LA LECTURA
Arte

El saber ancestral como nuevo lenguaje artístico: "Siempre hubo una falsa división entre artes mayores y menores"

El IVAM reivindica en la exposición 'A media lumbre' los materiales y técnicas históricamente relegados, para desdibujar la frontera entre arte y artesanía

Instalación de Noemi Iglesias Barrios, 'Donde se esconden las flores' (2026).
Instalación de Noemi Iglesias Barrios, 'Donde se esconden las flores' (2026).IVAM
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Cuando en 1919 Walter Gropius fundó la escuela de la Bauhaus, las mujeres estaban vetadas en buena parte de las instituciones académicas. La que estaba llamada a ser el símbolo de la nueva modernidad con su fusión de las artes y el diseño les abrió sin embargo la puerta. Aunque no del todo, porque el arquitecto alemán era de los que creía que las mujeres no estaban hechas para el pensamiento espacial. Así que mientras ellos se podían enfocar en la arquitectura, la escultura o la pintura, a ellas se las recondujo amablemente hacia trabajos más femeninos como el textil o la cerámica. Y sí, ellos pasaron a la historia. Ellas, ya se sabe.

Contra esa «falsa división entre artes mayores y menores» se levanta Blanca de la Torre, directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) de Valencia y comisaria de su última exposición, A media lumbre. Teresa Lanceta, Pilar Albarracín, Saskia Calderón, Susana Cámara, Andrea Canepa, Cecilia Vicuña, Lucía Loren... son algunas de las artistas mujeres que copan el cartel. ¿Casualidad en una muestra cuyo título remite al calor hogareño?

«No me interesa hacer exposiciones que sean puramente de mujeres, pero es cierto que han estado infravaloradas a lo largo de la Historia del Arte. Y son todos estos trabajos que tienen que ver con los textiles, las cerámicas o los saberes ancestrales los que han sido una preocupación de muchas mujeres artistas», reflexiona De la Torre. A media lumbre va de todo eso. De iluminar los materiales y conocimientos históricamente relegados. De la lana al barro, del bordado a la cerámica, del azulejo al esparto.

El esparto, por ejemplo, es para Ana Laura Aláez una extensión del cuerpo. Para Ricardo Calero, memoria. Para Adriana Meunié, el archivo vivo de nuestra relación con la naturaleza. Según la comisaria, todo se resume en la herencia. «No solo hablamos de la recuperación de tradiciones vernáculas, sino que ahí es donde radica la tesis de cómo estos conocimientos están directamente relacionados con el territorio y de cómo su preservación tiene que ver con la visión ecológica o ecocéntrica, presente en este proyecto».

Cuenta De la Torre algo de lo que se empapan las obras en esta exposición: «El esparto es un elemento esencial para evitar la desertificación y, sin embargo, las técnicas con este material cayeron en declive cuando aparece el plástico, con lo que desde entonces hay un deterioro ecológico claro». De nuevo, eran sobre todo las mujeres las que trabajaban el esparto, las que mantenían viva una tradición que no puede desligarse del territorio. A ese territorio y a esa memoria colectiva apela la exposición en Valencia.

De hecho, si algo busca la directora del IVAM es romper también con la idea de que «lo doméstico»puede entenderse desgajado de «lo natural», y viceversa. «Ambos están en diálogo constante. ¿En qué ámbito meteríamos si no a la cerámica?», se pregunta. En nuestro imaginario el azulejo aparece irremediablemente vinculado a entornos como la cocina -por cierto, ámbito considerado históricamente femenino-, cuando «la cerámica es realmente tierra y agua». La cerámica es -también- entorno natural.

Y la excusa de artistas como Javier Bravo de Rueda para desdibujar en su obra Suelo los límites entre arte y artesanía, entre objeto simbólico y objeto utilitario. O la de Noemi Iglesias Barrios, que rescata en Donde se esconden las flores un saber artesanal como fue la elaboración manual de estas piezas de porcelana para hablar de justicia ambiental a través del azul cobalto, un pigmento recuperado del desecho digital.

En este sentido, De la Torre reivindica la pertinencia de hablar de oficios, materiales y técnicas manuales a través del lenguaje del arte contemporáneo, de reinterpretarlos en un espacio museístico: «Estamos viendo cómo todas esas formas de patrimonio inmaterial permean y son la base de las prácticas artísticas contemporáneas. Es decir, que los lenguajes del arte contemporáneo son esenciales para preservar todas esas formas patrimoniales».

Pero que nadie se confunda. En este proceso de rescatar saberes no hegemónicos ligados al territorio no interesa en absoluto volver la mirada al pasado desde la nostalgia o el romanticismo. «Todo lo contrario», detalla De la Torre, «pues el valor de todos esos conocimientos está en entender el ahora, pero también en pensar en futuros posibles o futuros deseables».