Ilia Malinin (21) lleva el patinaje artístico inscrito en el ADN. Su abuelo, Valeri Pavlovich Malinin, que reside en Novosibirsk (Rusia), ejerció durante más de cinco décadas como entrenador y, de hecho, entrenó a su hija Tatiana, madre del gran prodigio de los JJOO de invierno de Milán-Cortina-D'Ampezzo.
El joven, a quien apodan el Dios del Cuádruple, le dio el primer oro en la prueba por equipos a Estados Unidos en un ejercicio en el que dio un salto mortal hacia atrás que provocó que Novak Djokovic se levantara boquiabierto de su asiento.
Nacido en en Estados Unidos, en el estado de Virginia, sus padres, Tatiana Malinina y Roman Skorniakov, también fueron dos veces olímpicos que compitieron por Uzbekistán. Pero conscientes de que tendrían más posibilidades si migraban a Estados Unidos, decidieron dejar a su familia para empezar una nueva vida.
Con 6 años, Ilia debutó en el hielo, sin embargo, su gran pasión era el fútbol. "Pensaba que iba a ser futbolista, pero mis padres no tuvieron tiempo para llevarme a clases de fútbol, así que el patinaje se apoderó de mí en cierto sentido", confesó a la revista People. Su abuelo, en otra entrevista, insiste en que a los 15 años quiso dejar el patinaje por el fútbol.
Los padres de Ilia no descuidaron los estudios y la herencia de su primogénito, por lo que asistió a un jardín de infancia y a una escuela de habla rusa. En casa, la familia se expresa en este idioma. En más de una ocasión, Ilia ha dicho que habla y entiende ruso con fluidez, pero que tiene grandes dificultades para escribirlo y leerlo.
Como era de esperar, sus padres empezaron a entrenarle. Le advirtieron de que sería un proceso muy duro y sacrificado, pero el joven terminó aceptando. "Era un niño atlético. En general, le gustaba practicar deportes. Para el entrenamiento físico general, Tanya y Roma le llevaron a gimnasia", admitió el abuelo.
A fuerza de constancia, el patinador consiguió su primer gran éxito con 11 años al ganar el Campeonato de Estados Unidos. Dos años después no pudo clasificarse en el mismo torneo, por lo que empezó a dudar de sí mismo, se preocupaba demasiado, no quería decepcionar a sus seres queridos e incluso barajó la posibilidad de dejarlo todo.
Muy maduro para su edad, Ilia comprendió que en la vida no todo era ganar, aprendió técnicas para fortalecer su mente, reconsideró su enfoque el entrenamiento y siguió entrenando más de ocho horas diarias.
Esa determinación dio su fruto en los primeros estadios de la pandemia porque Ilia era capaz de hacer saltos cuádruples de forma constante. En otoño de 2022 hizo historia al completar con éxito el cuádruple Axel en competición (un salto de 4,5 rotaciones, considerado durante mucho tiempo físicamente exigente y casi imposible en competición internacional) y al año siguiente fue el primer patinador artístico en realizar los cuatro saltos en la competición.
Ilia está muy agradecido a sus progenitores. En redes sociales suele publicar fotos de ellos y, sobre todo, junto a su madre, quien es la entrenadora oficial a la par que su admiradora número uno.
En uno de los comentarios del deportista en redes sociales le dedicó unas bonitas palabras: "Gracias por estar ahí para mí en cada paso del camino, en los buenos y malos momentos. Atesoro muchos recuerdos maravillosos que hemos creado juntos y espero crear más en el futuro".
Consciente de que la presión a la que está sometido conlleva grandes dosis de estrés y ansiedad, Ilia ha encontrado en el dibujo, la pintura y la lectura las mejores aficiones para desconectar. Y, por supuesto, uno de los hobbies que más le gusta es encerrarse en su cuarto para jugar a videojuegos en el ordenador y crear música electrónica.
En cuanto a tener relaciones amorosas, el joven ha expresado en varias ocasiones que está "priorizando la formación y la carrera por encima de las citas". Asimismo, no ha descuidado sus estudios ya que después de graduarse en 2023 en el instituto George C. Marshall se matriculó en la Universidad George Mason, donde procura formarse básicamente a distancia.
Como no podía ser de otra manera, la pequeña de la familia, Elli Beatrice (10), a quien llaman Liza, también es patinadora artística de competición. Como a Ilia, optaron por el apellido materno aunque en su forma femenina, Malinina, porque a sus padres les preocupaba que el apellido paterno, Skorniakov, fuera demasiado difícil de pronunciar.


