No sigo a Georgina en Instagram, pero de vez en cuando me meto en su página porque, cuando estoy falto de temas para escribir, hay altas opciones de que ahí encuentre uno. Esta vez he entrado en el Georginagram solo para confirmar el tema que ya tenía en mente: Gucci.
Pues claro que Georgina fue a Milán al desfile de Gucci. El primer desfile completo de la nueva era de la casa, capitaneada por el georgiano Demna. Tras reinventar Balenciaga, este director creativo fue llamado para reflotar una Gucci en caída libre. La compañía Kering, matriz de ambas empresas, movía así a su talento más mediático desde una marca secundaria a la principal (y amenazada) fuente de facturación del holding.
Darle la batuta a un revolucionario es una maniobra menos agresiva en Gucci que en Balenciaga, pues ésta última, como Dior, Chanel o Saint Laurent, es una marca que nace de la creatividad y el talento de una persona concreta, normalmente muerta, siempre legendaria. Malear o incluso rechazar esos orígenes es peligroso. Puede leerse como una degradación o, peor aún, un insulto al genio original y una burla al cliente fiel. No es el caso de Gucci, cuyos orígenes son puramente comerciales. No hay ningún genio Gucci al que respetar.
Vestirse de Dior, de Chanel o de Saint Laurent (o de Alaïa o de Lanvin o de Armani o de Sybilla) manda varios mensajes. Vestirse de Gucci realmente solo manda uno: que tienes dinero para permitírtelo. Por eso Gucci, a lo largo de su ya centenaria historia (fue fundada en 1921) ha sido muchas cosas distintas: decadente, moderna, sexy, feísta, loca, burguesa, hortera...
Ahora es orgullosamente chabacana y más vulgar que nunca. Como Georgina. Igual que la de Jaca, el mensaje principal de Gucci es "mira qué caro es todo esto". La marca puso en la pasarela milanesa algunos de sus superéxitos, orgullosamente convertidos en iconos de la ordinariez dubaití y telecinquera: el tanga con logotipo, los mules peludos, la riñonera. Todo en modelos de cuerpos agresivos, muy (y muy mal) maquillados y, en ocasiones, con actitud de niño rico al que todo se le consiente. La nieta de Jackie O viviendo de un sugar daddy en Miami.
Una grosería y una genialidad: pocas veces una marca de lujo ha sido más sincera respecto a lo que es y lo que representa. Si puedes ir por la vida con media teta fuera, un pantalón de chándal pirata y mocasines peludos... eso es que alguien te ha quitado previamente los obstáculos del camino. Poder presentarte ante el mundo como te dé la gana es un privilegio reservado a muy pocos. Los demás tenemos que utilizar nuestro aspecto como pasaporte, salvoconducto, camuflaje, disfraz o escudo. Georgina, cuando todavía se disfrazaba y camuflaba, conoció a Cristiano Ronaldo mientras trabajaba como vendedora en una boutique de lujo. ¿Hace falta decir de qué marca?
