La exposición empieza fuerte. De tamaño monumental y suspendida en el aire, la imagen atrae las miradas como un imán. Lógico. Posiblemente se trate de la instantánea más popular de las miles que ha disparado Marisa Flórez a lo largo de su carrera. Al menos en el tiempo cuando la disparó. Con decir el nombre con el que la bautizó la guasa madrileña, «la foto de la teta», era suficiente para saber de que fotos hablamos.
La imagen en blanco y negro muestra al alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván junto a la actriz Susana Estrada, que enseña uno de sus pechos. Sucedió en la entrega de los Premios Populares del diario Pueblo del año 1978. «Hay fotos que te persiguen toda la vida», comentó en la inauguración la autora, sin darle más importancia a pesar de su oportunidad y simbolismo.
La icónica fotografía forma parte de Un tiempo para mirar (1970-2020), recorrido a lo largo del medio siglo de oficio de la fotoperiodista Marisa Flórez. Compuesta por 185 instantáneas, permanecerá abierta hasta el próximo 20 de julio. La muestra, integrada en el festival PHotoESPAÑA, se organiza de manera temática a lo largo de las cuatro plantas de la magnífica Sala Canal de Isabel II, uno de los más hermosos espacios expositivos de la capital.
La imagen de un sonriente Viejo Profesor junto a la descocada actriz explica sin palabras los primeros momentos de la tan traída Transición. Aquel paso tan rápido como impensable que dio la sociedad española desde la oscura decrepitud del final de la dictadura franquista a los deslumbrantes modos de la libertad de un tiempo tan moderno como desconocido.
Olvidémonos de la teta para adentrarnos en muchos de los más deslumbrantes iconos de la inédita identidad cultural de una recién nacida democracia española. Cara a cara, miremos a sus protagonistas: Adolfo Suárez, Julio Iglesias, Jordi Pujol, Lola Flores...
La visión de estas fotografías es un privilegiado recorrido por el periodo más decisivo de la historia reciente de España. Marisa Flórez estuvo allí. Igual que los millones de atónitos españoles que experimentaron el esperanzador y luminoso cambio. Ella lo hizo desde una posición privilegiada.
Gracias a su trabajo en dos de los principales medios de comunicación españoles del momento, los diarios Informaciones en un primer momento y, especialmente, El País, fue testigo de los principales hitos sociales, políticos y culturales. «He tenido la suerte de tener un periódico importante que me respaldaba, lo cual ayuda mucho», reconoce.
La política, la lucha social, el feminismo, los marginados, la crónica social, el arte, los acontecimientos oficiales. «La agenda de un periódico es tan amplia como la realidad», justifica la fotógrafa sobre su inexplicable ubicuidad.
«Marisa Flórez siempre ha querido ir más allá, comprender lo que había detrás de cada rostro o cada lugar que fotografiaba. Esto es la esencia de su trabajo, con el que representa un tiempo determinado y a sus protagonistas», señala Mónica Carabias, comisaria de la muestra. Algunas de sus fotos más emblemáticas las logró en aquellas tensas e interminables sesiones del Parlamento de los primeros tiempos de la democracia. «Sabíamos cuándo entrábamos, pero no cuándo saldríamos; fui una parlamentaria sin escaño», relata.
Entre ellas, la imagen de un abatido Adolfo Suárez, solo en la bancada del Parlamento; Alberti y La Pasionaria, radiantes en el primer día de las Cortes democráticas; Blas Piñar junto a Santiago Carrillo, símbolos de las dos Españas, aquella que se desintegraba y la recién regresada del destierro.
Las mismas cámaras retrataron la vida íntima de los políticos. Felipe González jugando a la petanca, Calvo Sotelo tocando el piano, la reina Sofía con sus perros... Marisa Flórez parece haber tenido el don de la ubicuidad, al tiempo que una enorme capacidad para hacerse invisible. Al ver la absoluta naturalidad de sus retratados, aunque sabemos que fue ella quien hizo las fotos, parece que ante ellos no había nadie.
Indiferentes a su objetivo, Almodóvar y sus chicas discuten detalles del rodaje de Mujeres al borde un ataque de nervios; los amotinados de Carabanchel a lo suyo en el tejado de la cárcel; un guardia civil concentrado en su misión, con tricornio y metralleta, monta guardia ante el Guernica de Picasso recién desembarcado en España en 1981, Lola Flores en pose lastimera pidiendo una peseta a la audiencia para regatear el acoso de Hacienda, y así hasta el infinito, pues la muestra incluye también algunas instantáneas más recientes, protagonizadas por personalidades como el torero José Tomás.
Estos días se repiten en los informativos preocupantes encuestas entre jóvenes universitarios, en las que son incapaces de responder qué fue la Transición o quiénes fueron Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Felipe González. Sirva de antídoto ante la ignorancia obscena esta exposición de irrenunciable memoria histórica. Las fotografías de Marisa Flórez son ventanas abiertas a momentos decisivos de nuestras vidas. Hay que asomarse a ellas para aprenderlo, también para saber cuándo hay que cerrar esas ventanas, para no dejar entrar los atroces nubarrones de nuevos tiempos oscuros.



