A Jaime Bayly le van las parejas literarias. En su anterior novela, Los genios, daba cuerda a la relación cómplice primero y tormentosa después entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.
Dos años más tarde -ahora- incurre con una excelente novela en aquellos tres días de 2002 en que cerca estuvo de desaparecer políticamente Hugo Chávez por un catastrófico golpe de Estado. Con el título de Los golpistas (Galaxia Gutenberg) repasa esas tres jornadas carnavalescas y la figura tutelar y zorruna de Fidel Castro en medio de aquel pasacalles bufo y siniestro.
- Esta novela no puede tener mejor promoción espontánea, pero Venezuela es aún más encrucijada que entonces. ¿Cómo interpreta lo que ocurre ahí dentro y hacia dónde va?
- Tengo buenos informantes. A mi edad ya no me quedan amigos, sólo tengo fuentes. Los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, traicionaron a Maduro, negociaron con la CIA. En apariencia, tienen ahora todo el poder. Pero quien gobierna Venezuela no es Delcy, sino Marco Rubio, virrey o procónsul del emperador Trump. Es Rubio quien da órdenes a Delcy por teléfono (hablan todos los días, y en español), y es ella quien se apresura en obedecerlas, porque sabe que, si las ignora, verá a los helicópteros de la Fuerza Delta. A Trump no le interesa liberar a los venezolanos, lo que quiere es liberar el petróleo de ese país. Rubio quiere elecciones libres, pero en dos años, no antes. Así las cosas, si Trump y Rubio sostienen dos años en el poder a los pérfidos Delcy y Jorge Rodríguez, entonces María Corina debería pedirle a Trump que le devuelva la medalla del Nobel (que podría haber subastado en 100 millones de euros).
- El intento de expulsar a Chávez del poder en Venezuela, en 2002, fracasó en tres días. Este es el motor de 'Los golpistas'. ¿Qué sucedió?
- Es la gran pregunta: ¿por qué el golpe triunfó el primer día y fracasó tres días después? Chávez estaba preso, había renunciado, sólo rogaba que no lo matasen, que lo mandasen a La Habana. Pero el golpe fracasó. ¿Por qué? Porque los jefes golpistas, mórbidamente obesos, eran unos amateurs, unos improvisados. Sólo tenían una idea: capturamos a Chávez, lo obligamos a dimitir, lo encerramos en un calabazo. Luego se quedaron pasmados. No sabían qué carajos hacer. O sea, fueron improvisando. Y así les fue. Se pelearon entre ellos por minúsculas apetencias de poder. Fidel Castro los llamó y amenazó con matarlos a ellos y a sus familias. Y un empresario se juramentó como presidente y cometió el error de humillar a los golpistas. Peor todavía, un alto jefe militar, Baduel, se negó a plegarse a la conspiración y se propuso rescatar a Chávez. Lo logró.
- ¿Y cómo le agradeció Chávez?
- Tiempo después lo mandó a la cárcel y murió tras las rejas.
- En la novela propone definir qué es un golpe de Estado y qué justifica intervenir para reestablecer una presunta legalidad.
- En la novela todos son golpistas. Chávez es golpista: comandó un golpe contra un gobierno democrático y por eso estuvo preso. Se dirá que llega al poder elegido por el pueblo. Es verdad. Pero enseguida se convierte en dictador y dinamita la democracia. Entonces, cuando le dan el golpe fallido de 2002, Chávez ya era un dictador, un golpista serial. Pero quienes se sublevan contra él son también unos golpistas del carajo. Y quienes apoyan esa conspiración son todos golpistas: los curas, los empresarios, los periodistas. Lo que ocurre en abril de 2002 es que unos golpistas comunistas, Chávez y sus secuaces, son derrocados por unos golpistas de derechas, unos golpistas babosos, tontos, aficionados. Y Chávez y Fidel eran golpistas profesionales. Por eso Chávez, al tercer día, volvió al poder.
- Aunque el título sea plural, 'Los golpistas', en verdad el timón de la narración lo soporta Hugo Chávez, ¿con quién está más en deuda para lograr que su régimen se afianzase sin fisuras durante más de dos décadas?
- El gran golpista de la novela es Chávez, sí. Lo entrevisté en 1998, cuando era candidato presidencial. Lo invité a Miami. Quería venir con su familia y luego ir a Disney en Orlando, pero los gringos en Caracas no le dieron la visa. Cometieron un grave error. Le dijeron: "Usted es un golpista", que lo era, "y no le daremos una visa para entrar en los Estados Unidos". Por eso Chávez tenía un rencor profundo contra los gringos. Yo le hubiera dado la visa. Tal vez si conocía Disney con su familia, y si luego iba de compras a los malls en Miami, Chávez habría descubierto la superioridad moral del capitalismo sobre el comunismo. Pero los gringos fueron torpes y lo arrojaron a los brazos de Fidel Castro. Fidel necesitaba el petróleo venezolano. Cuando Fidel veía a Chávez, veía a un barril de petróleo. Por eso lo sedujo, lo atrapó en su telaraña, lo colonizó mentalmente.
- No parece una novela sobre ideologías, sino que su fuerza está en la representación de la codicia de poder desde la orilla de la ambición, del mesianismo, de la complejidad psicológica de quien se entrenó con empeño para tenerlo, al margen de creencias... ¿Es así?
