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Su apellido da fe de su aristocrática estirpe aunque, a sus 19 años, ella es aún una cachorra de la alta nobleza europea bastante desconocida para el gran público. Algo que va a cambiar este sábado, cuando se convierta en la protagonista del gran Le Bal en París, el baile de debutantes más famoso en nuestros días de la jet internacional.
Hablamos de Eulalia de Orleans-Borbón, descendiente directa de la reina Isabel II de España y de Luis Felipe, rey de los franceses, entre otras testas coronadas de siglos pasados. Corren, por tanto, por sus venas genes de muchas de las dinastías que han ocupado o siguen ocupando hoy los tronos del Viejo Continente. No extraña así que esta joven con hechuras de modelo sea el cartelón de esta edición del exclusivo Le Bal, que atrae los focos del papel cuché de todo el mundo desde la reconversión del formato en 1994 de la mano de la visionaria Ophélie Renouard. El año pasado, la velada de debutantes contó como figura más destacada con Eugenia, hija de Luis Alfonso de Borbón, pretendiente legitimista a la Corona de Francia, en disputa con el aspirante orleanista Juan, Conde de París. Todo vuelve a quedar entre las mismas dos dinastías.
Para no perdernos en el laberinto real, subrayemos que nuestra protagonista es hija de Álvaro de Orleans-Borbón, bisnieto de toda una Infanta de España, Doña Eulalia -la benjamina de la mencionada Isabel II, la de los tristes destinos-. Y no una Infanta cualquiera, sino la que podemos considerar como la primera feminista de nuestra familia real, todo un personajazo que protagonizó un sinfín de escándalos en la Corte de su sobrino Alfonso XIII, tanto por su divorcio en Francia como por sus avanzadas ideas que le llevaron a escribir libros tan polémicos como está siendo ahora el tochaco Reconciliación de Juan Carlos I.
Y al Emérito cabe traerle a colación porque este Don Álvaro, insistimos, orgulloso progenitor de nuestra debutante en Le Bal, es uno de sus primos más fieles, señalado durante años por ejercer funciones de auténtico -aunque siempre presunto- testaferro para él. Y aún más. El padre de Felipe VI es padrino de la bella Eulalia Orleans-Borbón. De modo que nada tendría de sorprendente que esta noche se dejara caer por el magnífico Hotel Shangri-La de la capital del Sena donde la descendiente de la última reina por derecho propio de España brillará con un diseño de alta costura del diseñador libanés Tony Ward. Se sabe que tendrá como cavalier a Albert Windsor, nieto de los duques de Kent y uno de esos jóvenes a los que etiquetan como solteros de oro de la realeza británica, aunque el chaval todavía esté en edad de sufrir el mal de acné juvenil.
Eulalia estudia Economía y Finanzas en la prestigiosa St Andrews (Fife, Escocia). Pero, cómo no, también hace ya sus pinitos como influencer en Instagram. Sus seguidores se están multiplicando desde que se anunció su debut en el baile más pijo habido y por haber. Y lo que ahora está por ver es si tiene algo del carácter indómito de la antepasada en cuyo honor le pusieron su nombre, la ya citada Infanta Eulalia.
La hermana de Alfonso XII rompió moldes en su época. Su matrimonio con su primo el Infante Antonio de Orleans -hijo del riquísimo e intrigante duque de Montpensier y de la Infanta María Luisa- fue un desastre -del que nacieron Alfonso, Ali, y Luis Fernando, el único miembro abiertamente homosexual de nuestra dinastía-, y acabó en una más que escandalosa separación legal en la Francia republicana. Por si fuera poco, unas memorias que resultaron dinamita para la pacata Corte de Alfonso XIII condenaron a Eulalia a una década de destierro y llevaron a que el Gobierno de la época incluso moviera cielo y tierra, sin éxito, para revocarle su dignidad de Infanta, que ella sin embargo pudo retener porque era un derecho de nacimiento constitucionalizado.
Genio y figura Doña Eulalia, personaje cuya leyenda no ha dejado de crecer con el tiempo. Un nieto suyo, el infante Álvaro de Orleans-Borbón y Sajonia-Coburgo-Gotha, se casó en plena guerra civil española en Italia con la rica Carla Parodi-Delfino. Y de este matrimonio nacieron cuatro hijos, incluido Don Álvaro, el menor de ellos.
