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Pérez de la Sala: el odio a la hija de la familia española más rica de Australia

El fundador de la saga fue un general carlista que marchó al Reino Unido y que tuvo un nieto que fundó una naviera. La heredera libra una batalla a muerte con su hija.

Christina Pérez de la Sala junto al líder de los INXS Michael Hutchence, antes de que muriera. Ella era la representante del grupo
Christina Pérez de la Sala junto al líder de los INXS Michael Hutchence, antes de que muriera. Ella era la representante del grupo
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En Australia hay varias dinastías de migrantes que se han enriquecido tras prosperar en diferentes negocios, pero ninguna como los Pérez de la Sala. Esta estirpe de sangre española se ha hecho a sí misma tras sobrevivir a guerras y crecer desde cero. Sus cimientos, sin embargo, han sucumbido a las traiciones y a un concepto de lealtad distorsionado.

El punto de partida de la vasta fortuna es el exilio de un general carlista al Reino Unido tras la definitiva derrota de los tradicionalistas en 1876. Su hijo, Robert MacAndrew Pérez de La Sala (1873-1931), heredo la pasión marinera de su padre y fue condecorado tras sobrevivir a la I Guerra Mundial además de los otros tres conflictos en los que participó. Posteriormente se iría a vivir a Saigón y se convirtió en uno de los capitanes más destacados de los hombres de negocios locales. Sin embargo no fue otro que su nieto, ya llamado solo Robert Pérez de la Sala (1908-1967) quien se hizo rico entre todo este embrollo de apellidos. La suya es la estampa clásica del que empieza como aprendiz y acaba creando un imperio. Su negocio naviero fue tan exitoso que fue descrito en los obituarios como "el hombre más rico de Australia" tras fallecer en Sídney en 1967.

Ernest era uno de los cuatro hijos -perdió otro por enfermedad- que Robert tuvo con su mujer, Camila Vázquez, y el encargado no sólo de mantener el legado, también de continuarlo mediante su sobrina. Aquí entra Christina Pérez de la Sala (54), a quien su familia pretende llevar al ostracismo por "traidora".

Para ella, 1997 estaba llamado a ser un año muy especial. Conoció a un apuesto comandante del Servicio Aéreo Especial británico (SAS), James Morgan Copinger-Symes, cuando era una joven de 26 años de edad envuelta en la mística de las élites de la escena cultural: era manager del grupo de música australiano INXS durante sus giras europeas.

Aquel año tocaba promocionar el trabajo, Elegantly Wasted, y los australianos tocaron un icónico directo para el canal de música VH1 desde Londres. El programa Uncut supuso la última aparición en Reino Unido de Michael Hutchence, su carismático vocalista. Fue el 1 de marzo del 97 y más de ocho meses después, el cantante aparecía muerto en la habitación de un prestigioso hotel de Sídney. Se había quitado la vida en plena batalla por la custodia de su hija, Tiger, con su expareja, Paula Yates. A Christina se le fue un amigo.

En 1967 se les describió como el hombre más rico de Australia

Christina estaba llamada a ser una de las herederas de la fortuna de los Pérez de la Sala, se casó un año más tarde con su prometido y adoptó su apellido y siguió ayudando a INXS a pesar del adiós de Hutchence durante sus compromisos europeos. Sin embargo, Christina acabó abandonando el barco. Lo hizo antes de que la banda tocara fondo en 2005 con un reality show, Rock Star, dedicado a encontrar un nuevo cantante que sustituyera al considerado como muchos como "el irremplazable Michael".

Un año antes de aquel show televisivo, tanto ella como su marido, residentes en el prestigioso barrio de Chelsea, en Londres, en una casa valorada en casi tres millones y medio de euros, aceptaron la oferta de su tío Ernest de erigirse como la savia nueva del negocio familiar. Se mudaron a Singapur, lugar en que se acabó por consumar la brecha por intentar tener el control de los activos y estructuras empresariales. Christina ocupaba una posición de confianza en el entramado familiar y, según resoluciones judiciales, actuó de forma contraria a los intereses de su tío tras apoyar movimientos corporativos y decisiones estratégicas que lo dejaron al margen de la gestión de determinadas sociedades. Aquello se interpretó como una quiebra profunda de lealtad en el seno de una familia marcada por el poder, el dinero y una red empresarial opaca.

a matar

Se inició una profunda crisis que acabó en el divorcio de los Copinger-Symes en 2022. Sellaron un acuerdo económico en el que Christina debía pagar a su exmarido cerca de 14 millones de euros. Lo que entonces nadie sabía -ni el juez ni ella- era que, en paralelo, sus padres habían transferido de forma discreta al exyerno un regalo de más de 31 millones de euros. Ella quedó excluida.

Esta revelación provocó a un litigio en la Corte de Familia de Londres en 2024, donde el juez anuló la orden original al considerar que la ocultación del regalo constituía una "no divulgación material", una figura legal que permite reabrir acuerdos cuando emergen datos que habrían alterado sustancialmente su resultado. Tras la anulación, Christina reclama ahora cerca de 16 millones de euros de los fondos entregados por sus propios padres a James Morgan Copinger-Symes, su exmarido.

El caso dejó al descubierto una fractura familiar profunda. El juez llegó a describir que los sentimientos de su madre, Felicite Pérez de la Sala, y de tres de sus hermanas hacia ella eran "de odio". La relación está tan deteriorada que Christina fue incluso excluida del funeral de su padre hace tres años. Sostienen que el regalo se hizo con la condición expresa de que ella no pudiera reclamarlo, una decisión motivada por lo que su madre considera una "traición" tras los eventos de Singapur.

La disputa está en apelación y Felicite lucha por que su hija no vea un céntimo. Este litigio se suma a otros abiertos en Australia que, más allá del dinero, dejan el legado de esta dinastía profundamente resquebrajado.