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Cáceres

Aznar Jr., Gómez Acebo, Koke... Los apellidos ilustres que marcaron la imagen de la Isla de Valdecañas, cuyo derribo pende de un hilo

El Tribunal Constitucional ha rechazado esta semana un recurso de la Junta de Extremadura para evitar el derribo por haberse construido en zona Zepa, aunque el periplo judicial aún no ha terminado.

Vista aérea de la isla de Valdecañas. Tiene 133 hectáreas. Se construyeron 180 villas y un hotel de cuatro estrellas
Vista aérea de la isla de Valdecañas. Tiene 133 hectáreas. Se construyeron 180 villas y un hotel de cuatro estrellasEl Mundo
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Desde hace años, el nombre de Valdecañas va unido a nombres y apellidos ilustres como Beltrán Gómez-Acebo, sobrino del rey emérito Juan Carlos I; Jaime López-Ibor Alcocer, sobrino del empresario Alberto Alcocer; José María Aznar Botella, hijo del expresidente del Gobierno; Carlos Baute, cantante; Fran Murcia, el ex marido de Lara Dibildos, o incluso el de Koke Resurrección, futbolista del Atlético de Madrid (que se casó allí en 2018). Si encima se vincula con términos cargados de prejuicio como "la Marbella extremeña", "urbanización de lujo", "resort para ricos" o "paraíso extremeño de los vips", el cóctel termina por ser demasiado arriesgado, para bien, cuando emerge el proyecto, o de forma muy negativa cuando se enturbia desde el punto de vista judicial. Es lo que ha ocurrido con la famosa Isla de Valdecañas, ubicada entre los pueblos de El Gordo (369 habitantes) y El Berrocalejo (124), al noreste de la provincia de Cáceres, a tan sólo 166 kilómetros de Madrid por la autovía A-5.

Estos vips llamaron la atención desde el primer momento y pusieron al resort en el centro de la diana de los movimientos ecologistas con el propósito de derribarlo. Sobre una superficie de 133 hectáreas, declarada como zona de especial protección, se construyeron 180 villas, un hotel de cuatro estrellas de 80 habitaciones, campos de golf, embarcadero, playa artificial o instalaciones deportivas. Todo ello pertenecía a la primera fase de construcción, que superó los 140 millones de inversión. La segunda, tras varios reveses judiciales, ya no se pudo completar. Hubieran sumado otras 300 viviendas más y un nuevo hotel.

Esta misma semana, el Tribunal Constitucional ha dado un paso más en el incierto futuro del complejo al rechazar por unanimidad el recurso de amparo interpuesto por la Junta de Extremadura contra la orden de derribo emitida por el Supremo (el TSJEx de Extremadura había abogado por el 'statu quo' y dejar las cosas como están). Quedan todavía por resolver otros dos recursos, el de los ayuntamientos afectados y el de los propietarios de las viviendas, mientras no se descarta que la solución final se eleve a Estrasburgo. Las reclamaciones en forma de indemnizaciones pueden ser millonarias. Un informe judicial lo evaluó sólo a los propietarios en 111 millones. El derribo, 34.

Entre los ilustres famosos no queda ninguno que mantenga la propiedad (el del hijo de Aznar estuvo en régimen de alquiler). El impulsor del proyecto fue el empresario andaluz José María Egea, que había puesto en pie años antes una urbanización similar en El Rompido (Huelva). La gemela extremeña no tenía mar, pero sí embalse, estaba apenas 1 hora y 45 minutos de Madrid, y parecía de entrada una buena inversión para profesionales liberales. Para para el desarrollo de su público potencial en la capital de España buscó a Beltrán Gómez-Acebo, cuarto de los cinco hijos de la infanta doña Pilar, dedicado al negocio inmobiliario junto López-Ibor Alcocer, que habían puesto en marcha la sociedad Vertical Real State.

Para la comercialización tiraron de su círculo más cercano. De ahí los nombres, que no fueron muchos, pero sí los suficientes para darle caché, popularidad, pero también férreos detractores. La oferta contemplaba tres tipos de viviendas (400.000 de media para los de una planta; 500.000 para una intermedia con planta baja y la superior, de dos plantas, por 600.000 aproximadamente). "De los 180 propietarios en total, 4 tenían nombres famosos pero el resto, 176, éramos familias de clase media, que nos embarcamos en hipotecas; seguramente ese estereotipo no nos ha beneficiado", reconoce, Ricardo Balmori, ejecutivo del sector de la distribución, natural de Carabanchel, que adquirió una vivienda en 2011, junto a dos amigos, "con toda la buena fe del mundo". Tiene cuatro hijos: "Mi mujer va mucho porque además tiene la posibilidad de teletrabajar". Desde años, resiste como la mayoría de propietarios, muchos de ellos abogados, que no están dispuestos a abandonar el complejo. "Estamos muy unidos al pueblo y los vecinos mantenemos la esperanza".

Los vecinos de mayor edad de la zona confirman que Valdecañas -hasta la llegada del proyecto- era un erial que servía como vertedero de frigoríficos, lavadoras y resto de material desechable, rodeado de eucaliptos sin valor.

En una visita al complejo, antes de la conclusión de las obras, el entonces presidente de la Junta Guillermo Fernández Vara llegó expresar su deseo, ante los promotores, de invitar a los Reyes a la inauguración: "Proyectos como éstos son los que necesita Extremadura", dijo entonces.

La infraestructura ofrece trabajo unas 100 personas de la comarca del Campo Arañuelo. "Los grandes perjudicados si se derriba vamos a ser los que nos quedamos aquí en los pueblos y, por supuesto, el Ayuntamiento", destaca el alcalde de El Berrocalejo, Ángel Luis Romero (PSOE): "Se trata simplemente de aplicar el sentido común porque esto no es como el hotel de El Algarrobico que está construido en la playa", argumenta. Sólo con el IBI de las viviendas, tanto este municipio (200.000 euros) como El Gordo (algo más) cubren el presupuesto anual.

El promotor José María Gea (79 años) no pierde la esperanza: "La Junta cambió la normativa y es lo que debe de prevalecer". Se trata de la Ley 2/2023 de 22 de marzo que estableció que las construcciones y edificaciones ejecutadas completamente en Valdecañas quedaban totalmente legalizadas. La batalla continúa. Con prejuicios.