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Un trato con Dios

Kate Bush, la única que entendió 'Cumbres borrascosas', se hizo tan rica que pudo hacer lo que le dio la gana

Y por eso la envidia Rosalía. Mientras Hollywood insiste en revisitar a Emily Brontë, la cantante sigue siendo libre y misteriosa pero alejada de la promoción. No la necesita.

Kate Bush cuando promocionó su especial televisivo navideño en 1979
Kate Bush cuando promocionó su especial televisivo navideño en 1979GETTY
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Sirva el estreno de Cumbres borrascosas, que según se desprende de la crítica de EL MUNDO no es más que una nueva adaptación fallida de la novela de Emily Brontë, para volver a reivindicar el único epígono que, hasta ahora, le ha hecho mínima justicia: Kate Bush. Desde su aparición en 1978 y periódicamente, de hecho, la cultura popular ha dado razones para volver a ella.

La primera en España, durante bastante tiempo, fue un jingle. Aquel fragmento de Wuthering Heights que se repetía una y otra vez en bloques publicitarios, sobre todo en Navidad, para vender el clásico Ô de Lancôme. Quien no supiera inglés, en "Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I've come home, I'm so cold, let me in your window" oía un etéreo "iiiiiiiiii oooooo" que se colaba hasta los huesos. Normal, tratándose de un fantasma, el de Catherine Earnshaw, mortificando al objeto de su amor-odio. La propia Kate Bush ha explicado que falseó su voz haciéndola más aguda precisamente por eso.

Antes que el libro, a la artista, siendo apenas adolescente, le inspiró una escena de la versión televisiva de 1967, regularcita y teatral, pero con el sonido de fondo de un viento permanente y el mismo aire oscuro de la novela. De ahí salió el que sería su primer gran éxito, que fue también el primer tema escrito por una mujer que llegaba al número 1 de las listas en Reino Unido. Tenía solo 19 años y hacía tres que había abandonado el colegio para dedicarse exclusivamente a la música.

Para saber más

Nacida a las afueras de Londres en 1958, hija de un médico y de una enfermera, la niña Kate empezó a componer a los 11, de suerte que cuando David Gilmore, amigo de su hermano Paddy y guitarrista de Pink Floyd, descubrió su talento e intercedió ante EMI para grabar su primer disco (The Kick Inside), tenía cientos de canciones para elegir. Muy pronto pasaron dos cosas: se dio cuenta de que la promoción solo servía para quitarle tiempo y se hizo suficientemente rica como para hacer lo que le diera la gana. ¿En qué cabeza cabe, en estos tiempos de TikTok, branding y KPI, haber hecho una única gira en la vida (en 1979)? Pues así fue.

Es quizá lo que más ha de envidiarle la creadora Rosalía, que no ha dejado de repetir la inspiración que supone para ella Kate Bush (muy notoria en algunas canciones de Lux, especialmente Reliquia). Una artista que todo -divino y humano, terrenal y sobrenatural, profundo o superficial- lo absorbe, lo procesa y lo devuelve en formas gráciles. Atiéndase, si no, al monólogo de Molly Bloom convertido en The Sensual World (1989), de letra propia porque los herederos de James Joyce no le cedieron los derechos para usar ese fragmento de Ulises (acabarían haciéndolo en 2011, tras lo cual ella grabó una nueva versión con otro nombre, Flower of the Mountain).

La trascendencia opera por caminos sinuosos y uno de ellos llevó a Bush hasta otro hito pop: el episodio de Stranger Things donde la canción Running Up That Hill (A Deal With God) salva a la niña del monstruo. Con más de 2.000 millones de reproducciones en plataformas -de nuevo número 1 en 2022, 37 años después de compuesta-, importa poco el sentido original de la letra, pero conste aquí, según las palabras de su propia autora: "Es una canción sobre el amor y el poder del amor, y la frustración de los malentendidos en una relación. Si un hombre pudiera ser una mujer y una mujer un hombre [ese sería el pacto con Dios del título], tal vez podrían entenderse". Ole.

En contra del lugar común con el que se la suele nombrar, Kate Bush no está desaparecida ni es ninguna huraña. Vive en la costa de Devon con su marido, Danny McIntosh, con el que tuvo un hijo a los 40 años que hoy también es músico, Bertie McIntosh, y hace un par de años compuso la música de un cortometraje animado para recaudar fondos para los niños de Ucrania. Nunca ha dejado de trabajar y tiene una decena de discos.

Si al espectador le repele la propuesta cinematográfica de Emerald Fennel, con Margot Robbie y Jacob Elordi sosteniendo la química de un gas noble, siempre puede volver a los dos vídeos originales de Wuthering Heights. En uno rodado en interior y vestida de blanco, el otro entre colinas verdes y de rojo, se mueve Bush, con la coreografía que le inspiró Lindsay Kemp -quien enseñó, ojo, a David Bowie-, hipnótica, bellísima, misteriosa, inmortal, como la única novela de Emily Brontë.