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Secuoya content group cerró 2024 con una facturación de 142 millones de euros y un ebitda de 59,1. Para quienes no estén familiarizados con el sector audiovisual, se trata de un gigante de la producción mundial, tan made in Spain como los bolsos de Ubrique o los zapatos de Elche. Y sin un euro público. Secuoya cuenta con 1.100 trabajadores fijos a los que se suman las más de 10.000 contrataciones que requiere las series. Es el gran aliado en España de Netflix, que produce muchas de sus series en los 12 estudios con platós de Madrid Content City. O bien utiliza sus servicios en las diferentes localidades en las que rueda.
Esta semana la Fundación Secuoya celebra en Madrid Iberseries & Platino Industria, un festival que reúne a los principales actores del sector audiovisual latinoamericano (plataformas, televisiones, creativos, productores, distribuidores, compradores, financieros...) para la proyección de producciones en español y portugués. Un ejemplo de lo que hace Secuoya es La encrucijada, protagonizada por una actriz española y un actor argentino, con un guión basado en una telenovela turca. La ha comprado México y otros tantos países de Latinoamérica. En España se emite en Disney y Prime.
"Es un claro modelo de 'ventana', la nueva tendencia que se va a ir instaurando en la industria. Esto consiste en que las productoras se hacen cargo de los gastos y luego pueden vender en diferentes canales de distribución en otros países. El otro modelo es el 'original': la plataforma o la cadena asume todos los gastos, paga un tanto a los creadores y luego se encarga de la producción y la distribución. Con la ventana existe más riesgo para los productores, pero, si sale bien, ganan más dinero", dice Raúl Berdonés, presidente de Secuoya. Por ejemplo, La Casa de Papel fue financiada por Netflix (y rodada en los estudios de Secuoya) y se emite en esta plataforma en todo el mundo (400 millones de hogares). Si se hubiera vendido con el modelo de ventana, los creadores y productores habrían mantenido la propiedad de la serie.
Raúl Berdonés (46 años), presidente del Grupo Secuoya, no estrenó coche hasta hace cuatro años. Hasta entonces siempre los había comprado de segunda mano, porque prefería reinvertir lo que ganaba. Esa ha sido siempre su mentalidad, desde que a los 13 años decidió que no le interesaba seguir los pasos de su padre en un taller de chapa y que lo que le gustaba era la televisión. Entonces se hizo instalador del llamado vídeo comunitario en edificios de vecinos y consiguió que recibieran también la señal de las teles privadas que entonces arrancaban. (Y, de paso, la peli porno y el partido del Plus). Él mismo dice que era un "hombre orquesta": por la mañana iba al videoclub, cogía las cintas para el vídeo comunitario (no faltaba a clase) y luego las ponía en los reproductores de los vecinos. Por la noche, sobre todo cuando la lluvia arreciaba en Granada, su padre o uno de sus cuatro hermanos lo acompañaba, porque le daba miedo caminar solo por las calles. Explica también que apenas tiene amigos de la infancia porque estaba siempre trabajando.
En sus propias palabras, se convirtió en "el niño rico" de La Chana, el barrio granadino en el que creció. A los 15 años ya ganaba más que su padre. Y reinvertía, claro. Los fines de semana lo contrataban para hacer vídeos de bodas, bautizos y comuniones, la célebre BBC. A veces grababa cuatro eventos en un solo fin de semana: viernes por la noche, sábado a mediodía y de nuevo por la noche, y los domingos. Hoy, como entonces, Berdonés sigue muy ligado a Granada, donde viven sus hijos y sus hermanos.
Salto a Madrid
A los 17 años dejó de estudiar y se fue a Madrid porque quería ser cámara, nunca salir en pantalla. Enseguida encontró trabajo como ayudante de cámara en una empresa de unidades móviles. De nuevo trabajaba de lunes a domingo. No le importaba. Tres años después ya era productor en la empresa VaV y, a los 23, se convertía en director general. Poco después pasó a ser socio de VSAT, una empresa participada por Antena 3, que le dio poder de decisión aunque su participación no era mayoritaria. Cuando la vendió en 2008, fundó Secuoya. Tenía 30 años y el entorno mediático estaba marcado por la crisis económica. Secuoya ofrecía servicios a las televisiones públicas a mitad de precio gracias a la gestión de recursos y al uso de tecnologías digitales. En un solo año dobló los ingresos de la compañía."Lo peor que me puede pasar si pierdo todo lo que invierto es volver a ser cámara, y ya me he ganado muy bien la vida", resume. Con un punto de orgullo añade que empezar desde abajo en cualquier negocio da más credibilidad ante los empleados. Actualmente, en Secuoya trabajan muchas de las personas con las que colaboró desde que era cámara.
En 2010 ya facturaba 20 millones de euros. En 2012 N+1 (después Alantra), un fondo de inversión, compró una parte y les permitió dar el salto a Iberoamérica (México, Perú, Chile, Estados Unidos...). El modelo que Secuoya había impuesto en 2008 funcionaba también en América Latina. En Murcia, por ejemplo, se adjudicó Canal 7, que pasó de costar a los contribuyentes 40 millones a 20, con audiencias muy similares.
En 2023, Berdonés y Pablo Jimeno, su socio, recompraron las acciones de Secuoya en manos de otros inversores. Entonces la compañía se valoró en 127 millones, con un ebitda de 16 millones. Hoy esa cifra se ha multiplicado y, según El Confidencial, la empresa podría estar valorada en 600 millones. El modelo de Madrid Content City es único en Europa, sobre todo desde que el Reino Unido quedó fuera del mercado de producción comunitaria tras el Brexit. El proyecto nació de la lógica empresarial de Berdonés y Jimeno, que decidieron dejar de alquilar platós y construir los suyos propios. Compraron un terreno en Tres Cantos y levantaron los primeros estudios donde en un día se pueden rodar los interiores del palacio de La Granja, Banco de España o una película de mafiosos.
Entonces Berdonés se presentó en las oficinas de Netflix. "Y yo, un catetillo de Granada, sin hablar bien inglés, les expliqué el proyecto y les dejé una tarjeta". Tres meses después lo llamó el responsable de Netflix en Europa y se presentó con otras 20 personas en Tres Cantos. Las obras estaban en marcha y la reunión se celebró en la caseta de obra. Un día después Madrid se convertía en uno de los principales centros de producción de Netflix.
Hoy Madrid Content City tiene 12 estudios con platos de 1.200 a 2.000 metros cuadrados, 22 naves de apoyo a la producción y cuenta, además, con una universidad creada junto a Planeta Formación, que ofrece grados, másteres y FP. El 85 % de los titulados encuentra trabajo.
"Me empeñé mucho en la universidad porque, aunque hay profesionales muy buenos en España, necesitábamos más. Además, allí aprenden con los mismos equipos que se utilizan en los estudios", dice Berdonés. "Madrid es un lugar ideal para trabajar y vivir, como muestran todos los actores de Hollywood que se están instalando en la ciudad. El sector audiovisual representa el 2,6 % del PIB de Madrid (el 1,2 % del nacional) y emplea a casi 30.000 personas. Y además no estamos solos, porque en España hay muchísimo talento. Por ejemplo, Peris Costume es la mayor empresa de vestuario del mundo".
Y hace dos semanas inauguraron Sevilla Content City con seis millones de inversión. En Colombia ascenderá a 40 millones.
El presidente de Secuoya podría seguir hablando horas y horas, porque su trabajo es la pasión de su vida y cree que los españoles deberían "sentirse orgullosos" cuando, cada vez más a menudo, vean que su "serie favorita está hecha en España".