- Exactamente así. Todos los golpistas de la novela, los de izquierdas y los de derechas, se mueven no por unas ideas y mucho menos por unos ideales. Lo que los excita para capturar el poder es la cruda ambición sin escrúpulos, el torpe afán de ocupar las sillas sintiéndose inmortales. Todos los golpistas fracasaron miserablemente porque eran unos miserables. En las peores horas del golpe contra él, ya prisionero, Chávez pensó que lo matarían, y a punto estuvieron de quitarle la vida. En ese momento, ya no quería preservar el poder, sino la vida misma. Pero los golpistas dudan. No saben si fusilarlo o mandarlo a La Habana. Y esa duda acaba por destruir la conspiración.
- La novela deja en suspenso la 'fantasía' de que el régimen de Chávez pudo no haber sido lo que fue.
- De acuerdo. Quien se juramentó como presidente, Carmona, hombre de negocios, aupado por los curas y los empresarios, también fue un golpista chapucero que improvisó un guion torpe. ¿Pudo rescatarse la democracia en ese momento? Yo creo que sí. Pero quienes asaltaron el poder entonces, como quienes lo ocupan ahora, no llevaban prisa para conducir al país a un gobierno legítimo.
- Y Fidel Castro es la voz del más allá, una suerte de oráculo de Delfos diletante. A veces un zorro, a veces un delirante.
- Fidel era eso mismo: la voz del más allá. Cuando llama por teléfono a los golpistas y los amenaza con matarlos uno a uno, los generales venezolanos sienten que está hablándoles un jefe superior, que están subordinados a Fidel. Y es que Fidel era un genio del mal, un dictador profesional. Fidel desactiva el golpe por teléfono y salva la vida a Chávez. Despluma a los golpistas como un zorro se come a las gallinas.
"Si Trump sostiene en el poder a los pérfidos Delcy y Jorge Rodríguez, María Corina debería pedir la devolución de la medalla del Nobel"
- ¿Cómo califica la entrada de la fuerza militar de EEUU en Venezuela para la captura de Nicolás Maduro?
- Cojonuda. Espectacular. Lo único bueno que ha hecho Trump. A Maduro había que capturarlo y someterlo a la justicia. Y en Venezuela no hay justicia. Y los venezolanos solos no podían derrocarlo. Hizo muy bien Trump en mandar a la Fuerza Delta. Lástima que no se llevaron también a Cabello y Padrino. Lo bueno es que Cabello y Padrino están aterrados. Y cuando sabes que tu enemigo siente miedo es un buen comienzo para negociar con él.
- ¿Qué impresión le merece la reciente visita de José Luis Rodríguez Zapatero a Delcy Rodríguez?
- Zapatero es un arlequín sin gracia, un bufón de la corte chavista. Ha corrido a Caracas porque el FBI arrestó a los testaferros de Maduro, es decir a Alex Saab y Raúl Gorrín, quienes saben al detalle los pagos por debajo de la mesa que Zapatero ha recibido por servicios de consultoría al régimen autocrático de Maduro. Zapatero tiene miedo de que Saab y Gorrín sean extraditados a los Estados Unidos, lo que va a ocurrir, y que ellos, en el juicio contra Maduro, que habrá de durar un año por lo menos, se presenten como testigos privilegiados, y a cambio de obtener beneficios penitenciarios canten ante la justicia todo lo que saben de las corruptelas de Maduro y su familia; y de paso canten también todos los beneficios monetarios que Maduro, vía Saab, vía Gorrín, le procuró a ese insidioso enemigo de la libertad que es Zapatero.
- ¿La Casa Blanca tuvo que autorizar su visita a Delcy Rodríguez en Caracas?
- Hasta donde sé, no. Zapatero tenía unos compromisos con los chinos esos días en Madrid. No consultó a Rubio si debía viajar a Caracas. Viajó atropelladamente tan pronto como se enteró de que el FBI había capturado en sus mansiones a Saab y a Gorrín.
- ¿Qué papel cree que jugará la oposición en la nueva e insólita Venezuela?
- Con suerte, habrá libertad de prensa y la oposición podrá expresarse sin miedo. Pero eso está por ver. A Trump le gusta entenderse con los malos. No tiene una agenda ética en Venezuela ni en ninguna parte. Trump respeta a quienes detentan el poder y lo ejercen con crueldad. Probablemente respeta más a Delcy que a María Corina, solo porque aquella es malvada y esta es bondadosa.
- Tras la sonrojante servidumbre con la entrega de la medalla del Nobel a Trump, ¿tendrá Machado algún papel relevante o de momento ha cumplido su 'misión'?
- No debió darle la medalla del Nobel a Trump. No debió decir que Trump merecía el Nobel más que ella. Trump no merece el Nobel. Es un matón. Me temo que María Corina se arrepentirá la vida entera de haberle dado esa medalla. Y si no hay elecciones en Venezuela este año ni el próximo, y Trump sigue elogiando a Delcy, María Corina comprenderá que Trump no será un aliado en la causa de la libertad, la democracia y los derechos humanos, algo que ustedes, los europeos, saben muy bien.
- Después de dos últimas novelas sobre dúos, ¿no le pide el cuerpo algo sobre tríos?
- Ya mismo veo el trío: Zapatero y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. No los une el amor, sino el espanto. El espanto a la Fuerza Delta. Y a mirarse en el espejo.
Los golpistas
Galaxia Gutenberg. 240 páginas. 19,50 ¤ Ebook: 12,99 ¤





