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Cuché Avec Moi

La gran dificultad de encontrar ropa interior

Kim Kardashian.
Kim Kardashian.Getty
Actualizado

LA PALABRA BRAGAS. Hace años me tocó escribir una página enterita sobre una anécdota que le ocurrió a la Reina Letizia, entonces princesa de Asturias, en un viaje oficial por España. Un soplo de viento produjo que se le volara la falda, lo que dejó a la vista su ropa interior. No era la primera vez ni la última que le pasaba. Emilia aún no era mi jefa pero me retó a escribir cinco mil y pico caracteres sin incluir la palabra bragas en el texto, le sonaba horrenda. No sé cómo lo hice pero lo conseguí. Desde entonces reconozco que me pegó su manía hacia el término. Lo peor es que no encuentro una alternativa convincente al mismo y confieso que recurro a pronunciarlo con intensidad en ciertos círculos de mi entorno algo carcas: "Brrrrrragas". Mejor eso que decir "braguitas", que suena muy cursi. La palabra bragas aún despierta risas monjiles en señoras y sonroja a hombres. El otro día hablaba con mi madre de lo difícil que es encontrar ropa interior bonita, cómoda y que te siente bien. Es una tarea tan ardua como la de encontrar un buen marido y padre para tus hijos. No exagero. Cuántas veces he comprado un modelo que en la percha tiene buena pinta pero luego te la pones y no la puedes soportar, se mete en lugares donde no debe, te pica o raspa, te da calor, frío, transpira regular, por no hablar de lo terrible o no que te veas con ellas puestas frente al espejo, dependiendo de tu autoestima. Pues eso, como un mal novio. Como es lógico, se trata de una prenda que no se puede probar ni devolver -menos mal que los maridos, sí-, no ocurre lo mismo con los sujetadores. Recuerdo una vez que fui a El Corte Inglés a comprarme un sostén (nunca comprar este tipo de prendas en mercadillos, sólo en ECI y en mercerías de confianza) y me atendió una dependienta muy amable. Me pidió mi "tallita" (¿por qué existe la costumbre en España de decir la palabra talla en diminutivo"?), me metí en el probador y le pedí que me trajera el mismo modelo de otro color. Lo trajo, llamó a la puerta y le dejé pasar de medio lado para entregarme la mercancía. Entonces me llamó por mi nombre y me dijo que me escuchaba en la Crónica Rosa de Esradio. Fue la primera vez que alguien se me declaraba fan y la atendí desnuda. No sé si desde que vio esa estampa me sigue escuchando. Recuerdo otra vez que pasé un verano en Burdeos aprendiendo francés y me hice una amiga de Irún que empleaba mucho la palabra "braguera". "Oye, ¿y si esta tarde pasamos de ir a las dunas de Pilat con el resto de la clase y nos quedamos en la residencia en plan bragueras, que hace mucho calor?" Me hizo gracia la expresión y aún la uso esos días que sólo apetece estar en casa tirada en el sofá, no necesariamente en bragas, sino en pijama. Una de las anécdotas que se recordaron el viernes en la fiesta homenaje a Javi Cid en Cornamusa (Palacio de Cibeles) fue una frase que nos decía a menudo cuando nos quejábamos de que un tío nos había dejado o tratado mal. "Habértelo pensado antes de bajártelas", zanjaba. Tenía toda la razón. Las fajas son un universo aparte. El otro día admiré la preciosa colección de Tot-Hom para esta temporada de la mano de mi querida Valiño y lo que más me gustó es que muchos modelos no requerían faja, ¡qué incómodas son! Tras los embarazos no tengo más remedio que usarlas a veces, igual que muchas mujeres, las mismas que hemos hecho rica a Kim Kardashian con su marca de fajas que hoy cotiza en Bolsa.