MADRID
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Cierra la mítica librería de Ciencias de la Información, tras medio siglo como pionera en España: "Hay una pérdida de valoración del periodismo, sobre todo ahora"

La librería y editorial Fragua Libros se despide de la Universidad Complutense y, en diciembre, de su matriz en Moncloa, donde ha llegado a atesorar más de 10.000 títulos

El librero Ignacio Muñoz, ayer, en la librería Fragua de la facultad.
El librero Ignacio Muñoz, ayer, en la librería Fragua de la facultad.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
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Hoy la noticia es él. Quien desde hace 44 años custodió la médula de las Ciencias de la Información en la facultad pionera y más nutrida de España. Quien ha asesorado al alumnado, profesorado e, incluso, a catedráticos, desde 1971 —cuando estudiaba Periodismo en la mole brutalista durante el turno de noche—, sobre esos manuales y lecturas que han armado los mimbres de los periodistas, comunicadores y publicistas del país. También vendió prensa diaria hasta los 2000. «Siempre nos dicen: '¿Cómo no tenéis periódicos?'. Y respondo: '¿Hace cuánto que no compras tú uno?', y me dicen: 'Cierto, lo compro el fin de semana y no todos'. Pues por eso dejé de venderlos», relata. «Con el reparto de los gratuitos en el Metro y las principales cabeceras regalándolos en la facultad para captar lectores, ya denotaba la decadencia».

Ignacio Muñoz, el librero de Fragua Libros, se jubila. Y con él, la icónica librería de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (UCM) y, el próximo diciembre, su matriz en Moncloa, la primera en España especializada en aquel llamado cuarto poder, y que ha albergado más de 10.000 títulos.

Más de medio siglo después, en el vestíbulo donde presenció la mutación de la profesión desde sus raíces, este madrileño se mantiene férreo: «Por supuesto, seríamos más infelices, pero sería mucho mejor para la sociedad si estuviésemos más informados». Él mismo escucha RNE o a Carlos Alsina y no se pierde los informativos ni las noticias de La 1 de TVE, a ratos con La Sexta, en un sólo día. «Es una forma de contrastar un poco la información. Y entre lo que dicen unos y otros, yo me saco mis conclusiones». Avisado quedó el lector de que este también editor ha velado por los principios de la información.

Reflexiona: «Hay una pérdida de valoración del periodismo, especialmente ahora. Hablas con los jóvenes y ves que no se creen los informativos, pero siguen a tuiteros o influencers que cuentan milongas completamente sesgadas». Y lamenta: «Me da mucha rabia que quienes están estudiando ahora aquí no valoran el trabajo al que ellos se van a dedicar después. Lo quieren todo gratis y beben de enlaces que no repercute en beneficio económico a quien hace esa información. Acabarán colocándose los 10-20 más capacitados o con más enchufe, como siempre. Pero me gustaría conocer al resto dentro de 10 años».

Muñoz, ayer, con el letrero donde anunciaba su agradecimiento.
Muñoz, ayer, con el letrero donde anunciaba su agradecimiento.S. E-N.

Tampoco compran ya como antes, «ni los universitarios ni los profesores los recomiendan», los incunables de Martínez Albertos, Grijelmo, Saussere, Touchard... «Estamos saldando todo el stock que tenemos, prácticamente de comunicación y periodismo. Ojalá saliera un crowdfunding para quedarse con la librería de Moncloa...», bromea Ignacio Muñoz, horas antes de entregar las llaves de esta sede académica.

Pues también le seguirá en el retiro su hermano Javier, con quien ha conservado el negocio y el sello editorial fundados, en 1972, por su padre, Mariano Muñoz Alonso, filósofo y de la primera generación que cursó Periodismo. Pero fueron los hijos quienes viraron la colección, hoy de «400 y pico títulos», que goza de renombre, confirmado por el índice de valoración SPI (Scholarly Publishers Indicators) donde se tutean en el primer cuartil incluso con multinacionales. «Algunos grupos sí han mostrado interés por seguir con nuestra editorial, por su prestigio, y para que los profesores sigan publicando [sus investigaciones]».

Ayer gastaba las últimas horas entre los estantes metálicos ya desnudos, con sólo un par de pósteres que recuerdan a Julio Fuentes (EL MUNDO) y José Couso (Telecinco), reporteros asesinados en Afganistán e Irak, respectivamente. «A Couso le conocía. Me dio un vuelco cuando me enteré aquí», rememora. También evoca entre estos pasillos a figuras como la Reina —«Aquí era Letizia»—, a Felipe Sahagún, a Manuel Cerdán... Y ya con «un poco de pena» por tantos años entre amigos, pero también con alivio: «No deja de ser una cárcel mantener un comercio, con 10 horas trabajando al día, que no me oiga la Ministra, y más siendo autónomo. Hubo tiempos peores y mejores».

Un encierro de estudiantes en la facultad, en los años 90.
Un encierro de estudiantes en la facultad, en los años 90.C. T.

Entre los inolvidables, cuando vendió entre 300-400 periódicos en media hora, al arrancar la Guerra del Golfo. «La cola llegaba hasta la entrada. Hubo dos ediciones y se volvían a vender todos. Los proveedores decían que este era el punto de Moncloa que más prensa vendía», recuerda. También que disfrutó a raudales de «la época más caliente, sobre todo en los 90». Con pancartas hasta el suelo, concentraciones, encierros nocturnos, huelgas, piquetes... «Ahora eso se ha perdido. Puede haber alguna manifestación, pero de 20 personas en el hall, que son los que la organizan. Eso es menos que un partido de fútbol».

El espíritu crítico, otro básico del oficio, se ha diluido en las aulas. «La universidad no adoctrina, porque aquí había profesores de derecha, izquierda, de arriba, de abajo... Pero los alumnos notas que vienen muchos a sacarse sólo el título». Justo un día antes, un centenar de integrantes de la plataforma Universidades por la Pública desplegaba un gran letrero formado con miles de tesis doctorales en el Estadio Central, para protestar contra la Ley de Universidades de la Comunidad de Madrid. Corrobora Muñoz que también se ha extraviado el trasiego de la cafetería y de la biblioteca, esas otras academias.

Desde la facultad, el vicedecano de Comunicación y Relaciones Institucionales en funciones, Cristóbal Fernández, confirma que está en marcha el concurso para que, el próximo curso, un sustituto ocupe la pecera de Fragua Libros, como el proyecto de la Editorial Mayo, ya presente en el campus. «Fragua ha sido una pieza importantísima de la historia de la facultad, también por lo que ha aportado al mundo académico de la comunicación en España», subraya. Llegará el relevo, pero la sensación, permítannos, es de cierta orfandad.