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En el momento en que hace esta entrevista, Raquel Carrera (23) es más Raquel que Carrera. La joven jugadora de la Selección Española de Baloncesto atraviesa desde hace cuatro meses una lesión de rodilla que le mantiene alejada de la cancha, pero cerca de su familia, como nunca lo había estado desde que, siendo tan solo una niña, empezó a ser jugadora profesional.
"Cuando los deportistas sufrimos una lesión, perdemos ciertas oportunidades. En este caso unos Juegos Olímpicos, que siempre son bonitos de jugar. He tenido días de rabia, de llorar. Pero al final también te lo tomas como una oportunidad de seguir mejorando, de seguir creciendo tanto como jugadora como persona. Estoy teniendo un verano distinto, en el que paso más tiempo con mi familia. Nunca había pasado un mes entero con mi hermano", cuenta a LOC Raquel Carrera.
Ala-pívot del Valencia Basket, Carrera nació en Ourense, en el seno de una familia apasionada del baloncesto. "Jugaba al baloncesto como diversión con mis amigas del cole, hasta que con 13 años me ficha el Celta y me dicen que me vaya a Vigo. Es ahí cuando me empiezo a tomar el baloncesto en serio", rememora.
"Empiezo en el mundo del baloncesto por mi padre y mi hermano, porque los dos jugaban, aunque no eran profesionales. Ahora mi hermano es árbitro. Soy su hermana pequeña, pero él nunca ha tenido celos de mí. Al contrario, él ha sido quien más me ha apoyado y me ha seguido allá donde he ido. Es a quien más agradezco todo lo que me pasa", explica. "A mi padre le gustaban mucho el fútbol y el baloncesto. Pero el fútbol no se me daba bien. Para él lo importante era que me divirtiese y me lo pasase bien. Tampoco nunca me han puestouna presión excesiva para que yo fuera jugadora de baloncesto".
Raquel mide actualmente 1,88 metros de estatura y, de niña, ya destacaba por su altura. Sin embargo, no sufrió situaciones de bullying extremo como las que vivieron el baloncestista Iñaki Zubizarreta o la jugadora de la WNBA Brittney Griner, quienes fueron discriminados en su infancia. "Tuve la suerte de escoger bien a mis amistades y pasaba de comentarios que me pudiesen hacer daño. Me alejaba de gente que no me interesaba y creo que eso es lo que más feliz me ha hecho", asegura.
Con 14 años, la gallega fue convocada por primera vez con la Selección Sub-17. "Cada vez que te llaman para la Selección es una alegría. El hecho de que confíen en ti para representar a tu país y de que valoren el trabajo que haces durante todo el año con tu equipo es muy gratificante. Al final estamos todo el año compitiendo para que llegue el verano y poder dar el máximo. También es genial tener la oportunidad de conocer sitios y viajar".
La Selección Española de Baloncesto se ha convertido en toda una inspiración para muchas chicas jóvenes. "Ves a muchas niñas con tu camiseta o niñas que empiezan a practicar el deporte y que para ellas eres un referente. Para nosotras eso es muy bonito", dice con orgullo. Quizás porque ella, en su día, fue una de esas niñas que admiraba a jugadoras todavía más pioneras y arriesgadas.
"Cuando llego a la Selección hay un trabajo previo hecho por todas las jugadoras que habían estado antes. Laia Palau, Anna Cruz, Elisa Aguilar y otras jugadoras hicieron un trabajo muy fuerte para que el baloncesto femenino se potenciara más. Era una época donde el baloncesto femenino estaba en auge, no tanto como el masculino; eso ya lo sabemos. Pero sí estaba creciendo", sostiene.
La deportista estudia la carrera de Fisioterapia y resalta la importancia de continuar formándose, a pesar de competir a alto nivel. "Mi madre siempre ha sido la que ha insistido en que nunca deje los estudios de lado porque es lo más importante. Aunque al final el baloncesto siempre está ahí, nunca sabes lo que puede pasar. Yo ahora, por ejemplo, tengo una lesión larga que es un año de estar parada y doy gracias a mi madre de que en este momento insistiese en que yo siguiese estudiando. Mi padre y mi hermano también han insistido mucho en que acabe mis estudios".
Cuando no está estudiando o entrenando (a pesar de su lesión, hace cuatro horas de ejercicio diario), Raquel tiene la vida de cualquier chica de su edad. Le gusta salir con sus amigas o su pareja, ir al cine, escuchar música y leer. Sin embargo, en su apretada agenda también le gusta sacar tiempo para apoyar causas benéficas. Embajadora de Buenos Valores de la marca Kellogg's, suele ir a desayunar y a jugar al básquet con niños de bajos recursos.
Ahora, la joven espera volver pronto a los parqués. Tras ser operada, le quedan unos meses de recuperación. Su último hito deportivo con el Valencia Basket fue ganar la Copa de la Reina en 2024, acontecimiento al que no acudió la Reina Letizia. "No, ellas no vienen al baloncesto. Ni estuvieron en la Copa de la Reina este año", se sincera al ser preguntada por la presencia de la Familia Real en el básquet.
No parece que sea algo que le importe mientras tenga a los suyos en las gradas. Su hermano, árbitro, no puede estar en ningún otro lugar: ni en casa, por ella, ni en la cancha, por las demás jugadoras. A Raquel solo le importa seguir con su carrera y seguir siendo Raquel.

