MADRID
Cónclave

Robert Prevost, el Sumo Pontífice que dormía junto al Bernabéu en el colegio San Agustín: "El Papa tiene amistades en Madrid"

Visitó y pernoctó en distintas ocasiones en el colegio situado en la calle Padre Damián donde le recuerdan como "un hombre muy de escuchar y de buscar la unión entre las divergencias"

Robert Prevost durante su visita al colegio San Agustín en 2011.
Robert Prevost durante su visita al colegio San Agustín en 2011.CEDIDA
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«El Papa tiene amistades en Madrid y venía mucho por aquí», rememora el prior Argimiro Martínez Fuertes, del colegio San Agustín de Madrid. Este centro educativo, situado en una colina de la calle Padre Damián, con vistas al estadio Santiago Bernabéu, fue durante años la casa del entonces superior general de los agustinos, hoy Papa, Robert Prevost, en sus estancias en la ciudad.

Martínez señala que el Papa acudió al colegio «en unas seis o siete ocasiones», durante las cuales era «un miembro más de nuestra comunidad»: «Hacía vida normal, pasaba los días con nosotros y era un hombre muy de escuchar y de buscar la unión entre las divergencias de opiniones», asevera.

Y es que el ya Papa León XIV, Robert Francis Prevost Martínez, agustino nacido en Chicago en 1955, se ha convertido en el nuevo Pontífice tras un cónclave inesperadamente breve y, para muchos, sorprendente. Aunque estadounidense de nacimiento, su perfil está marcado por una constante y profunda relación con España y Latinoamérica. Esa huella ayuda a entender parte de su enorme trayectoria.

En el colegio agustino situado en los alrededores del estadio del Real Madrid evocan al sumo Pontífice como el arquetipo de un sabio silente. Un hombre atento, sin excentricidades, que escuchaba más que hablaba y que, pese a la brevedad de sus frecuentes visitas, se integraba con facilidad en las dinámicas escolares. «Se sabía el nombre de todos, les llamaba por su nombre, siempre prestaba atención y se involucraba en las actividades escolares en las que participaban las madres de los alumnos», indican fuentes del centro educativo.

Unas madres que, en muchas ocasiones, también estudiaron en este colegio -o en otros cercanos de los agustinos- y tuvieron como profesores a los mismos sacerdotes que ahora imparten clase a sus hijos en este instituto con una fuerte tradición familiar. Además, está considerado como uno de los mejores de España, según el ranking de EL MUNDO, y en el que se forman las futuras élites del país.

Durante doce años, Prevost fue superior general de los agustinos, lo que le llevó a recorrer el mundo entero. España no fue una excepción: «Visitó todas y cada una de las casas de la Orden, habló con cada fraile y hacía vida normal cuando residía en nuestras comunidades», explica el padre Ildefonso Trigueros, director del colegio San Agustín de Madrid. «Comía con nosotros, y era un hombre muy de escuchar y de unir. Muy hispano, muy nuestro», le define el sacerdote.

Tal es la sensación de identificación y pertenencia del centro con el nuevo Papa que la fumata blanca de León XIV se celebró en el colegio San Agustín con una efusividad análoga a la de los goles en el templo del Santiago Bernabéu. «Dijimos que si salía, tocaríamos la campana y organizaríamos un rezo en la capilla», afirma el prior. «Entonces», prosigue el director, «tocamos la campana, fuimos a rezar y celebramos un pequeño ágape entre los 17 hermanos que vivimos aquí».

Esa condición de «muy nuestro» aparece una y otra vez en los testimonios recogidos sobre Prevost, cuyo segundo apellido es Martínez y domina el castellano con soltura -y sin acento yankee- gracias a su ascendencia familiar y a su trayectoria en la Iglesia. «Habla como nosotros. Tiene un acento apenas perceptible. Y eso que ha estado años en Perú y ha trabajado con comunidades de toda Hispanoamérica», cuenta el prior del colegio madrileño. «En sus visitas nos hablaba de la situación de nuestros hermanos agustinos en Tanzania, en Filipinas y Europa... Y lo que podía contar, lo contaba... pero había otras cosas que no podía compartir», relata el director del colegio.

Uno de los aspectos más llamativos al preguntar por el nuevo Papa León XIV es que nadie que le trató lo asocia con manías, comportamientos estridentes o peculiaridades. «Era un hombre muy normal. De costumbres sencillas. Siempre afable. Nunca ponía pegas», resume Ildefonso Trigueros.

Esa discreción y sencillez son una de las constantes que le describen. «Su presencia era silenciosa, pero muy atenta. Escucha. Une. Tiene esa vocación de crear unidad en la diversidad», insiste el padre Argimiro sobre sus múltiples contactos con el sumo Pontífice de la Iglesia católica.

Los abogados Carlos Peña y Alfonso Codes posan con Robert Prevost en una Iglesia de Roma en febrero de este año.
Los abogados Carlos Peña y Alfonso Codes posan con Robert Prevost en una Iglesia de Roma en febrero de este año.E.M.

Mientras tanto, el abogado español Carlos Peña y su compañero Alfonso Codes trazan del nuevo Papa la imagen de un hombre cercano y con sentido del humor. Lo conocieron en la iglesia Andrea della Valle, de Roma. «Nos escuchó hablar en español y se acercó a charlar con nosotros. Se encontraba con un grupo de diáconos estadounidenses que estaban visitando el templo», relatan los letrados.

Por eso, dicen, el martes siguieron la fumata blanca desde la televisión de su bufete: «Al oír al protodiácono decir "Robertus", dijimos: "¡Es el nuestro!"», y recordaron su conversación en la ciudad italiana hace menos de tres meses.

«¿Qué hace usted aquí?», preguntaron los abogados. «Yo soy el presidente del Dicasterio de los Obispos», respondió Prevost. «¡Pues usted debe mandar muchísimo!», le espetaron, provocando las risas de este religioso, que se convertiría el pasado jueves en el heredero de San Pedro, el Sumo Pontífice de la Iglesia y el jefe del Estado Vaticano.