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No paralizó la Gran Vía pero sí a millones de espectadores ante las pantallas, porque se emitió en directo por TVE en prime time. Y además tuvo entre el público a Doña Sofía. Lo que dio Isabel Pantoja en el Teatro Lope de Vega de Madrid el 4 de diciembre de hace ahora 40 años no fue un concierto, sino un acontecimiento.
Un suceso de la magnitud propia de aquellos tiempos previos a la fragmentación extrema de la atención.
Si los ojos de su marido, Francisco Rivera Paquirri, su Paco, se fueron apagando ante las cámaras en la enfermería de la plaza de Pozoblanco -infausto 26 de septiembre-, el fin del luto de la viuda -un año después, ni menos ni más- ante las cámaras se iluminaría. Si este país había seguido con fervor el amor de la pareja, que representaba como pocas una letra de copla, lo mismo haría con el duelo. España entera -mujeres y hombres- lloró con la Pantoja aquella noche, tocada por el ángel de la emoción fabricada lo justito.
Varios trajes a medida llevó la artista ese día: las tres prendas verdaderas confeccionadas por Lina, quien le había diseñado también su vestido de novia, y las 15 canciones que interpretó. Media docena de coplas, un par de temas del disco anterior, con el que quiso acercarse al pop -que entonces se llamaba canción ligera-, y, sobre todo, las del álbum que presentaba, Marinero de luces, cosido por delante y por detrás, redondo, por José Luis Perales.
Gracias a internet -que no todo lo pasado fue mejor- se puede ver el espectáculo íntegro. Sale al escenario de raso de seda color plata, cubierta con un abrigo como de Virgen barroca, la melena gitana en un moño coronado de diamantes. Saluda con reverencias. Respira hondo -ay, los nervios- antes de arrancarse. "Por si hay una pregunta en el aire, por si hay alguna duda sobre mí, hoy quiero confesarme, hoy que me sobra tiempo, voy a contarle a todos cómo soy...". Al terminar la canción, le aplauden de pie y, después de recoger y besar una medalla que le han tirado a los pies, Isabel se quita la capa. El vestido bordado a mano en cristal y los hombros libres cantan con ella: "Déjame que me ensaye una nueva sonrisa, déjame que me invente una nueva caricia". Es una actriz extraordinaria.
Las canciones de esta primera parte se acompasan con la época. Dos de ellas son de Paco Cepero, agraciado y prolífico compositor, además del guitarrista que mejor le tocaba a Camarón -palabra de Paco de Lucía y de Tomatito- y primo, por cierto, de Chiquetete, primo a su vez de la propia Isabel. "Sin tú saberlo estás distinto, muy distinto, y yo te quiero retener, por eso amor estoy contigo y si tú quieres, cambiaré". Qué declaración de intenciones, aquello de 1983: no te me pierdas, español que ya votas, no soy una antigua, aquí te traigo tu mijita de guitarra eléctrica, tu poquito de sintetizador, tu aire a ranchera que me vista de pronto de diva a la mexicana".
mi pEQUEÑO DEL ALMA
Lleva media hora de recital y el sudor sobre el labio le ha borrado el maquillaje. Se nota porque se le ven los lunares de la boca. Habla por primera vez -antes no se hablaba casi nada en los conciertos- para agradecer al público la asistencia y ofrecer disculpas: "Todo no saldrá bien, pero sé que sabréis perdonarlo". Se dirige entonces a la Reina, para pedirle permiso y dedicarle la canción siguiente, Era mi vida él, a su marido. No hacía falta que lo dijera. Todas las canciones hablan de él salvo la que sigue, Mi pequeño del alma, que es para su hijo de casi dos años, Francisco José,Paquirrín, al que enfocan en el palco en el que está sentado con tito Agustín.
El intermedio da paso a otro tono y otro vestido. Una bata de cola negra con la que canta las coplas de sus primeros años, firmadas por Rafael de León y Juan Solano -el cuarto jinete del género que a menudo se olvida cuando se nombra al trío más famoso-, "descubridores" ambos de Isabelita en Sevilla siendo adolescente, una década atrás. Se suceden antes de la apoteosis. "Ese barco velero cargado de sueños cruzó la bahía".
A lo que dice para despedirse -"que cuando salgáis de aquí, digáis que de verdad tenéis una amiga de todo corazón"- le faltará la guinda, ya con los créditos sucediéndose en pantalla. Sube Paquirrín, con su pantaloncito azul y su rebeca blanca, y lo coge en brazos. "¿Quieres cantar?". Mi pequeño del... "amma", con su piel de ca... "quena". Aquel disco vendió 1.250.000 copias. De aquella noche salió la Pantoja, al fin, estrella incontestable.




