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Con la emoción de quien estrena el curso y con la complicidad de los compinches, así se presentó este martes el nuevo proyecto escénico que alumbra Madrid. Pues amaneció día de «celebración», de fiesta mayor, como tildó Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, acompañada de Luis Luque, el director artístico debutante (ya en primera línea, pues desde 2019 ejercía de adjunto del Teatro Español y de las Naves del Español); de Eduardo Vasco, al frente ahora del Español; de Aránzazu Riosalido, encargada del Circo Price; de María Pagés, que presentará también la flamante Nave de la Danza en Matadero; de Natalia Álvarez Simó, firme timón del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque...
Todo el elenco principal de los grandes espacios escénicos municipales escoltó, ayer, el nacimiento de Nave 10, en Matadero Madrid. Un teatro a estrenar en la capital, que abrirá sus puertas el 3 de octubre, con 12 espectáculos y siete estrenos absolutos hasta julio de 2025, pero que no es sólo unas tablas. Estirará su papel más allá de la representación. Más allá de Juana de Arco, de Sergio Martínez Vila y Marta Pazos; de una renovada Jauría, de Jordi Casanovas y Miguel del Arco; de La gramática, de Ernesto Caballero; de La otra bestia, de Ana Rujas; de Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Rainer Werner Fassbinder, versionada por Rakel Camacho; de Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos, de María Velasco...
Se levantará «una casa en la que se hará, se escribirá y se verá teatro para el espectador del siglo XXI» y donde se reúnan «a las nuevas generaciones con directores consagrados», según detalló Rivera de la Cruz. En una nueva etapa de «reorganización y especialización» de los centros escénicos a su cargo, para que cada cual se centre en «una línea diferente y clara» y, en suma, abarquen «todo tipo de teatro para todo tipo de público».
Se explica así el fin de Naves del Español en Matadero, que hasta la pasada temporada estuvo ligado a Teatro Español y bajo la tutela de Natalia Menéndez, pues el de la plaza de Santa Ana, el más antiguo de Europa, y «con una identidad propia», como ya ha remarcado Rivera de la Cruz en varias ocasiones, se dedicará ahora a «la producción y exhibición de grandes títulos del repertorio universal, junto a obras de autores consolidados y a la recuperación de textos esenciales».
Mientras, Nave 10 ocupará la Sala Max Aub, ya en uso durante la pasada temporada, a la que se le unirán Hormigón y Madera, antes polivalentes y, ahora, albergarán talleres. Pues el nuevo proyecto, sustentado en cuatro puntales, «la autoría contemporánea en castellano, nueva dirección, pensamiento y formación en artes escénicas», también se desplegará en tres conferencias y cuatro clases internacionales. Con el doctor Ignacio H. Medrano, la filósofa Nerea Blanco y el dramaturgo Pablo Messiez, desde el estrado, y con Sergio Blanco, Matías Umpiérrez, Florian Borchmeyer y Marta Pazos, en la enseñanza.
Esta última escenógrafa, además, será la artista asociada que, como cada año, Nave 10 invitará para dirigir un montaje, impartir una mesa magistral y supervisar a un joven talento, ya que también se contará con una residencia artística, que resulte en texto dramático sobre los conflictos futuros. En paralelo, habrá un coordinador dramatúrgico, este año Antonio Rojano, consagrado a la investigación.
Pues el de Legazpi se proyecta como terreno «seguro, amable y cuidadoso con los artistas», destacó Luis Luque. Y con el público, al que busca lanzar «al lugar de lo extraordinario», como a los vecinos de Usera y Arganzuela, que podrán participar en la Escuela de la mirada para espectadores senior.


