MADRID
Ocio

Los duendes que mueven el gran parque de la Navidad de Torrejón y lo ensanchan: zona vip, 'videomapping' en un castillo 'a lo Disney', una noria de 42 metros y esculturas de hielo que miran al mundial

GRAN MADRID descubre a cuatro de los 400 seres 'mágicos' detrás del parque navideño más grande de España

Los 'duendes' Arellano, De la Puente, González y Vázquez, en las Mágicas Navidades.
Los 'duendes' Arellano, De la Puente, González y Vázquez, en las Mágicas Navidades.
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Dejarse caer por el parque Mágicas Navidades de Torrejón a plena luz del día es como asomarse por un telescopio para ver las estrellas al amanecer, pero a veces los sinsentidos engañan, tienen truco, no son lo que parecen. Porque para conocer esos detalles invisibles que esconde el parque o pillar con las manos en la masa a esos pequeños duendes que hacen posible que cuando cae la tarde aquello que se convierta en un lugar mágico lleno de luz y vida, hay que dejarse llevar por absurdos como éste.

Rafa González es uno de esos seres mágicos, el principal. Él es la mano que mueve los hilos de la gran marioneta que es este parque y, como director, su firma está detrás de todas las novedades que han llegado y también de ese nuevo aire que está adquiriendo desde que el año pasado Productores de Sonrisas tomara las riendas de un evento navideño que ya traspasa las fronteras de Madrid.

Un año lleva González planificando lo que hoy podemos ver. «En la primera edición ya empezamos a trabajar. Ese nivel de exigencia que tenemos y que tiene el público que viene a ver nuestros espectáculos, teníamos que aplicarlo al parque, teníamos que imprimir nuestro sello», sostiene antes de detallar que este año han introducido una nueva Puerta Mágica en forma de castillo de Disney, shows en el Village (la zona de atracciones infantil), espectáculos en la pista de hielo, una hostelería propia, zonas vip o fast pass (colas sin espera), además de ampliar el belén o el paseo de las linternas mágicas (que gestiona junto al Ayuntamiento).

Para no perder detalle, confiesa, ha llegado a «dormir durante días» en la caravana que hace las veces de despacho a la entrada del parque, porque «no hay nada que deje en manos de nadie». Supervisando todo desde el minuto 0, tirando de tecnología para controlar los aforos y los flujos, ha ido pensando cada rincón para que la oferta llegue a todos los públicos. "En nuestro ADN llevamos seguir evolucionando, estar a la última", dice. Y, para ello, han buscado «a partners que son los mejores en lo suyo», dice, señalando, entre otros, a Javier Fernández, que ha diseñado una pista de hielo suspendida sobre un lago, o a Vicente Bañuls, el mayor operador de aparatos de feria de España, que ha instado una de las norias más grandes del país, de 42 metros, desde donde divisar a vista de pájaro todo el encanto de este parque al anochecer.

Entre esos socios, o duendes, también está Juan José Vázquez, quien ha liderado desde su compañía, Romera Diseño, el espectáculo que es la joya de la corona de esta edición: un videomapping en forma de cuento navideño, pensado y creado para dejar con la boca abierta a los más pequeños, y que viene a complementar el espectáculo en vivo que tiene lugar en el castillo de la Puerta Mágica en torno al gran secreto de la Navidad.

«Contamos la historia de un dragón, aunque bueno, que roba la estrella de la Navidad. Y, a través de un acertijo, el pueblo consigue recuperarla», detalla Vázquez antes de contar que, durante el videomapping, el castillo se transforma «en un bosque, en un árbol de navidad, en regalos, en un muñeco de peluche, en un parque de bolas, en juguetes, en unas mazmorras...». «Hay efectos como si todo se moviera. Las puertas se abren, las torres giran...», añade.

Un espectáculo que tiene tras él más de 10 artistas y dos meses de trabajo, y que incluye desde el boceto y el storyboard hasta la modelación de los personajes en 3D. «Es como una película de dibujos animados pero en otra dimensión, adaptada y creada ad hoc para la superficie del castillo», apunta Vázquez antes de precisar que tres proyectores a 80 o 90 metros del castillo, de unos 35.000 lúmenes -«de los más potentes que existen»-, terminan por hacer la magia.