Ingeniero y pudiente empresario, éste siempre ha formado parte del núcleo más íntimo del Rey Juan Carlos. Pero su anonimato saltó por los aires tras conocerse, en marzo de 2020, la existencia de cuentas offshore del Emérito en el extranjero, que condujeron a su salida de Zarzuela y a la expatriación en Abu Dabi. Porque Álvaro de Orleans era el propietario de Zagatka, la fundación residenciada en Vaduz (Liechtenstein) que durante 11 años venía pagando vuelos en exclusivos jets privados al padre de Felipe VI por un montante de más de ocho millones de euros. "No soy su testaferro", defendió siempre el primo leal sobre nuestro ex Jefe de Estado. "Creé la fundación para responder a un mandato de mi padre, quien me pidió que estuviera disponible para echar una mano a las familias reales cuando lo necesitaran. Lo hizo mi abuelo, lo hizo mi padre y quise hacerlo yo", relató en su día, sin demasiada credibilidad ante la escandalizada opinión pública.
UN "HOMBRE DE PAJA"
De él, Corinna Larsen, siempre dispuesta a meter el dedo en la herida del Rey padre, llegó a decir que era su "hombre de paja". Don Álvaro, apasionado piloto de vuelo (nacido en 1947 en Roma, igual que Don Juan Carlos), se casó con Giovanna San Martino d'Agliè dei Marchesi di San Germano -sobrina de quien se convertiría en la reina Paola de los belgas- en 1974. Tuvieron tres hijos antes de divorciarse. Mucho tiempo después, Álvaro de Orleans se uniría en segundas nupcias con la también italiana Antonella Rendina, mucho más joven que él, en una discreta ceremonia.
El bautismo de Eulalia, fruto de este segundo matrimonio, tuvo lugar en 2008 en Sanlúcar de Barrameda, la localidad gaditana con la que toda la estirpe está tan vinculada desde los tiempos de la Infanta Eulalia y su marido Antonio, un tarambana de cuidado, ya que su padre, el duque de Montpensier -cuñado de la reina Isabel II, aunque no le importó el parentesco en su intentona para derrocarla-, se hizo con enormes extensiones y propiedades en las provincias de Sevilla y Cádiz. En Sanlúcar se levantaron las Bodegas Infantes de Orleans y Borbón. Antonella Rendina, experta en literatura, procede igualmente de una acomodada familia de la región de Puglia, donde explotaron canteras de mármol.
"El Rey Juan Carlos es muy cariñoso, mi hija le ama", declaró sobre Eulalia en una entrevista que Antonella concedió a la revista francesa Point de Vue. "Los niños le quieren por instinto. En nuestra familia es especialmente venerado por su trabajo protegiendo a España y por su contribución al desarrollo de la democracia en los últimos cuarenta años".
Don Álvaro y Antonella, junto a su hija Eulalia, residen desde hace muchos años en Mónaco. El Principado es el lugar perfecto para disfrutar de su desahogada vida y donde poder codearse con la más alta nobleza europea. El descendiente de Isabel II está muy bien relacionado con Alberto II, el soberano de la Roca, y también con los duques de Castro, Carlos y Camila de Borbón-Dos Sicilias, que también residen en Montecarlo y organizan continuas fiestas para darse el pisto.
Cabe recordar que, poco después de su abdicación, en 2016 el Rey Juan Carlos fue homenajeado en un evento en el Hotel París de Montecarlo organizado justamente por su primo Álvaro de Orleans-Borbón y su esposa, al que asistieron numerosos representantes del Götha, como el príncipe Alberto, los reyes Simeón y Margarita de Bulgaria, los condes de París, los duques de Braganza, el príncipe Hans Adams de Lietchenstein, Guillermo y Sybilla de Luxemburgo, los duques de Castro, Ira de Fürstenberg o el príncipe Miguel de Grecia, entre otros.
Hoy, cuando todas las luces del Hotel Shangri-La se enciendan y la música comience a sonar cabrá preguntarse si la rebelde Infanta Eulalia se sentiría reflejada en su tataranieta, quien toma el testigo como nueva generación de la estirpe.





