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Los inventores del concepto 'Madrid, capital del lujo para ricos extranjeros' pretenden ahora invertir esta tendencia que incomoda a numerosos habitantes de la capital, abriendo clubes pensados para la población local más selecta y discreta. Dos sofisticados refugios -el Club Metrópolis y el Vega Club- a salvo de lo que muchos madrileños perciben como invasión latam.
Es una realidad; hay barrios en los que no abunda el castellano de Valladolid y donde hoy residen acaudalados inmigrantes que hacen difícil encontrar mesa en los restaurantes de la calle Jorge Juan. Marta Seco y Sandro Silva, propietarios del grupo El Paraguas junto al conglomerado turco Dogus Group, precisamente artífices de esos lujosos locales del barrio de Salamanca -Ten con ten, Amazónico, Numa, Aarde- que escogió Erdogan para cenar durante la cumbre de la OTAN de 2022 en vez de acudir al Museo del Prado con el resto de mandatarios convocados por Pedro Sánchez, han cambiado de filosofía.
Tras décadas haciendo cajas millonarias gracias a las grandes fortunas que jalea Ayuso y que compran pisazos por videollamada, hoy han vuelto a poner su mirada en los madrileños, explotando el edificio más emblemático de la ciudad en la confluencia de Alcalá con Gran Vía.
Del Club Metrópolis, abierto desde hace apenas unas semanas, se han hecho socias ya distintas celebridades nacionales, que por otra parte, también se han hecho ricos gracias a esta nueva realidad poblacional. Hace una semana, se vio cenar en su terrazón, donde se erige su espectacular victoria alada sobre cúpula de oro y pizarra, a José María Aznar y su hijo Alonso (casado con la mexicana Renata Collado) con el empresario Rosauro Varo. Les acompañaba Javier de Paz, directivo de Telefónica, y les improvisaron una mesa en esta última planta aún no inaugurada. De las ocho que tiene el edificio, sólo dos están abiertas al público, la planta baja alberga un bar de lujo y la -1, otro de copas y un spa de langostas.
En sus 6.000 metros dedicados al "arte de vivir", hay otros cinco espacios de gastronomía y un hotel boutique de 19 habitaciones decorados por el prestigioso interiorista Lázaro Rosa Violán, que ha sido más atrevido con los espacios democráticos y más elegante con los exclusivos.
En Metrópolis, la inscripción cuesta 2.000 euros y la cuota anual, 3.500, realmente calderilla para este negocio de ver y dejarse ver practicado por gente guapa que maneja mucho dinero y se puede pagar una habitación en el edificio a 5.600 euros la noche.
Más socios célebres: Ana Rosa Quintana y su marido Juan Muñoz, Feliciano López, Figo, Pascua Ortega, Enrique Cerezo... Visitantes ilustres, unos cuantos más: Mar Saura, Mónica Pont con su último novio silver fox, Carlo Costanzia... "Han puesto cierto coto al socio Latam o extranjero en general, la prioridad es que haya más españoles, porque un club en España sin socios locales termina siendo un fracaso. Sin españoles nunca habrá extranjeros", cuenta una persona cercana al club que prefiere no desvelar su identidad.
"Pipo, hermano de Marta Seco y su mano derecha, no oculta que algunos de sus mejores clientes en Aarde o Amazónico procedentes de otros países que hoy residen en Madrid se han dolido por no haber sido admitidos como socios en Metrópolis, aunque hay que aclarar que cualquiera puede entrar como invitado por uno de ellos. Esta vez quieren atraer a gente local, huir del comensal prototipo de sus restaurantes. Los extranjeros tienen mejor encaje en otro club del grupo El Paraguas, The Library, más transversal. En Metrópolis, castizo en su concepto de decoración y restauración, hay más de 1.500 socios y una larga lista de espera, el criterio de selección es más proespañol y van a ser inflexibles con el dress code".
En el Vega Members Club, inaugurado anoche por Iñigo Onieva, el target es similar en cuanto a poder adquisitivo: "Vega es más para los hijos de los socios de Metrópolis", dice un insider. Es decir, para gente algo más joven e internacional, aunque la prioridad es también local. La decoración, asimismo a cargo de Rosa Violán, es más aspiracional, imitando a los clubes de Londres y Nueva York.
Recién llegado de Japón, donde ha corrido la maratón de Tokio y se ha hospedado acompañado de su mujer, Tamara Falcó, y de manera patrocinada, en el fastuoso hotel Four Seasons de la ciudad, Iñigo Onieva aspira a que su club sea epicentro del networking en la capital: "Queremos que las relaciones profesionales surjan. Madrid está viviendo una transformación profunda. Es una ciudad cada vez más internacional, emprendedora y culturalmente vibrante. Faltaba un entorno privado que reflejara esa evolución", dice a LOC.
Para montar este club han puesto capital Cristiano Ronaldo y el empresario Manuel Campos Guallar (del Grupo Tatel), dueño del restaurante Casa Salesas. Vega tiene una planta a la que puede acceder cualquiera y está más pensado para el tardeo, cena y copas. Lo han bautizado Casa Vega en un claro guiño a Salesas. Quieren que la gente entre por su oferta gastronómica y carta de coctelería. La parte privada consta de tres salones financiados por la marca Macallan, el whisky que bebía James Bond en la película Skyfall.
"La membresía va desde los 15.000¤ como cuota vitalicia, que se baja a 1.500¤ a los under (sic) 35", explica Onieva. Una persona que se está pensando hacer socio y prefiere no desvelar su identidad afirma que le han pedido 2.000 de inscripción y otros 2.400 de cuota anual. De este último pago, Vega devuelve 800 al socio en coctelería. El límite es de 500 miembros. "Tiene buena pinta. Recuerda al Soho Club de Nueva York".
Metrópolis y Vega son los últimos clubes en sumarse a la amplia oferta de locales privados donde sentirse alguien. En general, se diferencian unos de otros por su vocación; cultural, como Matador o Monteverdi; económica, como Forbes Club o Club Financiero Génova, el primero decorado por Mafalda Muñoz y Gonzalo Machado y en el que Vega se mira. Hay más clubes que corren peligro de caer en la ranciedad ante tanta reciente apertura: Gran Peña, Nuevo Club... También refugios para viejos madrilenians.