«Es muy espectacular en directo», puntualiza Vázquez, que lleva más de 10 años haciendo videomapping junto a sus socios por medio mundo, de Tokio a EEUU, Rusia, Centroeuropa, Alemania o el Mundial de Qatar.

De la zona vip a los árboles

Junto a él, en las Mágicas Navidades, ha trabajado Gonzalo de la Puente, que, con sus toques decorativos, ha llenado de calidez hogareña un parque plagado de brillantes luces de colores. Obra suya son esa decena de árboles navideños que hay salpicados a lo largo y ancho de esta zona de Torrejón. También los arcos navideños, las lámparas colgantes, las casetas del mercadillo -todas iguales- o la zona vip, ambientada con una chimenea y sofás chester.

«Hay trabajo de todo un año detrás de esto. En la feria mundial de Fráncfort, que es en febrero, ya empezamos a pensar» porque no hay una Navidad igual a la otra, asegura. «La Navidad tiene tendencias. Nos pasamos el día viendo cosas y, como llevamos muchos años en esto, somos atrevidos. Aquí la creatividad es muy importante», señala De la Puente antes de reseñar que él gobierna Oro, Incienso y Mirra, la primera compañía que se creó en España dedicada sólo a la decoración de Navidad.

Con ramas y bolas provenientes de proveedores holandeses, italianos y alemanes, y tirando de colores clásicos (oro, verde y rojo), ha dado su toque al parque. «Ningún árbol es igual. Ni ningún arco. El de los osos es más colorido. En la zona vip hay más oro y en la pista de hielo, colores más fríos», detalla antes de contar los secretos del árbol más grande de todo el parque: «Tiene 12 metros de altura por 6 de ancho y está decorado con más de 2.700 adornos, colocados uno a uno».

Elementos que llegaron a Torrejón desde las naves que De la Puente atesora en Colmenar Viejo, de donde también han salido los más de 700 árboles de Navidad que ha montado por toda España (trabaja con 27 de las 35 empresas del Ibex), o el gran lazo que corona el Primark de Gran Vía.

«En todo el parque prima la foto, hay partes muy fotografiables», desliza el decorador antes de dar paso al último duende, Juan Carlos Arellano, quien dirige precisamente uno de los espacios con más selfies, el Ice Festival, una exposición de figuras de hielo creada in situ por los mejores escultores del mundo bajo la temática de cuentos y leyendas.

Su trabajo implica un sinfín de detalles, desde planificar cuántos bloques de hielo van a ser necesarios (este año, más de 1.000) para que no sobre ni falte hasta contactar con los escultores, pensar en esa zona calentita donde puede descansan o mantener las piezas en su mejor estado una vez terminadas. «Hay que revisar a diario todo para abrir al público, para que no haya nada que represente un riesgo y también para que las esculturas no se deterioren porque, a menudo, con el viento de las máquinas que expulsan el frío, hay detalles del rostro o de las manos que se van puliendo», asegura este escultor vallecano, al que vemos en plena faena rodeado de motosierras, cinceles o planchas de la ropa.

Un trabajo exhaustivo, y al que se aficionó de causalidad, del que habla con pasión. «Es muy duro y requiere de mucha atención, por las herramientas y por el sitio donde lo haces (a -6º). Hay que estar muy centrado, porque aquí todo pesa, todo resbala...», señala antes de detallar que se estrenó en este oficio en la discoteca ibicenca Amnesia hace 20 años.

«No nos hemos conformado con hacer un Ice Festival cualquiera, sino el mejor de Europa y uno de los mejores del mundo», concluye refiriéndose a que el de Torrejón ya forma parte de las citas que puntúan para las clasificaciones del Mundial de esculturas de hielo.

Y esa premisa se extiende al resto del parque. Hace mucho que Mágicas Navidades dejó de ser sólo un espacio navideño local. Más de 400.000 visitantes, del millón que suma, vienen de fuera de Madrid. Y quizá esto no sea más que el principio. Porque, sin ánimo de compararse ni parecerse a nada existente a nivel internacional, en su ADN lleva impreso aquello de: Cada año más y mejor.