resbalaba bastante", lograron llevarlo a tierra firme. Aunque, eso sí, en todo momento pensaban que "ya estaba muerta". En la arena ya se empezaban a acumular decenas de adultos que, inmóviles, contemplaban la escena. "Nadie vino a ayudarnos... Sólo nos grababan con sus teléfonos. Unos, incluso, mientras nos debatíamos si meternos o no, nos llegaron a decir que si se moría sería por nuestra culpa...", evoca Ainhoa, quien tras llegar a la orilla se intentó poner de pie, pero rápido notó cómo su rodilla se le salía. Al mismo tiempo, el fuerte golpe en las costillas comenzó a hacer efecto, teniendo problemas para respirar. "Cuando se fue la adrenalina me vino el bajón. Me empezó a doler la cabeza, comencé a tiritar... Y me faltaba el aire".
Al mismo tiempo, y a escasos metros, un hombre se había acercado y comenzó a hacer la RCP a la mujer ahogada. Otra compañera del IES Humanejos, Jimena, le iba ayudando a contar las compresiones en el pecho. La afectada en ningún momento reaccionó.
Los servicios de Emergencias no tardaron en llegar. Unos facultativos se llevaron en ambulancia a la mujer convaleciente. Otros, comenzaron a atender a Ainhoa, que también fue derivada a un hospital infantil cercano. "Mientras era atendida, me confirmaron que la mujer estaba viva, en cuidados intensivos. Eso me tranquilizó", cuenta esta estudiante.
Algunos adolescentes de este grupo se llegaron a sentir mal por no haber tenido el arrojo suficiente de lanzarse al mar, bloqueados quizás por la situación, pero "todos ayudaron". "Los que se quedaron en la orilla llamaron a Emergencias, a los profesores... Otros nos vinieron a tapar con la toalla ya que la gente no dejaba de grabarnos, y estábamos en bikini. Eso fue de lo más desagradable", rememora Ainhoa.
"Estamos orgullosos de lo que hicimos, pero entre el paseo marítimo y la playa podía haber 400 personas y nadie hizo nada... Sentimos un poco de impotencia y rabia, porque no dejaban de grabarnos", añade Álvaro, quien está seguro de que, sin su intervención y la de sus compañeros, esa mujer ahora estaría muerta: "Nadie se habría metido. Y si lo hubieran hecho, habría sido tarde. Los propios médicos dijeron que unos minutos más y...".
Los medios locales de Bray se hicieron eco de la noticia, pero la contaron "muy mal". "Decían que yo sola salvé a dos mujeres con una cuerda... Pero nada de eso, fuimos 13", sonríe Ainhoa, quien aquel día en Irlanda acabó saliendo del hospital poco antes de las dos de la madrugada, pudiendo reunirse a las 2.15 con el resto de sus compañeros y poner rumbo al aeropuerto ya que el avión salía a las 06.00 horas.
A su llegada a España, las felicitaciones se sucedieron, reconociendo su gran intervención. Y concluye Ainhoa: "A los jóvenes de Parla nos etiquetan mucho de manera negativa. Nos ponen una fama... De hecho, hay quien se ha sorprendido de que ayudásemos. Hay algunos que pertenecen a bandas, sí, pero la mayoría no. No todos los adolescentes somos unos pasotas o pensamos en nosotros mismos".



